Mi madre anciana, ¿mejor en el Perú o en el extranjero?

Recuerdo que cuando tenía casi 5 años, mis padres tenían fuertes discusiones con relativa frecuencia. Pero hubo una en la que él se llevó una maleta. Después de esa vez, nunca supe más de mi padre hasta cuando yo fui un adolescente. Pero mi madre nunca nos habló mal de él, al contrario, siempre nos dijo que era una persona honesta, trabajadora y responsable. Sin embargo, para mí y mis hermanos José y Marco, mi padre nos abandonó cuando teníamos 5, 3 y 2 años respectivamente.
Las estadísticas estaban en contra de nosotros. Una mujer con primaria completa, con 3 hijos varones menores de 5 años y sin trabajo, terminaría en la miseria y con los hijos como posibles delincuentes. Pero mi madre, que siempre fue luchadora desde su infancia, ya sea cuando tuvo que ayudar a su madre a cuidar a sus 5 hermanos pequeños o cuando tuvo que ayudar a sus padres a empezar un negocio de venta de panes y productos agrícolas, decidió enfrentar este nuevo reto con la frente en alto. Mi madre empezó un negocio de restaurante y como buena negociante, eligió muy bien el local, cerca del paradero de carros de transporte. Al año siguiente, yo empecé el primer grado de primaria en un colegio estatal donde los profesores no asistían y mis nuevos amigos me enseñaron a escapar del colegio a vagabundear. Un día encontré el lugar donde mi madre guardaba su dinero y saqué el billete con mayor valor, creo que fue de 500 soles antiguos. Cuando fui a la tienda por algunos dulces, la dueña, que conocía a mi familia y sabía de nuestra situación, me llevó donde mi madre para ver si ella me había dado esa cantidad de dinero. Eso no le gustó a mi madre y se enteró de las actividades a las que me dedicaba en lugar a ir al colegio. Allí es donde quizás tomó una de las mejores decisiones, especialmente en ese momento en que estaba muy ocupada con el negocio: me sacó del colegio estatal y me puso en un colegio privado religioso.Mis nuevos amigos no jugaban en las calles y me invitaban a sus casas donde tenían padres y madres que les enseñaban cosas académicamente muy interesantes. Claro, también había padres que, como mi madre, eran comerciantes. Gracias a la relación que establecí con mis nuevos amigos conocí la primera computadora, donde Lucho y yo programamos muchos juegos muy divertidos. Eso despertó en mí el interés por la ingeniería electrónica, que ahora es mi profesión. Lo mismo ocurrió con mis hermanos que felizmente tenían amigos con muchos intereses académicos, que era todo un contraste con los amigos del barrio, que no tenían muchas aspiraciones por no habérseles expuesto a otras actividades que no fueran el comercio y la diversión.
Mi madre trabajaba de lunes a domingo y muchas veces, cuando yo no podía dormir, me despertaba a las 3 o 4 de la mañana e iba al restaurante que estaba cerca. La encontraba cortando verduras o carne, limpiando la cocina o preparando nuestra lonchera. Ella abría el restaurante a las 5 de la mañana para el desayuno y cerraba a las 11 de la noche cuando los últimos borrachitos se iban a casa. De los 5 a los 11 años creo que nunca vi a mi madre ir a dormir o despertarse. Para mí, mi madre nunca dormía, siempre trabajaba. Cuando yo tenía 11 años, mi madre cambió su restaurante a otra parte de la ciudad y ya no vendía desayuno, yo le ayudaba cuando tenía tiempo, era el cajero o atendía como mozo, más tarde mis hermanos harían lo mismo y tomaríamos turnos para ayudarle después del colegio o en nuestras vacaciones.
A los 17 años me fui a Lima a estudiar en la universidad y sabía que la vería muy poco. Terminé la carrera y decidí regresar a Cusco para ver qué podía hacer por mi madre, trabajé como ingeniero en una de las pocas empresas que me permitía desarrollarme profesionalmente en Cusco, y arreglé su departamento para darle más comodidad. Un año después, sin embargo, mi interés en conocer tecnología de punta en mi carrera hizo que me fuera becado a España para hacer un Master y quizás un PhD, y me dio mucha pena dejarla sola otra vez, ya que mis hermanos estaban estudiando en universidades en Lima. Después de algunas aventuras mías, ahora radico en Carolina del Norte, Estados Unidos, y tengo una vida relativamente acomodada. Después del Master en Madrid tuve que empezar de cero en Nueva York. Como todo inmigrante, trabajé en restaurantes y estudié inglés, nada complicado después de ver cómo mi madre surgió al ser abandonada con tres hijos.
Para hacer esta historia de mi madre más corta, voy a contar los últimos acontecimientos.
Ella tiene 72 años y en julio de este año fui a visitarla a Cusco. Esta vez la veía después de 1 año y me di con la sorpresa de que le costaba mucho hacer actividades pequeñas como ir de compras o cocinar, y a veces no podía expresarse bien, me miraba a los ojos desorientada y perdida por un largo rato sin decir nada, como pidiéndome sin saber cómo.
La llevé a Lima para que la vean los médicos, pero lamentablemente me tuve que regresar a Estados Unidos antes de tener un diagnostico. Mi hermano menor me indicó luego que los médicos (geriatra, neurólogo y psiquiatra) piensan que ella tiene principios de Alzheimer y requiere vivir con ayuda. Ella es residente permanente de Estados Unidos desde hace 3 años, por lo que tiene que venir por lo menos una vez al año a visitarme. Esta vez lo hará en octubre con uno de mis hermanos.
Aquí va mi dilema y pregunta para ustedes que viven en el extranjero y tienen a vuestros padres en el Perú. ¿La traigo conmigo a Estados Unidos y, como trabajo todo el día, la pongo en un “Nursing home” (casa con enfermeras) cerca de mi casa y la recojo todas las tardes para cenar juntos? ¿La dejo en su departamento en Cusco con una enfermera calificada? ¿La trasladamos a Lima con una enfermera calificada cerca de mis hermanos? ¿Qué han hecho ustedes con vuestros padres ancianos? ¿Podrían recomendarme algún doctor en el Perú? Si quieren contactarme más allá del foro de este post, pueden hacerlo a p2psonrie@gmail.com
Carlos Salinas, Estados Unidos
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