Napaykullayki, primo
A propósito de un espectáculo de música folclórica al que tuvo la oportunidad de asistir, un lector hace una breve reflexión sobre por qué los peruanos valoramos tan poco nuestra música y herencia cultural
Te cuento que en tiempos en los que nuestra Lima se nos llena de ‘grindeis’, ‘airoesmis’, ‘colplais’ y tantos otros monstruos de la música, la otra noche tuve la oportunidad de asistir a un espectáculo maravilloso y en donde me hubiese dado gusto hacer las mismas insensatas colas de horas por entrar y pagar en tantas cuotas como me sea posible con alguna de mis estiradas tarjetas de crédito por una zona “vic”, como lo hacen los miles de limeños cuando de escuchar unos cuantos gallos de desteñidos y desgarbados artistas internacionales se trata, que ahora resulta que les encanta venir acá a tocar porque o han estado tantas veces en otras ciudades del mundo que ya nadie los quiere volver a ver o sus bandas están tan destartaladas como esas viejas pistolas y rosas desteñidas, que los únicos que aún están dispuestos a escucharlos somos aquellos que hace 20 años cantábamos –o mejor dicho, balbuceábamos– sus canciones en inglés sin entender ni un pito de lo que estábamos diciendo. Algunos aún seguimos sin saber qué decíamos y preferimos seguir sin saberlo, porque estamos seguros de que nos caeríamos de vergüenza de conocer realmente la de taradeces que andábamos hablando, ¿te acuerdas, primo?Pues bien, te decía que el otro día tuve la suerte de asistir a un espectáculo maravilloso del que no me siento avergonzado al admitir que no entendí ni una palabra de lo que allí se decía y cantaba; por el contrario, sentía orgullo y envidia por estar en medio de tanto lujo, porque así considero ahora el conocimiento y la práctica de una lengua tan hermosa como el quechua, lengua que al fin y al cabo es la mía, es la nuestra primo, y no este castellano español que hasta el apellido lo tiene de otro país.
Resulta que unos días antes había visto en un programa del canal de todos los peruanos, al que ahora estoy infinitamente agradecido, la publicidad sobre este espectáculo en el que participarían, entre otros, un artista al que personalmente considero sencillamente brillante o brillantemente sencillo: Hugo Carrillo……y los zorros de arriba. ¡Bravo!
¿Sabes primo?… Jamás estuve tan contento de no haber terminado mi último ciclo de inglés, jamás tan feliz de no entender “ni papa” de lo que cantan el ‘rovyuilians’, el ‘estiventailer’ o la ‘veionse’… y sí inmensamente orgulloso porque he decidido aprender quechua…. ¡Así es! para que la siguiente vez que vaya a ver un espectáculo como al que tuve la suerte de asistir esa noche, pueda entender y disfrutar cantando las canciones de mi tierra, de mi cultura, de nuestra gente, de mis orígenes, porque al fin y al cabo primo, ¿para qué quiero saber inglés si no pienso nunca ir a vivir a otro país y, muy por el contrario, quiero quedarme a conocer el mío? Aunque sea por documental primo… aunque sea.
Pero sabes lo que a la vez que alegría me dio tristeza primo…. que solo tuve que pagar 15 soles por ver a los que considero increíbles artistas y verdaderas estrellas, cuando por escuchar a unas ‘metalicas’ y aguardientosas voces sin sentido del sonido y la armonía, otros se endeudan por un año o más con tal de tener a unos cuantos metros al gordo colorado de turno…..y que encima te “saca la lengua” con una cara pintada que parece de payaso de circo de barrio……. discúlpame primo…..pero qué tarados que podemos llegar a ser……
Así es primo……solo 15 soles me costó recordar lo hermoso que es mi país, lo grande que fueron nuestros ancestros y lo bonita que es nuestra música……este Hugo Carrillo y tantos otros como él merecerían la misma publicidad gigante, el mismo trato de estrellas, los mismos conciertos de miles de gentes, la misma difusión por las radios, en fin…. todo aquello en que nos gastamos y desgastamos con “hacedores de bulla” de otras latitudes.
Espero que no te ofendas, primo. Sé que muchos de los que te he mencionado son tus cantantes y grupos favoritos, sé que con algunas de sus canciones le dijiste ‘ailouviu’ a la que ahora es tu esposa y la mujer de tus hijos, pero ahora pienso en qué hermoso sería recordar que le hubieses dicho “Kullayki” mi amor, “supajtan waylluiqui” mi gorda, “anchata cuyaiqui” mi negra… es más pienso decírselo así a mi esposa de ahora en adelante y siempre.
También espero que la siguiente vez que vengas a Lima, no solo nos alegremos por un día de ser bien peruanos, bien cholos, con un “piscosauer” y un cebiche, sino que te animes a acompañarme a escuchar de esta música que tuve la suerte de disfrutar la otra noche por ahora sin entender….solo por ahora.
Kausachun quechua, primo
Pedro Portugal
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