Invertir en la resiliencia de la naturaleza es invertir en la resiliencia de la economía, sostiene Elsa Galarza. (Foto: GEC)
Invertir en la resiliencia de la naturaleza es invertir en la resiliencia de la economía, sostiene Elsa Galarza. (Foto: GEC)
Elsa Galarza

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Los tendrán repercusiones de largo plazo para las empresas, el gobierno y las personas. Por ello, es necesario tomar decisiones que no solo impliquen volver a encender los motores de la economía, sino también diseñar un crecimiento económico más resiliente.

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La pandemia está asociada con problemas ambientales globales como la pérdida de biodiversidad, el cambio climático, la contaminación de aire y agua, y la gestión no eficiente de residuos sólidos. Además, científicos preveen que el mundo enfrentará más situaciones de este tipo en el futuro.

En este contexto, ¿cómo estamos pensando la en el país? Por lo pronto, se sustenta en volver a activar los sectores económicos más importantes. Sin embargo, vemos con preocupación que algunos sectores como el turismo, actividades culturales, comerciales y gastronómicas enfrentan el problema de la concentración de personas, lo que nos acerca al riesgo de una segunda ola de contagios.

El estímulo económico y los planes de reactivación que otros países de la región y del mundo están implementando tienen el potencial de crear una reactivación verde e inclusiva, que debemos mirar con atención. La reactivación verde crea oportunidades para generar ingresos, empleos, y crecimiento; y al mismo tiempo, permite acelerar la acción de los objetivos ambientales de mediano y largo plazo.

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¿Cuáles son las estrategias que nuestro país podría implementar en una reactivación verde? En primer lugar, se debería favorecer el transporte limpio, la , la economía circular, es decir, el reuso, reaprovechamiento y reciclaje de bienes, y las energías renovables. Todo ello reduciría la contaminación del aire, permitiría usar menos materiales vírgenes, y se generarían oportunidades de energía limpia y de bajo costo en zonas que carecen de este servicio. Estas acciones se hacen imprescindibles en las ciudades, que albergan el 76% de la población nacional y en donde se han reportado el 90% de fallecidos por COVID-19.

En segundo lugar, la necesidad de recuperar el empleo de más de dos millones de personas, tanto en áreas urbanas como rurales, encuentran en la reactivación verde una posibilidad que puede traer beneficios de largo plazo. Los programas de empleo pueden incluir la restauración de ecosistemas, la reforestación de zonas vulnerables a derrumbes, la construcción de infraestructura natural en las riberas de los ríos, la limpieza de cauces para evitar mayores daños en la época de lluvias, el control de especies invasoras, entre otras. Estas actividades son intensivas en mano de obra, lo que permitiría dar empleo temporal masivo. En las áreas urbanas el reciclaje podría ser una actividad muy difundida, en la que la mano de obra femenina es predominante.

La comunidad internacional ha puesto a disposición una serie de fondos de apoyo para este tipo de proyectos: el UK Green Recovery Challenge Fund o el EU Green Deal – Horizon 2020, que pueden servir de apoyo para apalancar inversión pública y privada. Aire limpio, agua saludable, gestión efectiva de residuos y protección de biodiversidad no solo reduce la vulnerabilidad de la sociedad a las pandemias, sino también incrementa la resiliencia, tiene potencial de generar reactivación económica, ingresos, empleo y reducir desigualdad. Invertir en la resiliencia de la naturaleza es invertir en la resiliencia de la economía.