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Universitario: lo bajaron de las nubes

Ganarle a Alianza y al puntero UTC no resultaba suficiente. La crema desangelada y trotona de la era Chale-Carranza es una pesadilla recurrente en el hincha, por eso las dudas, las miles de preguntas. ¿La magia de Troglio podrá surtir efecto en la altura? ¿Hay alternativas al juego de presión? ¿Será capaz de tumbar ese edificio pétreo que Garcilaso suele construir cuando juega entre los suyos?
A tantas preguntas, el Celeste antepuso fútbol. Y un manejo inteligente de los 3.350 metros de altura de Sicuani y del inclemente sol que apareció en el amanecer del segundo tiempo. Ir y venir por las bandas, pelotas cruzadas, tiros de media distancia, centros… Fue 3-1, pero el tamaño de la catástrofe crema pudo ser mayor.
La presión alta de Universitario tiene un objetivo: forzar al rival al error. Hacerlo en uno de los techos cusqueños puede ser un suicidio. Por eso decidió esperar y tratar de salir con rapidez. Lo intentó, pero se topó con un muro que levantó Retamoso, con su solvencia para el quite y el servicio preciso. Lo sostuvo Ciucci, anticipando a Rengifo cuando conseguía fabricarse unos metros libres. Y lo embelleció Ramúa, con una cintura enloquecida.

Con la pelota en los pies, la ‘U’ no pudo disimular su falta de ideas, acrecentada por la ausencia de Figuera, eficaz para el quite, pero dueño también de un pie inspirado para habilitar. La fragilidad de su reemplazo, César Huamantica, hizo más elocuentes las diferencias.

Show de goles

Fue también una tarde de golazos. El primero lo marcó Ramúa, a los 24’, con un misil de tiro libre que hizo retumbar las tribunas del Túpac Amaru. La ‘U’ forzó una tímida reacción, pero Garcilaso estaba más cerca del segundo que la crema del empate. No obstante, a los 43’, un disparo rasante de la ‘Hiena’, también de tiro libre, se coló junto al palo derecho de Ruiz. El marcador no reflejaba lo que se veía sobre el césped.


El ingreso de Tejada fue una advertencia de que Troglio no se conformaba. Gómez empezó a juntarse con Quintero, trepó Corzo, no se quedó Páucar y el ‘Pana’ mandó un tiro al palo. Pero cada ataque de Garcilaso encendía las alarmas. A los 54’, Arroé soltó un bombazo que tomó un sorpresivo efecto antes de llegar al arco de Cáceda. Las cosas volvían a estar en orden.
La expulsión de Romero solo fue una expresión del descontrol merengue. Neumann se generó un penal, que luego del bloqueo de Cáceda, Ardiles añadió para cerrar la cuenta. Faltaban 8 minutos. La holgura del juego celeste era avasalladora. Garcilaso terminó enseñoreado, Universitario –y sus hinchas– carcomido por las dudas.

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