Querer lo nuestro
Pienso en este blog como un espacio en el cual nosotros, peruanos viviendo fuera del país, podemos expresarnos y comentar en historias o situaciones. Cada quien tiene mil y una historias personales, anécdotas, situaciones jocosas y demás. Pero, ¿qué hay de lo colectivo, eso que nos une a todos, eso con lo cual todos nos podemos sentir identificados?
Foto: Archivo El Comercio/ Rolly Reyna
Como conté anteriormente, vivo en Montreal hace más de tres años. Esta es una cuidad multicultural, como existen muchísimas otras alrededor del mundo. Caminando en la calle te cruzas con chinos, árabes, indios, africanos, latinos y, a veces, con locales. Escuchas infinidad de idiomas y ves infinidad de costumbres diferentes.
Pongamos un supuesto: tus hijos nacieron y crecieron fuera del Perú. Suponiendo que viven en Estados Unidos o Canadá, cuando alguien les pregunte de dónde son, ¿cuál creen que será su respuesta? “Soy americano” o “soy canadiense” serían las más comunes. Si los hijos tienen una fuerte educación en casa dirán “soy peruano-americano” o “peruano-canadiense” o, en algunos casos, “tengo ascendencia peruana”. Por otro lado, es improbable que digan: “soy peruano” a secas y, basándome en este punto, quiero comentarles lo siguiente.
Tengo amigos y conocidos nacidos aquí, con padres nacidos aquí pero que, cuando les digo canadienses, se molestan. La primera vez fue en mi primer trabajo y era marcadísimo. Le pregunté a uno de dónde era y me dijo “soy italiano”.
- ¿Hace cuánto vives aquí?
- Nací aquí.
- Entonces eres canadiense.
- ¡NO! ¡SOY ITALIANO!
- ¿Cuántas veces has ido a Italia?
- Nunca, pero soy italiano y mis hijos serán italianos y hablarán italiano. No importa que no hayan nacido allá, es mi cultura, mi idioma, mi tradición.
Me quedé frío. Nunca pensé en una respuesta con tanta determinación. Esto no hubiera pasado de una anécdota si no fuera que me pasó muchísimas veces más, no solo con italianos, también con chinos, griegos, hindúes y árabes. Me puse a pensar en cómo ellos, a pesar de haber nacido en Canadá, mantenían y defendían su cultura, la de sus abuelos. Cuando pensé en nuestros compatriotas me dio tristeza de que la mayoría de gente que vive afuera trate de olvidarse del Perú, que los hijos hablen solo inglés o francés o cualquiera que sea la lengua local y que a los padres se les infle el pecho por que los hijos no hablan español. “Es que nació aquí pues, por eso no habla español”, dicen o piensan con una sonrisa dibujada de oreja a oreja.
Al final, cada quién decide qué hacer con su vida y con la de sus hijos, es cierto, pero el tema aquí es, ¿acaso no tenemos una cultura, tradición e historia propias de las cuales sentirnos orgullosos y a las que debamos proteger y mantener en nuestra familia? ¿Por qué creen que pueden encontrar un restaurante chino o una pizzería en cualquier ciudad del mundo? ¿Por qué los italianos y los chinos son orgullosos de su cultura y gastronomía? Cuando comenzaron a migrar a otros lares, llevaron a su país con ellos. Nunca dejaron su esencia y esta se transmite de generación en generación. ¿Algún día llegaremos a ese nivel de compromiso con lo nuestro?, porque la verdad es que no tenemos nada, absolutamente nada que envidiarles a esos país. Tenemos todo para ser una marca país de primer nivel, ojalá algún día lo logremos.
Nosotros, los que vivimos fuera del país, debemos ser los primeros embajadores de lo nuestro. Hay mucho por hacer, es cierto. Como escuche a Gastón Acurio decir en una entrevista, necesitamos creer que lo nuestro es bueno, la internacionalización es primero. Luego tenemos que proyectar eso al resto del mundo y hacerles saber todo lo que el Perú ofrece. Tenemos una ventaja cuantitativa impresionante sobre el resto de los países de la región.
Cuando hablo con amigos latinos siempre intento no entrar al tema de comida, cultura o lugares turísticos de nuestros países porque las comparaciones siempre son odiosas y cada quién va a defender a capa y espada lo suyo. La diferencia está en que ellos me hablan de dos o tres cosas y yo les respondo con diez o quince. He tenido muchas discusiones que comenzaron en broma y terminaron en debates acalorados.
Tenemos a la gastronomía y la historia como nuestros principales caballitos de batalla, la diversidad que tenemos solo en esos dos ámbitos es impresionante. Ahora creo que podemos sumarle una economía estable y en crecimiento que es tentativa para cualquier tipo de inversión. No pongo a la geografía en este ámbito porque, si bien es cierto nuestra geografía es impresionante, no es única en su tipo. Otros países de la región también poseen cosas similares en cuanto a lugares geográficos se refiere. Solo me quiero centrar en lo único e irrepetible que tenemos en comparación con el resto.
En el colegio estudiábamos a las culturas preincas: Nasca, Paracas, Chavín o Chachapoyas. En nuestras casas comíamos ají de gallina, arroz con pollo, seco con frejoles, causa. Todo eso es nuestro y a veces no les prestamos atención porque lo vemos como parte del día a día. Cuando salimos fuera del país estamos forzados a comparar lo nuestro con otros países y es ahí que nos damos cuenta que tienen poco o nada en comparación cuantitativa, no cualitativa porque, como alguien dijo un día, “de gustos y colores no han escrito los autores”.
Con este relato no quiero decir que el Perú es mejor que el resto porque eso es subjetivo, simplemente que tenemos más cosas que ofrecer que el resto y que debemos explotar esa ventaja. Creo que con la excepción de México, país que cuenta con una variedad muy parecida a la nuestra, tenemos todo para ser la mejor marca país de América y una de las mejores del mundo. Creo que todos nosotros debemos dar nuestro granito de arena y hacer todo lo posible para mejorar nuestra no tan buena imagen en el exterior. No perdamos lo nuestro mientras vivamos fuera porque si lo hacemos significaría que nunca lo quisimos… ¡y cómo no querer al Perú!, me pregunto cada vez que me cruzo con gente (no les digo compatriotas porque dejaron de serlo por decisión propia) que ya se olvido de sus raíces. Es algo que nunca entenderé.
José Ángel Vásquez, Canadá
* Todos los interesados en publicar una historia en “Yo también me llamo Perú” pueden enviar sus artículos y fotos a los siguientes correos: editorweb@comercio.com.pe y jortiz@comercio.com.pe

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