Una peruana como ustedes
No sé cómo empezar, porque tengo mucho que contar. En estos dos años fuera de mi país me han ocurrido muchas cosas, no diremos buenas o malas, solo cosas por la que debemos pasar todos los que optamos por dejar nuestro querido Perú, ya sea por necesidad o por amor. En mi caso, fue por amor.
Foto: earlycj5/ Flickr
En mi país siempre tuve todo lo que quise. Tenía un trabajo estable (era maestra de lenguaje y literatura), tenia a mis amigos, a mi familia y comía muy rico. Por esa razón, nunca pense en abandonar todo eso e irme lejos. Pero como dice un viejo refrán; uno nunca sabe lo que le deparará el futuro.
Tuve un novio por casi cuatro años, pero las cosas no resultaron y decidí seguir mi camino sola. No estaba interesada en tener otro novio, pues pensaba que era una pérdida de tiempo. Pero la vida me deparaba un destino muy diferente, lejos de todo lo que había conocido.
Ahora me encuentro viviendo en Kansas, Estados Unidos. Estoy casada con un americano muy bueno y comprensivo, gracias a Dios. Ustedes se preguntarán cómo lo conocí. Bueno, eso se los contaré otro día.
Cuando llegué aquí, me di cuenta que todo era extremadamente diferente a mi país, empezando por el idioma. ¡Dios, no entendía nada! Seguro muchos dirán: “si no sabes el idioma, ¿por qué te fuiste?” Bueno, déjenme decirles que cuando uno se enamora en lo que menos piensa es en ese pequeño y gran problema. Bueno, entonces no me quedó más remedio que estudiar.
Otra de las cosas que tuve que hacer fue aprender a manejar. Para mí fue un horror. Nunca tuve la necesidad de aprender porque, como ustedes saben, en Perú lo que sobran son buses, combis y taxis y tampoco tenía un carro. Pero aquí tenía que hacerlo, ya que donde vivo no hay buses, ni taxis. Por lo tanto necesitas de tu propia movilidad para trasladarte al trabajo o a la escuela.
“¿Qué se hace?” – me decía a mi misma- “Tengo que hacerlo!…y lo hice. La primera vez que fui a dar mi examen de manejo tuve una desagradable experiencia con el instructor. No sé qué problema tenia con los latinos; gritaba y me trababa de mala manera. Me parece que nos odiaba, por eso decidí irme y no dar el examen ese día. Gracias a Dios la segunda vez me toco un señor amable, con el que no tuve ningún problema y pase mi examen. Ese día me sentí muy bien, por fin podría ir donde quería sin tener que esperar que alguien me lleve a todos lados. Obtuve mi independencia.
La comida fue otra de las cosas que más me afectó. Aquí definitivamente no se come bien. Nada es fresco, ni siquiera los vegetales. Cómo extraño el pescadito frito, el ceviche, el pollo a la brasa, el ají de gallina… Todas esas delicias que aquí en Kansas uno no encuentra. Tal vez uno pueda hallarlas en otros estados, pero aquí no. Por eso trato en lo posible de buscar productos mexicanos que en algo alivian mi nostalgia. Aunque a veces es imposible encontrar una gallina para hacer un buen caldito.
¡Cómo extraño a mi familia! Está tan lejos… Extraño especialmente a mi mamá, con la que tenía una linda relación. Podía contar con ella para todo, de manera incondicional. ¡Ay mamita, cómo te extraño y te quiero!
Aquí estoy solo con mi esposo. No tengo amigos, ni familia cerca. Eso duele mucho. A veces me he sentido tan sola, deprimida y con ganas de regresar a mi país…Déjenme decirles que hasta el más fuerte se quiebra por la nostalgia. No hay nada más preciado que la familia, ese calor de hogar que uno no encuentra en ningún lado. Ningún dinero del mundo puede pagar eso.
En cuanto a mi esposo, no puedo quejarme es muy bueno y lo amo mucho. Creo que si no hubiese sido por su amor y su apoyo incondicional, no hubiera podido superar muchas cosas.
Sin embargo, hay cosas muy rescatables de vivir en este país tan diferente de mi querido Peru. Una de esas cosas es el respeto por lo bienes ajenos. Aquí donde vivo nadie se atreve a tomar nada del vecino. Puedes dejar tu bicicleta, tu carro o algún paquete que recibiste por correo afuera de tu casa y allí lo vas a encontrar. Nadie tira basura a la calle, existen depósitos de basura en todas las calles, inclusive para cuando los perros defecan. Hay una cultura de respeto por la ciudad y las personas que viven en ella, algo que me gustaría ver en mi país. Es un sueño, pero quizás algún día se haga realidad.
Muchos dicen que este es el país de las oportunidades. Déjenme decirle que es cierto, aunque probablemente antes de la crisis fue mucho mejor. Sin embargo, el alcanzar tus metas depende de todo el esfuerzo que pongas, sobre todo a nivel profesional, porque aquí comienzas de cero. Sin licencia no puedes trabajar en tu profesión. Por eso espero muy pronto obtener la mía para poder enseñar español. Tengo que pasar algunos exámenes y con la ayuda de Dios y el esfuerzo que le ponga, sé que lograre lo que me he propuesto.
Aquí la gente trabaja muy duro para conseguir todo lo que tiene. El dinero no crece en los árboles, como muchos piensan. Mis respetos para todos aquellos que dejaron mi querido país por alcanzar una vida mejor. Ahora que comprendo y sé lo que se siente estar fuera de tu país, permítanme decir una cosa: Perú; te amo con todo mi corazón.
Mairim, Kansas, Estados Unidos
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