Construyendo en California

Vine a Estados Unidos en mayo del 2007 para hacer un internship ( prácticas) en ingeniería civil por un período de un año. Siempre quise sacarme el clavo de regresar a este país y no tener que trabajar en un puesto forzoso porque simplemente no me gusta la rutina de estos tipos de trabajos y porque mi contextura física no me ayuda mucho. Digo que quise sacarme el clavo porque hice este tipo de labores en el 2004 por intermedio de estas agencias de intercambio que suelen aparecer en las universidades limeñas para traer estudiantes a este país, lógicamente, previo pago por adelantado.
El hecho es que en el 2006 termine mi carrera de ingeniería civil (con la chapa de “Puma” Carranza, porque no quería dejar la “U”) y me fui a trabajar a los Andes peruanos en una municipalidad provincial. La oficina era normal si la comparamos con los estándares de la zona, es decir, tenía 2 computadoras para 8 ingenieros. Lo que me gustaba era salir al campo, construir en las comunidades, conversar con quechuablantes y compartir tiempo y logros mediante mi trabajo en equipo con ellos. Construyendo canales para llevar el agua a las comunidades sentía que los pobladores beneficiados y los trabajadores involucrados me miraban y me trataban con mucho respeto, pero nunca me gustó que me dijeran “Ingeniero” porque me gusta que me llamen por mi nombre, no por mi profesión. Lo cierto es que entre aventuras y aventuras tuve que regresar a Lima desempleado porque el Alcalde de aquel municipio no salio reelecto y porque sentí que mi ciclo en ese lugar ya había acabado.
Es así que me concentré en la meta de regresar a los Estados Unidos y trabajar en mi profesión, pero la única forma de hacerlo era mediante prácticas, sin embargo, me decidí y ya me falta poco para terminar el año. Estoy trabajando como ingeniero civil pero sin licencia para firmar planos ni informes, y acabo de matricularme en un curso sobre sismología e ingeniería estructural en UC Berkeley.
Mi inglés es suficientemente bueno para dialogar con ingenieros y arquitectos gringos y hacerles cumplir sus proyectos arquitectónicos. En la consultoría en la que trabajo nos dedicamos a la ingeniería estructural y antisísmica, y debido a eso fue que en el último terremoto en Pisco me puse a pensar qué diablos estoy haciendo aquí. En mi oficina entraba todos los días a la página web de El Comercio y veía lo terrible que había sido todo, y a la vez seguía diseñando y haciendo cálculos sísmicos para la gente de California, un lugar en el que también ocurren terremotos pero no de manera tan seguida e intensa como en el Perú.
Siempre tomé todo esto por el lado positivo y me decía que estaba aprendiendo y ganando experiencia internacional, pero después empecé a cuestionarme sobre mi carrera. Creo que mi profesión en este país es para hacerle la vida más confortable a la gente. Aquí ya todo esta construido, mientras que en el Perú me siento mejor construyendo obras civiles para gente que necesita. Otro pensamiento que todavía tengo en mi mente es la barbarie que hace Estados Unidos con el medio ambiente. California es el estado más rico en los Estados Unidos pero es también uno de los que más contamina. Una cosa es que te lo comenten y otra que lo mires, así que me puse a pensar que tal vez debo especializarme en ciencias ambientales y regresar al Perú. No quiero que los nevados se sigan derritiendo y que gente de las comunidades en los Andes se quede sin agua. En los próximos meses voy a visitar Europa para ver si es tan social como dicen, pero tengo claro que regresaré al Perú, trabajaré en las montañas y comeré rico.
En cuanto a vida social y las amistades, debo decirles que yo veo a los americanos como si también fueran inmigrantes. No los identifico con su tierra y no tienen un pasado cultural vivo. Partiendo de ese punto, nunca tuve problemas en sociabilizarme ni sentirme minoría poblacional latina. Si embargo, no puedo criticar mucho a los Estados Unidos porque, al fin y al cabo, gracias a esta experiencia de vivir aquí me he dado cuenta de lo que quiero hacer en el futuro y de lo que me gusta y no me gusta.
Vivo con una familia americana muy simpática y de mente abierta, y he viajado a muchos estados dentro de USA. Debo decir que respeto su forma de vida en general, pero no la comparto. No me gusta la dependencia a manejar, tampoco el consumismo y sobre todo, no me gusta la comida americana. pero sí debo resaltar que es una tierra de oportunidades para todo tipo de personas. Lo que valoro más es que veo poco racismo o discriminación si lo comparamos con ciudades como Lima o Río de Janeiro por poner ejemplos. No defiendo la raza indígena ni la afroperuana, solo describo una situación que es real y muchos limeños no se dan cuenta porque están acostumbrados.
He aprendido también que no debo adelantar opinión o tener prejuicios cuando se habla de personas de otras nacionalidades. Hay mucha gente que piensa que los mexicanos son lo peor y que dan mal ejemplo a los latinos en USA, pero la verdad es que hay de todo. Sin embargo, pero me pregunto qué sería del Perú si compartiera una frontera con Estados Unidos.
Mi conclusión:
Estoy terminando este período y me siento satisfecho con el rendimiento que tuve profesionalmente. Como me dice mi jefe, ahora hay ingenieros y arquitectos americanos que saben que en el Perú también se construye bien, y lo más importante, sin facilidades tecnológicas. Pero la principal moraleja es esta: Nunca digas nunca. De estudiante dije que nunca quisiera trabajar en el área de sismo y estructuras, es mas, salía desaprobado, ahora, y sin querer queriendo, me convertí en un capo en el tema, pero muy tarde, ahora me gustan las ciencias ambientales.
Agustín Costilla (Estados Unidos)
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