Mi vida en el Congo

Salí del Perú en mayo del 2007 con una maleta llena de ilusiones y pensando en el primer trabajo que tendría en el extranjero. ¿Cómo sería trabajar fuera del país? ¿Estaría a la altura de las expectativas? La verdad es que tenía miedo. Luego de haber estudiado medicina en Lima, y de realizar posteriormente un posgrado en el Instituto de Medicina Tropical Príncipe Leopoldo en Amberes, Bélgica, siempre deseé trabajar en el campo humanitario en países del tercer mundo.
Supongo que ustedes dirán ¿pero el Perú no es acaso un país del tercer mundo? (digamos en vías de desarrollo, suena mejor según los expertos). Sé que en este punto se generaran diversos comentarios: están los que piensan que los pocos profesionales formados deberían quedarse a trabajar en el país y los que creen que deben aprovechar la oportunidad que se les da para desarrollarse como debe ser, pero en el extranjero. Es un punto delicado.
Esa pregunta me la planteé mil y una veces, hasta que cansada del maltrato y de recibir casi nada por varios años de estudio integro (no tenía seguridad social, no estaba nombrada y no tenía la certeza de llegar algún día a tener algo mas serio que un trabajo sin un contrato de por medio), tomé una decisión.
Médicos sin Fronteras (oficina en Bélgica) me dio la oportunidad de hacer lo que siempre soñé. Lograr que me aceptaran no fue fácil. Tuve que pasar por un proceso de selección con 7 francófonos en Bruselas (terrible, se me trababa la lengua), pero lo hice con éxito. Para mí fue difícil de creer que yo había sido una de las seleccionadas, sin embargo, cuando menos me di cuenta, ya estaba embarcada en el avión que me llevaría a mi primera misión… en el Africa mía

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