
El paso del cometa interestelar 3I/ATLAS despertó un gran interés en la comunidad científica desde su detección. Su origen fuera del Sistema Solar lo convierte en un visitante extraordinario, por lo que diversos equipos de investigación dedicaron meses a calcular con precisión su trayectoria y su destino final. Gracias a ese trabajo, ahora es posible entender mejor cómo se desplazará el objeto en los próximos años.
Con ese objetivo, científicos de Europa y Estados Unidos combinaron la información recopilada por diversas sondas y bases de datos especializadas.
La Agencia Espacial Europea (ESA), por ejemplo, logró mejorar la predicción de la posición del cometa en un factor de 10 utilizando observaciones enviadas por la sonda ExoMars Trace Gas Orbiter (TGO), que actualmente orbita Marte.

Por su parte, la NASA empleó datos del JPL Small-Body Database y del sistema HORIZONS para integrar la órbita y proyectar la evolución futura de 3I/ATLAS.
Según estas estimaciones, el 19 de diciembre de 2025 el cometa alcanzará su punto más cercano a la Tierra, situándose a unos 1,8 UA, casi el doble de la distancia entre nuestro planeta y el Sol. Meses después, el 16 de marzo de 2026, se espera que pase relativamente cerca de Júpiter, a tan solo 0,36 UA, lo que permitirá obtener más referencias sobre su trayectoria.
Tras estos encuentros, los astrónomos coinciden en que 3I/ATLAS seguirá avanzando sin regresar. Durante el 2026 continuará su recorrido en una órbita hiperbólica, lo que implica que se alejará de nuestro vecindario cósmico y volverá al espacio interestelar.

Aunque su desplazamiento pueda asociarse a constelaciones como Virgo o Leo, no se dirige hacia ninguna estrella en particular; simplemente se perderá en la vastedad de la galaxia siguiendo una trayectoria rectilínea.
Actualmente, la misión JUICE de la ESA también está observando al cometa. Aunque la nave se encuentra más alejada de 3I/ATLAS que los orbitadores de Marte hace unas semanas, está realizando mediciones justo después de su máximo acercamiento al Sol, un momento en el que el cometa muestra mayor actividad.
La ESA anticipa que los datos recogidos por JUICE no estarán disponibles hasta febrero de 2026, debido a la distancia y al tiempo necesario para transmitir la información.

La agencia recuerda la importancia de mejorar la detección de objetos difíciles de observar.
“No debemos confiar únicamente en que las naves espaciales se encuentren cerca de objetos difíciles de observar que podrían representar una amenaza – concluye la ESA –. Por lo tanto, estamos preparando la misión Neomir para cubrir el punto ciego que el Sol crea para las observaciones de asteroides, ya que su intenso brillo eclipsa el tenue resplandor de un asteroide o cometa. Neomir se ubicará entre el Sol y la Tierra para detectar objetos cercanos a la Tierra que provengan de la dirección del Sol al menos tres semanas antes de un posible impacto con la Tierra”, señala la organización.
Para los científicos, cometas interestelares como 3I/ATLAS representan una oportunidad única para estudiar materiales provenientes de otras regiones de la galaxia, lo que serviría para entender la composición química y las condiciones de formación de otros sistemas estelares.
¿Por qué se dice que el objeto interestelar 3I/ATLAS podría ser “mucho más” que un simple cometa?
El cometa 3I/ATLAS es objeto de especulación debido a una serie de características altamente inusuales que desafían las explicaciones convencionales.
En primer lugar, es un objeto interestelar, el tercero conocido, lo que significa que se originó fuera de nuestro Sistema Solar y está de paso. Sus anomalías incluyen una aceleración no gravitacional excepcionalmente grande que no puede justificarse completamente por la desgasificación normal del hielo (el “efecto cohete”), lo que requeriría una pérdida de masa inverosímil.

Además, su composición química es atípica, mostrando niveles inusuales de dióxido de carbono y níquel frente a otros elementos, sugiriendo que se formó en un entorno químico muy distinto y con una antigüedad estimada de hasta 7000 millones de años o más, siendo más viejo que el propio Sistema Solar.
Todo lo anterior, sumado a su inusual impulso extra, la ausencia de una gran nube de gas que justifique la aceleración, o el chorro de material (anticola) apuntando hacia el Sol, llevaron a algunos científicos, como el astrofísico Avi Loeb, a considerar hipótesis más especulativas, planteando que estaríamos ante una estructura de origen artificial o tecnológico, como una “nave nodriza” o algún tipo de sonda. Esto ha sido descartado por la mayoría de expertos, quienes consideran el suceso como algo natural, aunque bastante extraño.
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