De Qoyllur Riti a Kuchuhuasi
La UNESCO acaba de reconocer a la gran peregrinación del Qoyllur Riti como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. El Qoyllur Riti forma parte de un grupo de 17 riquezas peruanas, junto al Manu, el Cusco, Machu Picchu, las tradiciones orales de los Haramkbut de Madre de Dios, Chan Chan, los tejidos de Taquile o los danzantes de tijeras, que tienen la categoría de patrimonio mundial.
Hace dos años hice la peregrinación. Llegué a Mahuayani con Mónica y con Roger, y comenzamos una larga y suave ascensión hasta los 4,500 msnm. Estaba rodeado de miles de personas. Algunos cargaban niños, otros enormes lienzos del Cristo de las Nieves, muchos llevaban su casa a cuestas… era una enorme y silenciosa marea humana que caminaba hacia el valle del nevado Sinakara. Antes de llegar me encontré con 12 estaciones o cruces, donde la gente paraba a poner una vela y a rezar. Después pasé junto a los puestos de comerciantes, los lugareños me decían que eran aymaras que habían venido del Altiplano para vender casas, dinero, camiones, títulos universitarios… ofrendas en miniatura para ese Cristo de color casi negro.
La gente iba llegando de todos los puntos cardinales. Muchos organizados en Naciones, como la de los Qeros, que caminan durante tres días desde sus lejanas comunidades ubicadas en la ruta al Manu. Y todos nos íbamos congregando en la gran explanada de pasto que se encuentra junto al Santuario del Señor de Qoyllur Riti. Todo estaba oscuro, hacía mucho frío y como estaba cansado me fui a mi tienda de campaña a dormir. Toda la noche, todo el día, todo el tiempo, la gente bailaba y cantaba incansable. 90 mil personas de todo el Ande sudamericano danzando en la oscuridad, y sin probar una gota de alcohol, vigilados para eso por los Pabluchos.

Me levanté al amanecer y me uní a uno de los grupos que comenzaba la ascensión al nevado Sinakara. Las montañas que me rodeaban estaban serpenteadas por las largas filas de las Naciones que iban llegando a la nieve. Me decían que cada Nación tiene su camino.

Desde la punta del nevado descendía un grupo de personas sujetadas con cuerdas y con crampones. Llevaban cargando dos enormes cirios encendidos y una gigantesca cruz. Los miraba mientras observaba de reojo a cientos de personas junto al hielo, unos lloraban, otros rezaban, muchos recogían gotas de agua y las metían en botellas de plástico. Yo también hice lo mismo.
De regreso, las miles de personas empezaron a caminar hacia la pequeña iglesia. Todo era gente. Todo estaba lleno de personas portando retratos del Cristo de la Nieve. La iglesia estaba a reventar. No entraba nadie más pero daba igual, todos seguían llegando como olas humanas, con trajes llenos de colores, cantando y bailando.

Desde la primera vez que fui a la zona del Ausangate, la montaña sagrada de la cosmovisión andina y que se encuentra frente al Sinakara, me enganché con el lugar. Una de esas veces recorrí el valle de Ocongate y sus alturas. En esa ocasión llegué a Kuchuhuasi, una minúscula capilla de adobe y techo de paja de casi 250 años de antigüedad, y que estaba casi abandonada. Para llegar a ella crucé un pequeño puente de madera que tenía la cabeza de una muñeca en uno de sus postes.
.Dentro del templo, un cuarto de apenas ocho metros cuadrados, había figuras de santos y pinturas murales. Cirila me contaba, dentro de su casa, rodeada de sombreros de plumas de guacamayos y tejidos de alpaca, que estaban preocupados porque los evangélicos, en su fanatismo de destruir las figuras religiosas, estaban llevándose cuadros, esculturas y quemando algunas capillas
Kuchuhuasi, esa capilla vacía, minúscula y casi desconocida, es mi recuerdo a la gran peregrinación de América, el Qoyllur Riti. Una capilla, como tantas otras en el Perú, que guarda tesoros e historias mágicas esperando ser descubiertas para toda la humanidad, como la fiesta del Señor de las Nieves.

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