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Expedición peruana Tangaroa: A 50 años de su llegada a la Polinesia

Hace 50 años, un 18 de noviembre de 1965, la expedición peruana Tangaroa, al mando de Carlos Caravedo, terminó su travesía por el Océano Pacífico al llegar a la isla Fakarava en la Polinesia. En este post de Huellas Digitales recordamos el largo camino que por tierra y mar realizó Caravedo para cumplir su sueño de navegar.

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Un 26 de julio de 1965 Carlos Caravedo Arca partió del Callao hacia la Polinesia. Para incredulidad de propios y extraños, un hombre de campo salió a navegar en el mar. Tenía coraje y ganas de vivir la aventura de su vida. El aprendió a armar balsas y navegar en alta mar viendo a otros exploradores como William Willis.

En más de una ocasión se quedó con las ganas de viajar en las embarcaciones que por esos años partían muy seguido del Callao. Por falta de espacio y uno que otro inconveniente se quedaba en tierra firme. Hasta que un buen día decidió ser el jefe de su propia expedición hacia la Polinesia, que sería la primera realizada por peruanos.

Carlos Caravedo Arca estudió en el colegio Champagnat. Aunque se graduó como agrónomo, siempre destacó por ser autodidacta, pintor y deportista. Su familia tenía una hacienda en Ate llamada Inquisidor y Pulido donde cultivaban algodón, papa y cebolla. Con la venta de las cosechas pudo financiar su gran hazaña.

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Carlos Caravedo durante su travesía por el Pacífico. Foto: Archivo Familia Caravedo

Por ello no fue sorpresa que se hiciera amigo de William Willis, un expedicionario alemán, que zarpó del Callao a la Polinesia en su nave ‘Seven Little Sisters’. Con él aprendió los secretos para armar una balsa de madera.

Los preparativos

Primero había que conseguir la mejor madera para armar la balsa. Caravedo viajó a la selva ecuatoriana para conseguir 13 troncos hembras por ser mejores en la flotación aunque de corta vida.

Caravedo quiso armar su balsa en las instalaciones de la SIMA así como lo hicieron otras expediciones extranjeras. Pero solo encontró la negativa de las autoridades. Este problema no menguó su entusiasmo.

“Tuve que construir la Tangaroa en un recoveco del lugar llamado ‘la mar brava’ en el Callao”.

Armado de paciencia Caravedo terminó su balsa. Sus familiares le regalaron bidones para el agua donde antes se había almacenado pasta dental. Todo el viaje tomarían agua con sabor a Kolynos.

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Imágenes del álbum que Caravedo hizo sobre su expedición. Foto: Archivo Familia Caravedo

En la lista del rancho figuraban: 60 kilos de harina, 10 kilos de sal, 230 kilos de papa, 27 kilos de cebolla, 15 kilos de lentejas, 50 kilos de naranjas, 50 kilos de arroz, 60 kilos de fideos, 16 latas de galletas, 184 latas de conserva, 48 latas de jugo de tomate, 10 latas de cocoa, 55 galones de kerosene, entre otras provisiones para un viaje de tres meses en alta mar.

También tenían un receptor – transmisor, un grupo electrógeno, una antena, 100 baterías para radio, 1 grabadora, 2 cámaras fotográficas y diversos repuestos. Caravedo invirtió S/. 350.00 en su construcción e implemetación. Este dinero fue obtenido de la producción agrícola de la hacienda familiar.

Navegando por un sueño

Aunque la fecha ideal para partir al otro lado del Pacífico era abril, recién en julio las autoridades portuarias le dieron la autorización.

El lunes 26 de julio de 1965 la balsa Tangaroa, nombrada así en honor a un dios tahitiano, salió del Yacht Club del Callao remolcado por el BAP Dueñas al mando del Teniente Segundo, Luis Giampietri. Su destino era Tahití y Samoa.

La tripulación del Tangaroa estaba formada por el navegante Jaime Toledo, el radioperador José Mathous y el jefe de expedición Jaime Caravedo. Los dos primeros ya habían realizado una travesía similar en la balsa Cantura II. Para Caravedo era la primera vez.

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“La frágil embarcación, que cruzará el Océano Pacífico siguiendo la Corriente Peruana, fue despedida en el Callao con insistentes toques de sirenas de los barcos acoderados en el Terminal Marítimo y de las embarcaciones deportivas, que la acompañaron varias millas mar afuera”, informó El Comercio en su primera plana del día siguiente.

El primer contacto radial se dio el 1 de agosto cuando estaban a 260 millas del Callao. Posteriormente la Tangaroa guardó un alarmante silencio hasta que el 19 de agosto el radioaficionado peruano Carlos Tassara estableció contacto con ellos. Durante la travesía la comunicación se realizó muy esporádicamente a través de radioaficionados.

Mientras en Perú se temía lo peor, la tripulación de la Tangaroa consiguió llegar a la Polinesia. En la bitácora del viaje, Caravedo apuntó que el día 97 llegaron a la isla Napuka. Era el 31 de octubre.

La última vez que la Tangaroa se comunicó con los radioaficionados fue el 3 de noviembre. Ya llevaban casi 100 días en alta mar. En los siguientes días la Tangaroa navegó por el peligroso archipiélago de Tuamotu, convirtiéndose en la primera expedición peruana en surcarlo.

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La travesía terminó el 18 de noviembre de 1965, a 115 días de navegación, cuando la balsa encayó en la isla Fakarava, conocida por tener afilados arrecifes de coral. La tripulación caminó por la isla desértica hasta que fueron encontrados por algunos pobladores quienes los atendieron y les entregaron recuerdos tal como lo hicieron con Thor Heyerdhal y William Willis.

“La balsa quedará en la playa de Fakarava, pues no es posible rescatarla de la laguna formada por arrecifes de coral en la que nos metimos al llegar a esa isla”, declaró Caravedo a El Comercio.

“La travesía fue buena. Tengo conmigo gran cantidad de información escrita y muchos rollos de fotografías. La balsa será sacada en tierra y colocada en un lugar especial en Fakarava, donde la conservarán como una reliquia según fuimos informados por las autoridades de esa isla. Todos se han portado muy bien con nosotros,” puntualizó el jefe de la Tangaroa.

Su gran hazaña no ha sido reconocida como debería ser. Pocas personas se acuerdan de la Tangaroa y su viaje a la Polinesia. El 2006 una expedición noruega bautizó su balsa como Tangaroa – Kon tiki. Carlos Caravedo quedó devastado cuando lo invitaron a presenciar la partida de esa expedición en el Callao.

“El Perú es la madre de los extranjeros y la madrastra de los peruanos”, esa frase acompañó a Carlos Caravedo hasta su muerte un 8 de octubre de 2007.

(Lilia Córdova Tábori)
Fotos: Archivo Familia Caravedo/ Archivo Histórico El Comercio

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