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Sudán del Sur: "Aún queda mucho por hacer para abordar las innumerables necesidades de salud"

Tras años de guerra civil, el país más joven de África se encuentra en un estado de relativa calma, pero las necesidades médicas y humanitarias de la población aún son enormes, asegura el coordinador médico de Médicos Sin Fronteras (MSF), Endashaw Mengistu. © Igor G. Barbero/MSF Un sistema de salud destruido “Sudán del Sur todavía está afectado por el conflicto que comenzó a finales de 2013, solo dos años después de que el país se independizara de Sudán, durante el cual el sistema de salud ha quedado totalmente...

Tras años de guerra civil, el país más joven de África se encuentra en un estado de relativa calma, pero las necesidades médicas y humanitarias de la población aún son enormes, asegura el coordinador médico de Médicos Sin Fronteras (MSF), Endashaw Mengistu.

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© Igor G. Barbero/MSF

Un sistema de salud destruido

“Sudán del Sur todavía está afectado por el conflicto que comenzó a finales de 2013, solo dos años después de que el país se independizara de Sudán, durante el cual el sistema de salud ha quedado totalmente destruido. Un gran número de centros de salud fueron atacados de una manera u otra por los diferentes bandos beligerantes. Muchos fueron saqueados o quemados. En algunos se ven carteles con logotipos de ONG, pero cuando entras, no hay nada más que cenizas. Este país tiene alrededor de 1.500 centros de salud, y tres cuartas partes de ellos necesitan una renovación menor, mayor o completa[i].

Muchos profesionales de la salud formados y capacitados abandonaron el país debido a la violencia y aún no han regresado. Hasta este año, no teníamos ni un solo médico local en Malakal, la segunda ciudad más poblada del país antes del conflicto, porque no podíamos encontrar a nadie.

En los centros de salud aún abiertos a menudo no hay medicamentos. Más del 80% de la atención médica la proporcionan organizaciones internacionales[ii], pero algunas tienen una capacidad limitada para operar sobre el terreno, y esto afecta a la eficiencia del servicio médico ofrecido.

Un tercio de la población no está en sus hogares

Dos millones de sur sudaneses son refugiados en países vecinos, principalmente en Uganda, Etiopía y Sudán, y otros dos millones están desplazados dentro de Sudán del Sur. Esto significa que un tercio de la población no vive en sus hogares. Muchos se encuentran en uno de los seis complejos de Protección de Civiles administrados por fuerzas de la ONU en poblaciones y ciudades como Bentiu, Malakal y la capital, Juba.

A pesar del acuerdo de paz, muchas personas en los campos todavía no se sienten lo suficientemente seguras como para regresar a sus lugares de origen. En Malakal, por ejemplo, nuestros equipos escuchan que algunas personas han regresado a sus hogares, solo para encontrar sus casas inaccesibles o destruidas, lo que, entre otras causas, lleva a muchos a permanecer en el campo.

En los campos, la exposición de la gente a eventos violentos pasados ​​y sus precarias condiciones de vida actuales que algunos describen como vivir en confinamiento han provocado una gran necesidad de apoyo en salud mental. Vemos muchos casos psiquiátricos y a personas que han intentado suicidarse como resultado de su desesperación. Cuando la salud mental de las personas se deteriora, las enfermedades infecciosas crónicas y las coinfecciones complicadas también son más comunes.

Muchos desafíos: malaria, kala azar y mordeduras de serpientes

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© Igor G. Barbero/MSF

Más allá de los campos, en Sudán del Sur hay hoy demasiados desafíos. La malaria mata mucho y nuestros equipos están ocupados tratando la enfermedad y lanzando campañas estacionales de quimioprevención. En 2018, tratamos a casi 270.000 personas afectadas por esta enfermedad transmitida por mosquitos.

En la región del Alto Nilo, existen importantes bolsas de kala azar, también conocida como leishmaniasis visceral, una enfermedad transmitida por moscas de arena que puede ser mortal si no se trata.

Las mordeduras de serpientes también son un problema en varias partes del país y un rápido tratamiento es crucial para hacerlas frente.

Para todos estos problemas de salud, se necesita un centro médico funcional donde el personal sanitario pueda controlar los efectos secundarios de un paciente, pero esto no está disponible en muchos lugares.

Cuando el hospital más cercano está a siete días de camino

Menos de la mitad de la población vive cerca de un centro de salud funcional[iii]. E incluso en estos casos, el centro solo puede proporcionar tratamiento básico, y no servicio de hospitalización, cirugía, enfermería o atención especializada. El VIH y la tuberculosis son, por ejemplo, enfermedades infecciosas crónicas comunes, pero solo una pequeña fracción de las personas afectadas tiene acceso al tratamiento y existe una capacidad de diagnóstico deficiente.

La única alternativa a menudo para recibir atención médica adecuada es marchar lejos, caminar largas distancias e incluso cruzar fronteras internacionales para encontrar un hospital. Hasta hace unos meses, para la población en la remota zona nororiental de Ulang, el hospital más cercano estaba en Etiopía, un viaje de hasta siete días durante la temporada de lluvias y de algunos días menos en la extremadamente calurosa estación seca.

Si un paciente tiene una enfermedad como la tuberculosis, es posible que su respiración esté gravemente afectada y que no pueda caminar largas distancias. Si se trata de una mujer embarazada con complicaciones en el parto o que necesita una cesárea, el desenlace más probable es que muera a menos que llegue a un hospital. En tales casos, la única forma de llegar es mediante un bote motor o en avión, ya que hay muy pocas carreteras pavimentadas.

La atención preventiva es crucial para evitar nuevas emergencias

Antes del comienzo de la guerra civil en 2013, la cobertura de inmunización de niños menores de 1 año se estimaba en el 60%. Actualmente, se sitúa en torno al 20%, una reducción significativa[iv]. Como resultado, muchas enfermedades prevenibles aparecen como brotes de vez en cuando. Hay casos frecuentes de sarampión, meningitis, rubéola y fiebre amarilla, entre otras enfermedades.

En este contexto, el trabajo preventivo es crucial. Lo que hemos visto en Malakal es que tan pronto se llevan a cabo vacunaciones, la morbilidad y la mortalidad disminuyen drásticamente. En Juba, durante los últimos dos años, hemos vacunado a unas 300.000 personas contra el cólera, y esto probablemente ha contribuido a que no haya brotes recientes.

En los meses transcurridos desde el acuerdo de paz, el país no se ha librado de algunos eventos violentos como disputas intercomunales. Hay ciertos grupos vulnerables que necesitan protección especial. Alrededor de 3.100 niños soldado han sido desmovilizados en los últimos años[v], pero algunos a quienes proporcionamos apoyo de salud mental en la ciudad de Yambio, en el sur del país, han expresado temor a ser reclutados de nuevo.

Todavía queda mucho por hacer, y en varios frentes, para abordar las innumerables necesidades de salud de la gente de Sudán del Sur.

[i] OMS, 2017

[ii] OMS, 2015

[iii] Health Sector Development Plan (2016-2020)

[iv] GAVI (estimaciones de la OMS/UNICEF): https://www.gavi.org/country/south-sudan/

[v] UNICEF, 2018

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