No todos los logros en la vida son materiales

Llegué hace 8 años a Estados Unidos con una valija llena de ganas de triunfar, mucha ambición y repitiendo lo mismo que dicen todos…
Empecé vendiendo joyas de oro de 14 kilates en las joyerías hispanas en Miami. Me casé y fui a vivir a Manhattan, donde el inglés se hacía indispensable. Estudié Administración de Negocios en un college de la comunidad a fin de hacer progresos con el idioma y al mismo tiempo obtener el diploma que me podría servir después para transferir los créditos a la universidad.
Al mudarme a NYC continué con lo de las joyas pero cada vez se hacía más difícil competir, así que decidí dedicarme a vender artesanía peruana. Esto fue de casualidad, mi esposo había comprado muchas cosas en el Perú y las tenía en cajas ocupando espacio en el apartamento, así que un día decidí venderlas y así empece un nuevo y lucrativo negocio con nuestras artesanías.
Un par de años después, mi tranquilidad y salud emocional empezaron a deteriorarse debido a la depresión y cambios constantes de humor en mi esposo, se hacía insoportable la convivencia. Mi entusiasmo, mi eterno buen humor, mi dedicación y mi ambición por lograr todo lo que anhelaba se fue apagando poco a poco. Sus constantes e insoportables subidas y bajadas de animo eran una impredecible nube gris. Nada lo hacía feliz, todo estaba mal, odiaba a todo el mundo, era un antisocial y yo me convertí en lo mismo; me alejé de la familia y me fue imposible hacer amigos. Criticar mis acciones se convirtió en su deporte favorito y todo lo que yo hacía simplemente estaba mal. El dinero entonces dejó de tener sentido. A pesar de que logramos comprar una casa para empezar nuestra vida soñada, la tuvimos que vender porque no nos poníamos de acuerdo en nada. Si no hay amor y armonía en el hogar, el dinero no tiene sentido.
Por suerte, mis hijos están bien y les encanta su vida aquí. Estoy muy orgullosa de ellos y me hace feliz verlos felices. Ellos se han adaptado divinamente, están en las mejores escuelas y las diferencias que yo tengo con mi esposo no afectan la salud emocional de ellos, ambos tenemos sumo cuidado con ese tema. Él los adora, y eso es increíble y maravilloso después de todo. Es un padre para sacarse el sombrero.
Le di a mi esposo el control del negocio para que hiciera las cosas a su modo y evitar así sus ataques de mal humor y sus tristes episodios o arranques de ira y mala onda en el ambiente familiar. Ahora las cosas están más calmadas y todo este tiempo solo soy un ama de casa; eso no estaba en mis planes, sin embargo, estoy contenta porque estoy disfrutando de mis hijos más que nunca, solo que creo que si sigo así por mucho tiempo, voy a entrar al grupo de las amas de casa desesperadas.
Estos últimos 3 meses pasé mi tiempo leyendo muchos libros y sobre todo, los blogs de El Comercio, además, necesitaba distraerme y reconectarme con mi país y mi cultura. Ha sido renovador y muy divertido, pero al mismo tiempo creo que me volví obsesiva. Llegué a leer todos los blogs, incluyendo los comentarios, y esto me sirvió de terapia. Es como tener al amigo que uno necesita para desahogarse cuando más se le necesita.
Entre tantos libros de autoayuda que leí, descubrí que uno puede encontrar paz y armonía cuando la mente, el cuerpo y el alma están conectados, y también aprendí a dejar que la energía fluya pacifica y armoniosamente dentro de mí a través de la meditación y la lectura. No fue necesario ir al Tíbet ni a la India ni al Cusco para encontrar esa paz que tanta falta me hacía, y es así que emprendí un nuevo objetivo: ayudar a mi esposo a superar su depresión.
NYC es una ciudad que te da todo y que también te lo quita si no encuentras un balance emocional. Mi esposo se volvió depresivo hace 20 años. Él invirtió su dinero en el Perú, vendió dos edificios que tenía en Manhattan para poder hacer inversiones en nuestro país y el desastroso final lo mandó a la quiebra. No tienen idea del odio que sentía por los peruanos. Años después, cuando me conoció y conoció a mis pequeños, cayó rendido, nos casamos y no paraba de llorar porque siempre había soñado tener todo listo para cuando tuviera una familia y ahora no tenía dónde llevarla, excepto un pequeño apartamento rentado que usaba para dormir mientras trabajaba comprando y vendiendo apartamentos.
En el Perú, mi esposo perdió el dinero que había acumulado con mucho sacrificio y esfuerzo, pero en retribución, ganó una linda familia. No ha sido fácil, tampoco lo es ahora, pero nada es tan bello como encontrar armonía y tranquilidad espiritual en el hogar. Después de todo, el secreto del éxito no solo tiene que ver con los bienes acumulados ni con los logros alcanzados, sino también, con llevar una vida en paz, llena de amor y armonía
https://www.youtube.com/user/Huancaina27
En este link verán a mi hijo cantando en el coro de su escuela. La canción habla de construir un puente para alcanzar la paz, el amor y la armonía entre todos los seres humanos. Es lo único que necesitamos y no sé por qué nos complicamos tanto tratando de alcanzar otras cosas. Ahí donde ustedes notan que se mueve la cámara es porque no aguanté el llanto y la mano me empezó a temblar.
Marlene Ronan, Estados Unidos
* Todos los interesados en publicar una historia en “Yo también me llamo Perú” pueden enviar sus artículos y fotos a los siguientes correos: editorweb@comercio.com.pe y jortiz@comercio.com.pe

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