Nuestro idioma: la mejor herencia para nuestros hijos

Hace un tiempo se publicó un post de cómo los peruanos adquieren el acento del país en el que residen, sea Chile, Argentina, España, etc., lo que me parece en cierta manera natural después de alguna prolongada estadía; que lo diga sino cualquiera que haya tenido que mudarse a Arequipa, Piura o Iquitos y que seguramente adquirió modismos o regionalismos en su manera de hablar. Pero yo quería ir un poco más allá.
En los casi cuatro años que vivo en Canadá he tenido la oportunidad de conocer gente de diversos países y culturas, y he podido apreciar también cómo comunidades de inmigrantes de Polonia, por poner un ejemplo, se esfuerzan por conservar su cultura y su idioma, transmitiendo enseñanzas, costumbres y valores a sus hijos por esa vía.
Sin embargo, veo también un fenómeno bastante frecuente, triste y lamentablemente con mayor incidencia entre peruanos. Niños de padres hispanohablantes que no hablan castellano o que lo hablan muy mal, siendo los únicos culpables de semejante situación sus padres, quienes por dejadez, ignorancia o huachafería permitieron semejante error (u horror).
Por ejemplo, conocí a un chalaco que se enorgullece al escuchar a su hijo de ocho años maltratar el castellano y comentar con una sonrisita en la cara: “¿lo escuchaste? Ya habla como gringo, ¿no?”, como si por fin hubiera podido matar al peruano que lleva dentro.
Conocí también a un limeño que, con un inglés patético (por la mala pronunciación y la pobre gramática) y mezclado con castellano, le llamaba la atención a su hija de nueve años. “C’mon Mariela, quién hizo todo este mess, you gotta limpiarlo right now!” le decía a la niña, entre otras barbaridades más. La niña no hablaba ni pizca castellano. Al preguntarle por qué su hija no hablaba nuestro idioma, me contestó con la misma sonrisita del caso anterior (que disimulaba muy mal su orgullo por semejante situación): “es que ella ya perdió el español”, diciéndolo con una mezcla de falsa resignación y cierta satisfacción por la meta cumplida.
Alguna vez me crucé con alguien que me contó que cuando se fue de vacaciones con la familia a Arequipa tuvo que pedirles a sus padres y hermanos que hablen en inglés con sus hijos porque ellos no hablaban castellano. El resultado fue totalmente predecible, los niños de doce y ocho años no pudieron disfrutar de sus abuelos, ni de los demás miembros de la familia, ni del viaje. Fueron las vacaciones más aburridas que han tenido y, por supuesto, no quieren regresar más. Nadie los entendía y ellos no entendían a nadie.
Una situación mucho peor me tocó vivir cuando tuve que ir al consulado peruano para preguntar por unos documentos que quería mandar al Perú. Dos mujeres de edad indefinida, quizá en la treintena, ambas peruanísimas –una de ellas con un niño de unos diez años– estaban en la pequeña salita de espera. Estaban hablando entre ellos en inglés. Cuando una de ellas se fue, tuve oportunidad de cruzar algunas palabras con la que se quedó, la que cuidaba al niño. Tenía apenas año y medio en Canadá, hablaba en “spanglish” y preguntaba a cada rato cómo se dicen algunas palabras en español.
A veces trato de convencerme de que son casos aislados pero veo similar situación en compatriotas provenientes de diversos niveles socioculturales del Perú. ¿Cómo podremos transmitir nuestra riquísima herencia cultural si no es a través de nuestro idioma? ¿Con qué derecho podemos privar a nuestros hijos de sus raíces o de su identidad?
Es un fenómeno que estoy seguro no ocurre solamente acá en Canadá, sino también en Estados Unidos, Italia, Alemania, en fin, donde quiera que se hable un idioma diferente al nuestro. Espero este post llegue a la conciencia de todos los peruanos que vivimos en un país en el que no se habla castellano e inculquemos a nuestros hijos nuestra cultura y nuestras costumbres, que vienen de la mano de nuestro idioma.
(*) No me refiero como nuestra cultura al “ya pe choche” o al “oe compare”, ser peruano va mucho mas allá
Carlos Somocurcio, Canadá
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