
La madrugada de este miércoles, el cielo de Estados Unidos se tiñó de colores sorprendentes: luces verdes, violetas y rosadas se extendieron desde el norte hasta el sur del país. Las auroras boreales pudieron verse incluso en estados tan al sur como Florida, algo que ocurre solo durante episodios solares excepcionales.
Días atrás, los meteorólogos habían advertido sobre la llegada de una tormenta solar intensa, provocada por eyecciones de masa coronal (CME), es decir, explosiones de plasma y partículas cargadas lanzadas desde el Sol hacia el espacio.
Estas erupciones no solo producen espectaculares destellos en el cielo, sino que también pueden causar interrupciones temporales en las comunicaciones y en la red eléctrica.

Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), durante la madrugada se registró el punto más alto de la tormenta geomagnética, que alcanzó el nivel G4 en una escala de 1 a 5, considerada una categoría severa.
Los expertos confirmaron que la Tierra fue impactada por dos de las tres eyecciones solares detectadas en los últimos días.

El fenómeno se sitúa dentro del ciclo solar de 11 años, cuyo punto máximo está ocurriendo actualmente. En esta fase, el Sol se vuelve más activo, sus polos magnéticos comienzan a invertirse y las erupciones se vuelven más frecuentes e intensas.
Gracias a esto, las auroras se volvieron visibles en lugares inesperados de Estados Unidos como Kansas, Mississippi o Nueva Inglaterra.
La ciencia detrás de las auroras boreales
Pero ¿por qué se forman las auroras boreales? Estas luces se producen cuando partículas cargadas del viento solar chocan con la atmósfera terrestre, especialmente con los gases que se concentran en las capas superiores, como el oxígeno y el nitrógeno.
Al colisionar, estas partículas liberan energía en forma de luz, generando los tonos verdes, rojos y violetas que iluminan el cielo nocturno.
Normalmente, las auroras se observan en las regiones cercanas a los polos, donde el campo magnético de la Tierra atrae estas partículas solares; sin embargo, durante tormentas solares fuertes, el impacto es tan grande que el campo magnético se distorsiona y permite que las auroras sean visibles en latitudes mucho más bajas, como ocurrió esta semana.

Estos espectáculos naturales pueden tener efectos negativos. Más allá de su belleza, las tormentas geomagnéticas pueden alterar los sistemas eléctricos, afectar las comunicaciones por radio, GPS y satélites, e incluso interferir con el control del tráfico aéreo. En casos extremos, pueden generar apagones o dañar redes eléctricas completas.
Según la NASA y la NOAA, este período de alta actividad solar se mantendrá al menos hasta finales de este año y es probable que las auroras boreales vuelvan a aparecer en los próximos meses.
Aunque los expertos no pueden predecir con precisión cuándo ocurrirá la próxima tormenta, monitorean constantemente la actividad del Sol para emitir alertas con días de anticipación.
Hasta entonces, los observadores podrán seguir disfrutando de uno de los fenómenos más fascinantes de la naturaleza.
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