
En una entrevista reciente brindada al periódico británico The Times, la doctora de la NASA Kelly Fast, quien ocupa el cargo de responsable interina de Defensa Planetaria, reconoció que en la actualidad no existe una forma inmediata de detener un asteroide si representara una amenaza inminente para la Tierra. Su colega, la doctora Nancy Chabot de la Universidad Johns Hopkins, admitió que la idea de no contar con una respuesta rápida es algo que “la desvela por las noches”.
Aunque suele hablarse de los asteroides como una amenaza para la supervivencia humana, los científicos aclaran que ese escenario extremo es muy poco probable.
La Tierra no ha sido golpeada por un objeto capaz de extinguir a los dinosaurios desde hace unos 65 millones de años. Los registros del sistema solar tampoco indican que nuestro planeta haya tenido una suerte excepcional en comparación con Marte o la Luna.

Además, las películas suelen exagerar el riesgo. En la ficción, los cometas suelen ser los grandes villanos, pero en la realidad la mayoría de los impactos provienen de asteroides del sistema solar interior.
Si existiera uno lo suficientemente grande como para acabar con la humanidad y con una órbita peligrosa, lo más probable es que este ya hubiese sido detectado. Por lo tanto, la posibilidad de un cometa letal en el próximo siglo es extremadamente baja.
La preocupación real de los expertos se centra en los llamados “asteroides asesinos de ciudades”. Estos cuerpos, aunque no provocarían una catástrofe global, podrían causar una devastación enorme si impactaran en una zona poblada. La probabilidad de que caigan en el océano es mayor y solo los más grandes generarían tsunamis con alcance peligroso.

Según el portal IFLS, actualmente se conocen miles de asteroides de más de 100 metros de diámetro que se mueven cerca de la Tierra y, aunque ninguno está en curso de colisión inmediata, no todos han sido identificados. Casos recientes demuestran que aún hay muchos por descubrir, lo que refuerza la idea de que la vigilancia constante es clave.
Fast resume su trabajo con una frase clara: “Encontrar los asteroides antes de que ellos nos encuentren”. La misión DART demostró que, con suficiente anticipación, es posible desviar un asteroide alterando ligeramente su trayectoria. El problema es que no existe una nave similar lista para despegar si mañana se detectara una amenaza real.
Para mejorar la detección, la ciencia está a punto de dar un gran salto. El Vera Rubin Observatory, gracias a su amplio campo de visión y sensibilidad, permitirá identificar muchos más objetos potencialmente peligrosos en los próximos años. Aun así, tendrá limitaciones y no podrá ver todo.

Pese a estos avances, muchos expertos coinciden en que el riesgo de los asteroides suele ocupar más espacio en nuestra imaginación que en la lista real de amenazas. Terremotos, desastres climáticos y otros problemas tienen consecuencias mucho más probables y cercanas.
Lo cierto es que, por ahora, la vigilancia del cielo sigue siendo importante, pero no necesariamente el motivo principal para generar alarma.
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