Cómo cambian las cosas

En la mañana del día de mi partida a Estados Unidos había conversado por teléfono con mis padres, que en ese momento no se encontraban en Lima. Mi madre amorosamente me decía: “cuídate hijito, y que Dios te bendiga”.
Venía a estudiar la maestría, aunque no tenía ninguna beca ni nada por el estilo. Primero iba a perfeccionar el inglés y luego matricularme en la universidad. Tal vez pude esperar en Lima y gestionar una, pero hoy con el paso de los años me doy cuenta de que en el fondo quería salir, probarme a mí mismo y tomar aires fuera del país.
Llegué al aeropuerto de Miami, primera escala para Los Angeles. el oficial de inmigración, angloparlante por suerte (digo suerte para probar mi ingles) era un tipo mezcla de gendarme con miembro de la Gestapo. Empezó con las preguntas de estilo, pero no entendí casi nada pese a que estaba bien entrenado para las preguntas.
What is the purpose of your visit?… How long will you stay?…¿Tiene parientes en los Estados Unidos?…si visita un hotel, ¿cuál es el nombre y la dirección?. No sé como pasé la primera prueba y me selló el pasaporte. Quise saber casi instantáneamente cuánto tiempo me daba, pero me acorde de Manuel, mi amigo de Lima, que me dijo que no debía mostrar ninún interés en eso. Por dentro estaba con la angustia de que me dieran seis meses, así que apenas pasé la puerta grande, doblé la esquina, me apresuré a ver el permiso y -oh suerte- era por seis meses.
Los planes eran hasta ese momento relativamente simples, estudiar nueve meses: seis para el perfeccionamiento del inglés y tres de preparación para el TOEFL, y paralelamente pedir una prorroga de la visa y ver en qué universidad estudiar. Ya tenía una idea, estudiar la maestría en 2 años y good bye. Así de fácil.
Aparentemente todo estaba bajo control y no sé cómo llegué a ese momento, hasta que una de las tantas frías mañanas de diciembre (acuérdense que en el hemisferio norte es invierno) cerca a Navidad, desperté y empecé a hacer un recuento de lo vivido.
Me di con la sorpresa de que todos mis planes fueron cambiados o se hicieron añicos con el tiempo. Sin darme cuenta mi vida era otra, ya vivía seis años aquí y apenas había llevado un par de cursos en la universidad. Me había mudado tres veces de departamento, había gastado cientos de tarjetas prepagadas de $2 y $5 ( aquí pre-paid cards) compradas en la tienda de la esquina (para que vean que no solo en Perú existen las tiendas del barrio), había pasado 42 veces momentos nostálgicos y me conocía ocho restaurantes de comida peruana: los de pollos a la brasa, con papa fritas y ensalada, con el aliño de limón para la ensalada, el ají de color verde y la típica mayonesa liquida única en su genero; los restaurantes de comida criolla; los de arroz chaufa, entre otros.
En efecto, tenía 6 años más, me había casado, estaba enamorado, tenia un robusto bebe de ocho meses, mis padres ya me habían visitado tres veces, mis amigos ahora se llamaban Dave, Kevin, Guadalupe (era hombre y no mujer como se pensaría por el nombre) Estuardo o Maynor, y algunas veces se me salía “aseguranza” en vez de seguro o decía “cilantro” en vez de culantro.
Carlos LDG
Y a ustedes, ¿cómo les cambio la vida?

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