
A veces uno cree haberlo visto todo, pero luego aparece un caso que te deja sin palabras. No hablo solo como periodista, sino también como ser humano, como hombre, como alguien que no puede entender cómo el amor, o lo que algunos creen que es amor, puede transformarse en una tragedia tan atroz. El asesinato de Sugerys Ramírez, madre de dos hijos, en un apartamento del barrio Cypress Hills, Brooklyn, en Nueva York, no solo fue brutal, sino también premeditado. Y aunque su asesino, Lashawn Duffie, ya ha sido sentenciado, el dolor que dejó sigue presente.
En Nueva York, la violencia doméstica se ha vuelto parte de un patrón repetitivo y cada vez más inquietante. Según cifras oficiales, se reportan a diario más de 700 incidentes relacionados con este tipo de violencia. Pero lo que pasó con Sugerys sobrepasa cualquier estadística. Es un caso que nos rompe por dentro y que debe seguir siendo contado, porque callarlo sería también ser cómplice del silencio que tantas veces mata. Además, debe ser informado para evitar que más mujeres o personas en general sigan siendo víctima de atroces hechos.
EL CRIMEN: VIOLENCIA, FUEGO Y TERROR
Todo ocurrió en la madrugada del 11 de noviembre de 2022. Según la Fiscalía del Distrito de Brooklyn, Duffie entró de forma ilegal al apartamento donde vivía su exnovia, la ató a una silla, la roció con líquido para encendedores y le prendió fuego. Sugerys murió quemada viva. Imagínate por un momento el terror que pudo haber sentido. Nadie merece un final así.
La razón detrás de este acto espeluznante fue, según él, que ella le había destruido unos cómics. ¿Puedes creerlo? Esa fue la excusa de Duffie para cometer uno de los actos de violencia de género más crueles que se recuerden en Brooklyn. Las cámaras de seguridad lo captaron comprando cuerdas, líquido inflamable y un encendedor minutos antes del ataque. Todo planeado, todo calculado.
LA CAPTURA DEL ASESINO
Después de cometer el crimen, Duffie intentó borrar las pruebas. Fue visto arrojando una camisa, documentos con el nombre de la víctima y un encendedor a un contenedor de basura cercano. Pero no le sirvió de nada. Dos meses más tarde, en los primeros días de 2023, la policía de Nueva York (NYPD) logró arrestarlo.
La Oficina del Médico Forense (OCME) determinó que Sugerys murió por “quemaduras térmicas severas y violencia homicida”. Un informe que no deja lugar a dudas: fue un asesinato despiadado. Con pruebas sólidas y un historial de violencia, el caso fue tomando forma hasta llegar a los tribunales.

LA SENTENCIA: UNA JUSTICIA QUE NO ALIVIA
El pasado mes, Lashawn Duffie, de 30 años, se declaró culpable y fue condenado a entre 38 años de cárcel y cadena perpetua. El fiscal de distrito, Eric Gonzalez, lo describió como “un acto de violencia doméstica calculado y despiadado”. Y tiene toda la razón. Fue un feminicidio con todas las letras, y uno de los más brutales que hemos tenido que reportar en Brooklyn en los últimos años.
Esta sentencia, aunque justa, no devuelve a Sugerys, pero al menos representa una respuesta firme del sistema judicial. Un mensaje claro para quienes aún creen que pueden ejercer control y violencia sobre una mujer sin consecuencias.
Lo más duro de todo esto es que Sugerys no es la única. Si te pones a revisar los últimos años en Nueva York, hay docenas de casos similares. Desde Harlem hasta El Bronx, mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas: Shanice Young, Jessica Hoyle, Celina Ramos, por solo mencionar algunas. Todas con historias de vida truncadas por la violencia.
Y en muchos de estos casos, hay niños de por medio. Hijos que presenciaron los crímenes o que se quedaron sin madre de un día para otro. Es una epidemia silenciosa que sigue cobrando vidas mientras gran parte del país mira hacia otro lado.
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