Un día más

Seis y media de la mañana. Hoy es un día más, suena el despertador, ese aparato que no quiero escuchar pero que igual suena y me obliga a abandonar mi cama. Es hora de ir a trabajar, como todos los días.
Inicio la jornada hablando con mucha gente que me cuenta sus dolencias, sus problemas, sus miedos, sus esperanzas, sus vidas… no sé si podré, pero intentaré arreglarlo.
Estudié medicina en Arequipa, hice mi internado en Lima, el Serum (Servicio rural y urbano marginal de salud) nuevamente en la Ciudad Blanca, conocí (creo yo) algo de nuestra sociedad, gente de todos los estratos, formas de pensar y actuar. Mientras trabajaba envié mis papeles al Ministerio de Educación de España para la homologación del título de la carrera, algo así como para ver si salía algo…y salió. Me vi envuelto en un viaje a un país distinto, lejos de todos, para iniciar una nueva etapa, la especialización.Las despedidas siempre son la parte más triste de la historia. Marcharte y ver esos ojos húmedos de la gente que te quiere y se despide con un “regresa pronto, cuídate, llama cuando llegues, come” y muchos etc., pero los días previos son duros también; te asaltan las dudas y aparecen preguntas como: ¿estoy seguro de lo que hago?, ¿estaré bien allí?, ¿lo lograré? Pero bueno, no hay mucho tiempo, sin darte cuenta estás sentado en un avión durante 12 horas (muchas horas para pensar y empezar a extrañar) y de pronto has llegado a tu destino.
Indudablemente el idioma te ayuda, a fin de cuentas hablamos castellano como ellos (o eso pensaba je, je), intentas acostumbrarte lo más rápido posible a las nuevas costumbres sin perder las tuyas (esas que nunca perderás). Vine con 2 amigos a prepararnos para el examen de oposición y poder optar a una plaza de especialidad, así que soporte tuve; si uno se caía emocionalmente, el otro te ayudaba. Básicamente fue así porque a los días te tocaba hacer el papel contrario. Fueron buenas épocas, mucho estrés por el estudio, increíbles invenciones gastronómicas (intentando hacer nuestra comida), noches largas de conversaciones intentando arreglar el mundo, como dice alguien por aquí, con un café para contarlo, una cerveza para entenderlo y dos para olvidarlo. Hicimos buenos amigos de muchos lugares distintos, aprendimos otras costumbres y contagiamos las nuestras, fueron pasando así 8 meses, dimos el examen y volvimos a casa a esperar los resultados y volver para iniciar la especialidad.
Es difícil describir la emoción de volver a casa, el viaje se hace eterno (nuevamente 12 horas para pensar), cuando de pronto estás en casa con tu familia, tus amigos, tu comida (se extraña muchísimo, sobre todo el picante), tu combi, tu tiendecita de barrio, el leer el periódico frente al kiosco (un clásico), las chelas entre patas, la juerga con tu música, en fin, todo.
Se acaba el tiempo y hay que volver. Esta vez será más difícil, el viaje anterior fue por 8 meses, esta vez será por lo menos de 5 años o tal vez para siempre, las frases de despedida retumbarán más durante ese tiempo que estarás en el avión. Muchas cosas pasan por tu cabeza, la salud de tus padres, no estar con tus hermanos en momentos especiales como los nacimientos de sobrinos, los cumpleaños, las Navidades, y un largo etcétera, pero bueno, qué se hace, hay que seguir.
Ahora nuevamente estoy aquí, en este país que será mi casa por mucho tiempo, aunque esta vez estoy en Barcelona, una ciudad que considero muy bella y especial, he de aprender algo de catalán porque de lo contrario estaré un poco perdido (y lo estuve un buen tiempo, je, je, ,je).
Con este ya son 4 años los que llevo aquí, bastante acostumbrado a la forma de vivir, sin perder mis costumbres y con un importante avance en mi arte culinario (Gastón Acurio, cuídate que te quito la chamba je, je).
Lo de extrañar no se irá jamas, lo sé, pero creo que he aprendido a convivir con eso. El mundo sigue su rumbo y tú intentas darle rumbo a tu vida, a mí me tocó hacerlo fuera del país y creo que lo estoy logrando.
Cinco de la tarde, es hora de volver a casa, de dejar las cosas del trabajo en el trabajo, estudiar algo, preparar la presentación para mañana, llamar a la novia (enamorada aquí), cenar y nuevamente poner ese despertador odiado para empezar un nuevo día de intensas emociones y difíciles decisiones.
Es un día de trabajo de un médico peruano residente de medicina interna que busca triunfar en tierras lejanas y cree, con mucha convicción, que lo esta logrando.
Alonso García, España
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