Un trabajador sanitario toma una prueba en la ciudad italiana de Milan. (Foto: MIGUEL MEDINA / AFP)
Un trabajador sanitario toma una prueba en la ciudad italiana de Milan. (Foto: MIGUEL MEDINA / AFP)
Agencia AFP

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En una carpa al aire libre, un médico se agacha y escarba las fosas nasales de los pacientes. Frota en un papel y en pocos segundos obtiene el resultado: “Negativo”. Son los test antigénicos.

Pese a que Italia ha realizado millones de esas pruebas, no ha logrado contener el segundo brote de .

Los resultados de esa nueva herramienta permiten a los ciudadanos moverse libremente cuando resultan negativos y por ello países como Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Eslovaquia se han animado a seguir esa estrategia, programando pruebas rápidas en farmacias, estaciones de tren, aeropuertos y centros especializados.

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“Estas pruebas permitirán fortalecer nuestra capacidad de diagnóstico”, explicó el domingo el ministro de Salud francés Olivier Véran, entrevistado por la prensa.

En Italia esas pruebas no han logrado, sin embargo, frenar la nueva ola de la epidemia, que llegó a registrar 623 muertes este miércoles y más de 32.000 nuevos contagios en 24 horas por un total de más de un millón de infectados.

“Creo que esas pruebas no se están usando correctamente (...) porque las usan para monitorear, pero no son suficientes para eso”, advirtió a la AFP el profesor de medicina molecular Andrea Crisanti, de la Universidad de Padua, y entre los mayores expertos sobre la pandemia.

Rápido y barato

La vacuna contra el COVID-19, que podría estar lista en las próximas semanas o meses, no podrá frenar la actual ola de infecciones en Europa y otros lugares.

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Los políticos buscan soluciones alternativas para evitar un bloqueo general, preocupados por las graves consecuencias económicas y sociales.

Italia ha ordenado el cierre de bares, restaurantes y tiendas en las regiones más afectadas e impuesto un toque de queda nocturno en todo el país, pero no ha querido adoptar un segundo confinamiento en toda la península, como el de marzo.

El test de antígenos, con una buena fiabilidad en los primeros días de infección, es clave para esa estrategia.

Son rápidos, económicos y capaces de diagnosticar el virus desde el inicio del contagio y en solo pocos minutos.

Las pruebas de PCR molecular, sin duda la prueba por excelencia por ser la más fiable, tardan uno o dos días en dar el resultado y en ocasiones hasta 7 días debido al elevado número de pruebas que los laboratorios deben procesar.

“Contar con un instrumento de este tipo es fundamental, se establece de inmediato si un paciente tiene el virus. Es un buen punto de partida”, sostiene el médico de familia Francesco Stevanato, quien realizó ya unas cincuenta pruebas en su clínica de Venecia.

No es la panacea

Se ha planificado su utilización en los aeropuertos de manera de ayudar a la industria del turismo y viajes y también en las escuelas y empresas para que puedan mantenerse abiertas.

Para el profesor Sergio Abrignani, de la Universidad de Milán, firmante de una carta en setiembre junto con otros científicos en la que piden su uso a escala nacional, no se trata tampoco de una panacea.

“Hay situaciones prácticas en las que la prueba de antígenos es la mejor alternativa”, sostiene.

“Por ejemplo, cuando uno viaja en un tren o en un barco y quiere reducir el riesgo. La prueba molecular tarda demasiado en dar una respuesta”, comenta.

Si se resulta positivo al antígeno, en Italia es obligatorio hacerse la prueba de PCR para confirmar el resultado.

Pero dado que las pruebas rápidas tienen un nivel de precisión del 80/90%, hay riesgo de que algunas personas infectadas pueden pasar desapercibidas.

“Si el objetivo es establecer si en una comunidad existe transmisión, pues genial”, sostiene Crisanti.

El ministerio italiano de Salud aseguró a la AFP que no hay una estrategia específica para el uso de ese test y que lo que se busca es reforzar la capacidad de hacer pruebas.

Un enfoque nacional de la lucha contra el COVID-19 es de todos modos muy difícil de aplicar en Italia debido a que las 20 regiones son responsables a nivel local de la política de salud, lo que genera enormes disparidades.

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