
Nicola Shaw, una profesora de 38 años de Manchester, jamás imaginó que un simple sensación de hormigueo en su mejilla izquierda cambiaría su vida. Tras regresar de un viaje a la Antártida, comenzó a sentir esta extraña sensación que en un principio atribuyó al estrés; sin embargo, el malestar se extendió a su nariz, ojo y cabeza, volviéndose tan intenso que, en ocasiones, se desplomaba por el dolor.
“Era tan intenso que me paraba en seco, dejándome desplomada, agarrándome la cabeza con agonía”, contó Nicola según el medio New York Post.
Un amigo le recomendó ir al médico, y tras una consulta, la remitieron a un neurólogo. Aunque pensó que era una reacción exagerada, aceptó hacerse una resonancia magnética en un hospital privado de Chicago.
“Dudé, pensando que era innecesaria y exagerada. Al final cedí, sin esperar lo que me esperaba”, recordó.

El escáner reveló un meningioma, un tumor en una zona peligrosa, cerca del tronco encefálico y del nervio óptico izquierdo. “Me negué e insistí en que se habían equivocado de persona, pero la verdad era evidente en los escáneres”, señaló.
Le dijeron que necesitaba cirugía. Por suerte, el padre de un alumno suyo era neurocirujano en el hospital donde la habían remitido y la ayudó a agilizar el proceso: “Me explicó que mi tumor era un nueve sobre diez en cuanto a dificultad para extirparlo, y que sólo el 2% de los casos se encuentran en esta localización”.
Fue así como, en abril de 2023, se sometió a una operación de 10 horas en el Hospital Northwestern de Chicago.
La cirugía fue exitosa, pero el proceso de recuperación fue complicado. Nicola sufrió visión doble, pérdida de memoria y dolor de mandíbula. A los tres meses, los médicos notaron que el tumor había vuelto a crecer seis milímetros, y en octubre ya había aumentado 17 milímetros en total. Su cirujano no tenía explicación para el crecimiento, pero recomendó radioterapia con bisturí de rayos gamma.

“El procedimiento Gamma Knife fue el peor día de mi vida”, dijo la británica. “Pedí tantos analgésicos como me permitió el personal y esperé a que pusieran a prueba mis miedos a las agujas y a los espacios reducidos”.
El procedimiento fue extremadamente doloroso. “Tuvieron que insertarme cuatro tornillos en la cabeza, anestesiando cada zona con tres inyecciones por tornillo. El dolor era insoportable y yo gritaba y suplicaba que pararan”, recordó.
En el último tornillo, le cortaron el párpado, dejándole un ojo morado y una cicatriz. “Una vez colocado el armazón, pasé dos horas completamente inmovilizada, con la cabeza atornillada a la mesa, mientras la radiación hacía su trabajo”.
Después de meses de recuperación y terapia, Nicola decidió enfocarse en ayudar a otros. Ahora, un año después de la radioterapia, su tumor está estable y se ha propuesto un gran desafío: recorrer 50 kilómetros por el desierto del Sáhara en marzo de 2025 para recaudar fondos para la investigación de tumores cerebrales.

“Después de una operación cerebral, radiación e innumerables escáneres, no puede ser peor que lo que ya he pasado”, aseguró.
Carol Robertson, de Brain Tumour Research, elogió su valentía: “Estamos increíblemente orgullosos de Nicola por haber asumido un reto tan extraordinario y estamos asombrados de su resistencia”.
Ahora, Nicola espera que su historia ayude a generar conciencia sobre la gravedad de los tumores cerebrales y la falta de financiación en su investigación.
“Me enfurece saber lo poco financiada que está la investigación de esta enfermedad. Está matando a mucha gente y los que sobreviven tienen problemas de por vida y se preocupan por su futuro”, declaró.
Cuáles son los síntomas de un meningioma
Un meningioma es un tumor que se origina en las meninges, las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal. Aunque la mayoría de los meningiomas son benignos y de crecimiento lento, pueden causar problemas al ejercer presión sobre el tejido cerebral o los nervios cercanos. Los síntomas varían según la ubicación del tumor y su tamaño.
Según Mayo Clinic, los síntomas comunes de un meningioma pueden incluir dolores de cabeza, cambios en la visión (como visión doble o borrosa), pérdida de audición, pérdida del olfato, debilidad en las extremidades, convulsiones y cambios en la personalidad o el comportamiento. En algunos casos, los meningiomas pueden no causar ningún síntoma, especialmente si son pequeños y de crecimiento lento. La detección temprana y el tratamiento adecuado son fundamentales para prevenir complicaciones graves.











