Por José Antonio Bragayrac

Podemos ser optimistas y ver el vaso medio lleno frente a un rival como El Salvador que, sin desmerecer, apetecía como el sparring perfecto para hacer notar al Perú de Jorge Fossati con un nivel propio de una selección de jerarquía. O por lo menos no como una selección peruana que gane con las justas. En ese esfuerzo por apilar buenas noticias es que aparece el nombre de Edison Flores como la personificación máxima de la esperanza y Joao Grimaldo con pequeños chispazos de alegría. El ‘Orejas’, que hace buen tiempo se reinventó en la posición de delantero, volvió a recordarnos que esa aleación de experiencia y talento, aunque sea a cuenta gotas, basta para marcar la diferencia. En especial frente a un oponente cuyo registro en ataque fue nulo. Si había un equipo frente al cual era posible concentrar los esfuerzos en generar juego ofensivo a través del pase pensado y cortito, ése era el cuadro centroamericano. Pero que el partido acabe con la tribuna del Subaru Park pidiendo a gritos el ingreso de Christian Cueva -quien no pisa una cancha hace ocho meses- es la evidencia más concreta de qué tan listo llega este equipo a la Copa América.

Conforme a los criterios de

Trust Project
Tipo de trabajo: