Del fútbol al footy

Recuerdo que en mi época escolar -y supongo que en la mayoría de colegios del Perú sucede lo mismo- el deporte favorito de todos era el fútbol, o la versión miniatura del mismo, el fulbito. Por ahí había uno que otro que practicaba básquetbol o atletismo, de eso no pasaba. Estudié en un colegio de hombres (San Antonio del Callao) pero estoy casi seguro de que en los colegios mixtos o de mujeres, la mayoría de las niñas practicaba vóley y uno que otro deporte no tan popular (no sé si jugar liga o jaxes es un deporte, así que mejor dejémoslo ahí).
¿A qué viene todo esto? No sé si mis compatriotas peruanos en el exterior habrán vivido lo mismo, pero para mí fue verdaderamente impresionante descubrir la manera en que el deporte ocupa una parte importante dentro del ciudadano promedio de Melbourne. Para comenzar, aquí no hay un deporte que esté por encima de los otros (tal vez el fútbol australiano o AFL o “footy”, del que hablaré más adelante). Todas las disciplinas tienen más o menos una temporada definida según el calendario anual y por lo general las personas practican más de una actividad física.A diferencia del Perú, donde todos quieren ser Claudios, Foquitas o Natalias, aquí los chicos sueñan con convertirse en el próximo Shane Warne (estrella del cricket y uno de los mejores “bowlers” –tal vez el mejor– del mundo), Ian Thorpe (conocidísimo por la natación) o Layne Beachley (creo, ocho veces campeona del mundial de surf), aunque últimamente los jóvenes quieren ser parte de los socceroos debido al relativo éxito en el mundial de Alemania 2006 (por cierto, el 99% de los australianos piensa que les robaron el partido frente a Italia en los cuartos de final). Por último, hay una gran cantidad de gente a la que no le interesa ser famoso ni ganar grandes competencias y solo practica deporte por amor al mismo.
Melbourne es una ciudad que respira deporte por todos sus rincones, y la prueba es la cantidad de eventos que ha recibido en los últimos meses (mundiales de natación y tabla, Grand Prix de Fórmula 1 y motociclismo, tenis, etc.). Además, Melbourne es la ciudad sede de ocho de los dieciséis clubes de fútbol australiano (o footy), donde cada club representa al equivalente de un distrito en el Perú.
A diferencia de nuestro campeonato (que en promedio lleva dos mil personas al estadio), cada partido de fútbol australiano lleva unos cincuenta mil espectadores por fecha al MCG de Melbourne (el principal estadio de la ciudad), y ni qué decir cuando se juega el equivalente a un clásico: la asistencia supera los ochenta mil espectadores y hay una gran fiesta. Hay también una liga de soccer. Personalmente ese término no me parece apropiado para el fútbol, pero lo usaré para diferenciar. La liga no es de lo mejor pero igual llena estadios.
Finalmente, durante el año que llevo por acá se realizaron dos maratones con una participación de treinta mil personas en cada una. Es increíble ver la cantidad de gente en los parques de Melbourne yendo a correr o caminar, o saber de gente que antes de ir a trabajar sale a manejar bicicleta o a nadar. Lo bueno de todo esto es que uno se contagia del espíritu deportivo de la gente. Por lo menos, a mí me contagió.
Sin embargo, si bien el deporte es salud, hay que tener cuidado cuando se practica cosas a la que uno no está acostumbrado. Les digo esto porque en mi primera semana en Melbourne, los chicos del college donde vivo me invitaron a que forme parte de su equipo de fútbol australiano (no porque sea bueno, sino porque en el college de veterinaria el 90% son chicas y necesitaban gente). Resulta que en mi tercer toque de balón, caigo al suelo junto al rival, me levanto y uno de mis dedos miraba a un lado contrario a los otros. Luego me entero que el dedo estaba dislocado y que es una lesión muy común en footy y que normalmente los que juegan se enderezan el dedo en el acto y siguen jugando. Como dicen acá: “It’s because you are a soccer player / es que eres un jugador de soccer”, que se traduce en que los que juegan soccer somos quejones y nos tiramos al piso a cada rato, je, je, je.
En el Perú siempre jugué fútbol. Nunca fui un superdotado, así que asumí que no podía ser como Maradona o Van Basten. Es más, ni siquiera era como Villamarín (disculpe usted, señor futbolista, pero es que ahora es popular). Era un jugador cumplidor y nada más, sin embargo me las arreglé para ganarme un puesto en el equipo de la Universidad de Melbourne y otro en un equipo que formamos con los amigos del laboratorio en el que hago mis investigaciones con parásitos para jugar un torneo local de indoor soccer. Aún recuerdo el primer día que fuimos a jugar. Estábamos ganando y yo tenía la pelota cuando de pronto uno de los del otro equipo me dice: ”what the f..k are you doing here?… Go back to Brazil!”. El tipo estaba muy molesto pero eso al final era un cumplido para mí.
Finalmente, como el destino es caprichoso y los peruanos lo somos más, terminé emparejándome con una deportista. Nunca se me cruzó por la cabeza que mi enamorada iba a ser fondista de 3000, 5000 y 10000 metros y además que participaría en torneos de equitación.
Para cerrar y he aquí el mensaje, creo que en el Perú deberían incentivar más el deporte, y me refiero específicamente a los colegios. Muchos de nosotros no tuvimos la oportunidad de escoger un deporte hecho a nuestra medida y así tal vez perdimos unos cuantos talentos. Recuerdo que en secundaria éramos 240 en el mismo año y solamente había un equipo de fútbol y uno de básquetbol. Si sumamos los integrantes de ambos, tenemos 35 personas, ¿y el resto? Siempre es bueno hacer barra, pero de vez en cuando hay que ser protagonista ¿no creen?.
César Jayashi
Melbourne, Australia

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