Por Leonardo Ledesma Watson

Cuando me enteré de que a Julio Cortázar le gustaba el jazz, me puse a escuchar jazz. Es más, sólo ponía a Charlie Parker y, aunque me sonasen igualitas todas las canciones, dejaba corriendo el programa, descargando cuanta música pudiese del Ares para luego aglutinarla en carpetas en las que también se colaban los troyanos, los archivos maliciosos y los virus.