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Cusco nunca es una plaza más. La altura condiciona el esfuerzo y este domingo Sporting Cristal inicia la competencia en la ciudad imperial frente a Deportivo Garcilaso. El equipo viene trabajando en La Florida y para Paulo Autuori hay una pregunta central: ¿repetir el once que respondió ante Universidad Católica de Ecuador o introducir retoques pensando en el contexto y una baja obligada?
Hay, de entrada, una certeza: la base defensiva no se toca. Diego Enríquez es inamovible en el arco y delante suyo la línea de cuatro tambien. Juan Cruz González, Miguel Araujo, Rafael Lutiger y Cristiano Da Silva han encontrado algo que en Cristal siempre cuesta: continuidad, orden y entendimiento. En Cusco, donde el error se paga doble, esa solidez pesa más que cualquier experimento.
Las dudas empiezan a aparecer a partir de la mitad de la cancha. El buen rendimiento del domingo invita a sostener nombres, pero el calendario y la altura empujan a pensar en piernas frescas. Ahí aparece Gustavo Cazonatti como una opción real para iniciar. No solo por despliegue, sino porque Autuori valora su lectura táctica y su capacidad para equilibrar cuando el equipo se parte. En Cusco, eso puede ser clave.
Más adelante está uno de los focos principales: la ausencia de ‘Canchita’ Gonzales por un esguince. El técnico tiene dos caminos. El primero es Maxloren Castro, una alternativa más vertical, con recorrido y sacrificio, ideal si la idea es no regalar metros y sostener intensidad. El segundo es Santiago González, más creativo, más asociado y con un gran despliegue físico. No es una decisión menor.
En ataque, el debate se vuelve inevitable: ¿Felipe Vizeu o Irven Ávila? El ‘Cholito’ aporta movilidad, presión y ruptura, pero Vizeu ofrece un juego más directo, descarga y presencia aérea, un recurso que en la altura puede ser tan útil como peligroso. Autuori suele leer estos partidos como batallas de momentos: tener un ‘9’ que aguante y ordene puede ser parte del plan.
Lo interesante es que, más allá de los nombres, el entrenador brasileño parece decidido a no traicionar la idea. El Sporting Cristal que se vio el domingo fue competitivo, intenso y con orden. Repetir el once sería un mensaje claro al grupo: el rendimiento manda. Ajustar, en cambio, hablaría de gestión de esfuerzos y lectura del contexto.
Cusco no perdona improvisaciones, pero tampoco premia el miedo. Entre la continuidad y el ajuste fino, Autuori deberá elegir qué pesa más. Y en esa elección no solo se define un once, sino una forma de entender este momento del equipo. Nos vemos el otro miércoles, celestes. ¡Fuerza Cristal!


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