Una rara noche musical en Lima

Foto: Archivo El Comercio
Como muchos, salí del Perú en la adolescencia. Cuando tenía 15 años mi familia decidió irse a Uruguay. Hace dos semanas regresé a mi querida Lima, y como toda chica de 25 años decidí darme una vuelta con mi novio y unas amigas por la noche limeña. Lima es un monstruo, una urbe grandísima, movida, la gente no para y la diversión es increíble, hay discotecas para todos los gustos, para los que les gusta ver chicas producidas y para los que les gusta el ambiente relajado, tragos mutantes y tragos típicos que te hacen mutar. A mí me encanta la música, especialmente la música en vivo, por eso amo ir a bares y locales donde tocan grupos. Me di muchas vueltas por Barranco, que es la cuna musical de grupos nuevos, y la pasé bien, solamente eso, la pasé bien. Por lo general hacen música en inglés y cantan canciones lentas o ritmos que se prestan solo para mirar al grupo cuando el vocalista habla. No vi nada fuera de lo normal, mis noches musicales en Lima no pasaban de 4 puntos, o sea, de bandas que hacían más de lo mismo (así hay muchas en Montevideo) y me sentía medio decepcionada de la movida amateur limeña… hasta que pasó algo extraño.
La noche de mi último sábado en Lima cambió mi manera de divertirme con una banda en vivo (me motivaron a escribir esto). Por esas cosas de la vida, estaba con mi novio y mis amigas Paty y Luchi (mis incondicionales) en Miraflores, con ganas de comer unos churros en el Manolo –con mis padres siempre iba ahí cuando era chica– y a una cuadra del restaurante vi mucha gente entrando a un local que se llama Bar Elemental. Nos acercamos a la puerta para ver qué pasaba y el pibe de seguridad me dijo que era un bar, que había música en vivo y que era el debut de una banda. Ya que musicalmente hablando Barranco fue un fiasco para mí, decidimos subir para ver qué onda en Miraflores. El bar andaba repleto, le pregunté a los de la barra si la banda era conocida ya que ver tanta gente en un sitio para escuchar un grupo me pareció raro. La respuesta me sorprendió: “son nuevos, recién tocan y creo que es la primera vez que lo hacen en público”.
El ambiente era de mucha algarabía y expectativa, aunque, seamos sinceros, más del 50% de la gente eran amigos de los miembros de la banda. Lo cierto es que todos andaban muy emocionados. Nos ubicamos casi atrás pero mi curiosidad por escuchar al grupo era grande, no se por qué pero presentía que iba a ser una noche diferente. Ya con un par de vasos de pisco y unos piqueos, y siendo casi medianoche, la gente comenzó a aplaudir y gritar, la banda había subido al pequeño escenario, eran 6 chicos, uno más nervioso que el otro, pero todos con harta actitud, tenían pinta de grupo alternativo, o sea, esperaba algo de rock noventero en inglés, mi experiencia en Barranco así me lo hizo creer.
Antes de seguir quiero aclarar que no sé quiénes son ni soy amiga de ellos (sé que puede haber gente malintencionada que así lo piense) pero quiero confesarles que ¡¡ME ENAMORÉ!!, me enamoré de ellos, más que del tema musical me enamoré de su actitud, de su alegría, de un no sé qué contagioso que me hizo saltar. Sé que era una bar pero ellos me transportaron a un megaconcierto divertido. Era un grupo de amigos que se divertía tema a tema, esa noche me hizo borrar la imagen aburrida de los otros 6 grupos que vi en mi estancia en Lima. Era una mezcla de rock, ska y reggae que no se ve mucho por estos lares, y hubo varios temas de los Fabulosos Cadillacs, algo de cumbia-rock, Autenticos Decadentes, Turf, Pericos y hasta Enanitos Verdes. Ellos me hicieron sonreír y ver que acá en Lima hay buena música y grupos que te pueden animar una noche.
La onda fue in crescendo, me dieron más ganas de tomar y la alegría siguió desbordándome. No quiero exagerar, pero estuve extasiada, ese grupo de desconocidos me estaba dando una lección. Pese a no ser unos virtuosos y a cometer muchos errores, contagiaban y entusiasmaban. Lima me hizo sonreír y me hizo saber que aún hay grupos de amigos que se juntan solo para divertirse y esa diversión la trasladan al público, especialmente el percusionista y el bajista. ¡¡¡NO PARABAN DE SALTAR!!! y sonreír (un beso para los dos, ojalá lean esto).
Esta breve historia está dedicada a todos esos chicos que se paran en un escenario con la única consigna de divertirse, no de ganar plata ni fama. Creo que como ellos hay miles en Lima pero aún les falta ese animo y ese apoyo para pararse en el escenario. Como les comenté, me hubiera gustado encontrar más grupos como ellos y no tanto grupito que se encasilla en una onda más rockera y con mucha copia a grupos gringos (que también tienen sus seguidores pero no es mi onda). Tal vez fui a los sitios incorrectos, pero la casualidad me llevó a conocer a estos 6 pibes que tal vez en la única presentación de sus vidas (ojalá sean más) revivieron la onda ska-rock-diversión que a muchos nos gusta (no todas somos rockers).
Me olvidaba de un pequeño gran detalle, lo único que sé de ese grupo es que se llama La Esquina. Y desde ahora les digo: Ya tienen una fan. Me regreso a Montevideo muy contenta.
Rosa Elvira P., Uruguay
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