Ingrid García-Jonsson interpreta a Yurena en la serie "Superestar" (Foto: Netflix)
Ingrid García-Jonsson interpreta a Yurena en la serie "Superestar" (Foto: Netflix)

Si terminaste , es probable que estés tan confundido como hipnotizado. Y es que , inspirada libremente en la vida de Yurena (sí, María del Mar Cuena Seisdedos, para los más puristas), es todo menos convencional. Desde el primer episodio, entendí que no era solo una biografía disfrazada de sátira pop, sino también un viaje por la mente de una artista fracturada, con un guion que combina el surrealismo, el absurdo, y una sensibilidad que rara vez se ve en productos de este tipo.

El desenlace, por supuesto, no podía ser diferente. En lugar de cerrar la historia con una nota clara y directa, la serie opta por explotar del todo su estructura antológica y fantástica, enfrentando a Marimar (la “versión alternativa” de Yurena) con la estrella pop que nunca fue. Pero ¿qué significa realmente este final? ¿Fue todo un sueño, una metáfora o simplemente una provocación sin moraleja? Bueno, déjame contarte lo que yo interpreté.

En esencia, el capítulo final se centra en el encuentro —más emocional que físico— entre Marimar y Yurena, las dos caras de la misma moneda. Marimar representa lo que pudo haber sido: una mujer que decidió no lanzarse al estrellato, que eligió una vida rutinaria, gris, como recepcionista en una fotocopiadora. Yurena, en cambio, es la versión que todos conocimos: estrafalaria, caótica, y decidida a conquistar la fama a cualquier costo. La serie muestra cómo, tras la muerte de Margarita (la madre de Marimar), se abre un portal entre sus mundos. Literal y metafóricamente.

Aquí es donde la historia toma un giro tremendo, dependiendo de cómo lo mires. Marimar cruza al universo de Yurena para experimentar esa vida que dejó pasar. Y lo hace no solo por nostalgia, sino por una necesidad profunda de validarse. Sin embargo, lo que comienza como un escape se convierte en una confrontación entre sus deseos y sus miedos más profundos.

"Superestar" es la miniserie que narra la historia de una estrella española llamada Yurena (Foto: Netflix)
"Superestar" es la miniserie que narra la historia de una estrella española llamada Yurena (Foto: Netflix)

EL FALSO INTERCAMBIO DE VIDAS

Mientras Marimar juega a ser Yurena en el mundo del espectáculo, la verdadera Yurena también cruza de dimensión y se instala en la vida monótona de Marimar. Lo interesante es cómo cada una, al vivir la existencia de la otra, se enfrenta a su propia fragilidad. “Superestar” usa este intercambio no para confundirnos, sino para ilustrar ese deseo tan humano de escapar cuando las cosas van mal. Yurena, por ejemplo, ya no era esa diva que todos seguían. Su carrera estaba en declive y su mánager, Gregorio, ya no la entendía. Su contraparte, en tanto, creía que había desperdiciado su talento.

Ambas experimentan momentos de “iluminación” mientras habitan la vida ajena. Yurena se da cuenta de que la estabilidad no necesariamente es sinónimo de felicidad. Y Marimar redescubre su hambre de ser vista, de ser escuchada. Es una crítica feroz al sistema que castiga tanto a quienes persiguen la fama como a quienes renuncian a ella.

En "Superestar", Ingrid García-Jonsson interpreta a Yurena (Foto: Netflix)
En "Superestar", Ingrid García-Jonsson interpreta a Yurena (Foto: Netflix)

LEONARDO DANTÉS Y LAS CUENTAS PENDIENTES

Uno de los momentos más íntimos del final tiene que ver con Leonardo Dantés. Su dinámica con Yurena (o Marimar haciéndose pasar por ella) no solo sirve para cerrar un capítulo emocional, sino también para mostrarnos que las heridas del pasado no siempre se sanan con un abrazo. Leonardo rechaza retomar la colaboración porque ya no puede cargar con el peso emocional que eso conlleva. Aquí, la serie nos recuerda que perdonar no siempre significa volver atrás, y que algunas puertas deben cerrarse, aunque cueste.

Y sí, ese extraño personaje sombrío que ronda a Leonardo puede interpretarse como Dante, su álter ego. Otro espejo más dentro de esta narrativa de dobles y reflejos. Así como Marimar y Yurena representan posibilidades opuestas, los dos personajes masculinos a los que hago mención nos muestran las consecuencias de negar partes de uno mismo por demasiado tiempo.

EL MENSAJE DETRÁS DEL REGRESO

Al final, Marimar comprende que su rol no es robarle la vida a Yurena, sino ayudarla a recordar por qué empezó en primer lugar. Le habla sobre Margarita, sobre el sacrificio de una madre que creyó proteger a su hija negándole el escenario. Ese diálogo es el clímax emocional del final: no se trata solo de redención, sino de aceptación. Cada una decide volver a su mundo, y lo hace con una nueva perspectiva. La vemos ofrecer un show con el espíritu de su madre a su lado, como si finalmente hubiese encontrado el equilibrio entre el caos y el amor que tanto le faltaba.

Más allá de portales, multiversos o vidas paralelas, “Superestar” nos habla de reconciliar lo que fuimos con lo que somos. Y de no permitir que el dolor o el fracaso nos definan.

Ahora bien, te estarás preguntando: ¿todo esto pasó literalmente? ¿De verdad viajaron entre dimensiones o era todo un recurso visual? La respuesta más honesta que puedo darte es: no importa. En el universo de “Superestar”, lo fantástico y lo real conviven sin pedir permiso. Lo importante es el efecto emocional que deja. Como cuando Yurena flota sobre la Vía Láctea o se enfrenta a los recuerdos oscuros de su pasado con Arlekin, Paco Porras y Tony Genil. Todo eso es parte del mismo caos mental, el mismo mundo quebrado que esta miniserie tan valiente se atrevió a explorar.

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SOBRE EL AUTOR

Bachiller en Periodismo de la Universidad Jaime Bausate y Meza. Con siete años de experiencia en medios de comunicación escritos, tanto en ediciones impresas como digitales. Actualmente redacto para el Núcleo de Audiencias del Grupo El Comercio.

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