En la playlist de "Delirio" encontramos desde composiciones originales hasta clásicos (Foto: Netflix)
En la playlist de "Delirio" encontramos desde composiciones originales hasta clásicos (Foto: Netflix)

La semana pasada llegó a Netflix , una serie que no solo adapta la novela de Laura Restrepo, sino que también la traduce en imágenes, silencios y música. En sus ocho episodios, “Delirio” nos arrastra al colapso emocional de Agustina, una mujer envuelta en traumas familiares, romances marcados por la violencia y una lucha interna contra la cordura. Pero más allá del guion, hay un elemento que guía al espectador por este laberinto: la música.

LA LISTA DE CANCIONES DE LA SERIE DE NETFLIX “DELIRIO”

1. “Soy una nube”

Desde el primer episodio, la serie deja en claro que cada canción no es solo un fondo sonoro, sino una pista narrativa. Elia y Elizabeth Fleta Mallol abren la historia con “Soy una nube”, una pieza melancólica de 1972 que aparece cuando Agustina, en versión universitaria, entra en escena.

Aparentemente una canción inocente, se convierte en un espejo emocional de la protagonista: una nube que vuela entre el deseo de reír y el impulso de llorar. No es coincidencia que esta melodía regrese en el episodio cinco, cuando la tía Sofía la reproduce en una escena íntima y transgresora con Carlos, el padre de Agustina.

2. “Caliente caliente”

Este patrón —la música como eco emocional— se repite en uno de los momentos más tensos de la serie: “Caliente, Caliente”, de Raffaella Carrà. En la sala de los Londoño, “El Bichi”, el hermano de Agustina, baila con libertad frente a su familia al ritmo de esta canción vibrante.

Pero su expresión de alegría es interrumpida brutalmente por una bofetada de su padre. Lo que parecía una escena luminosa se convierte en el retrato de una represión familiar. Cuando la escena retoma cuatro episodios después, las máscaras caen: “El Bichi” enfrenta a su padre con pruebas de su hipocresía, mientras la música de Carrà resuena como un grito de libertad.

3. “Dulcito e’ coco”

En medio del caos y las heridas familiares, “Delirio” también ofrece momentos de ternura. Uno de ellos es acompañado por “Dulcito e’ coco” de Vicente García, una canción suave, caribeña, con alma de son cubano.

Es el telón de fondo del primer momento de intimidad real entre Agustina y Fernando. Desayunos compartidos, miradas dulces, besos de domingo. Pero esta felicidad es efímera. La canción —alegre en ritmo, nostálgica en letra— anuncia una separación emocional que ya ha comenzado. “Yo extraño el saborcito a coco que sé que hay en tu mirar” dice el coro, anticipando un final en el que lo que se extraña no es a la persona, sino a quien esa persona solía ser.

4. “Alas rotas”

“Alas rotas”, interpretada por Juan Pablo Vega, cierra cada episodio con una nota melancólica. Es una canción que bien podría resumir toda la serie: la mirada de un hombre que ama a una mujer que se le escapa entre los dedos. Es Fernando hablando sin hablar, observando a Agustina desde la impotencia, queriendo repararla pero comprendiendo que no puede. “Pero vuelve a ti”, canta Vega. No es una súplica para que vuelva a sus brazos, sino a sí misma. Es, quizás, el himno de los que aman a alguien con dolor mental.

OTRAS CANCIONES A DESTACAR

Pero “Delirio” no solo se apoya en la nostalgia o la tristeza. También celebra, irónicamente, momentos de euforia que esconden grietas. “Oye cómo va” de Tito Puente suena cuando Agustina y Fernando se casan. La escena parece feliz, coronada por la frase repetida “bueno pa’ gozar”, pero hay un dejo de ironía en usar esta canción en una relación que se irá desmoronando poco a poco. El goce no basta cuando el amor lucha contra los fantasmas del pasado.

La banda sonora también arroja luz sobre personajes secundarios que marcan a Agustina. En su relación con Midas —el enigmático amante del pasado— suena “Sin poderte hablar”, de Willie Colón. Una salsa dolorosa sobre un amor roto por la incomunicación. Aunque en la escena vemos a Midas abriéndose a Agustina, la canción advierte lo que viene: una conexión que, por más intensa que sea, está condenada por la falta de diálogo emocional.

Cada tema musical de “Delirio” funciona como un subtexto que guía al espectador. En lugar de subrayar lo que ya vemos, revela lo que los personajes no pueden decir: lo reprimido, lo perdido, lo deseado. La curaduría musical está cargada de significado, hilada con la misma precisión que los silencios o los gestos contenidos que abundan en la serie.

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SOBRE EL AUTOR

Periodista con experiencia en redacción y creación de contenido digital. Soy licenciado de la Universidad Jaime Bausate y Meza. Trabajé en medios de comunicación y agencias de marketing. Experiencia también como fotógrafo en campos deportivos.

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