La iglesia más antigua del Pacífico Sur
Colán, el balneario más característico de Piura, se encuentra a unos 55 kilómetros de la ciudad. Gran parte de ese recorrido se hace por la nueva carretera interoceánica IIRSA Norte que une Paita, con Yurimaguas y Brasil. Es un balneario largo y ancho, limitado por un lado con el rico mar piurano y por el otro con cerros y rocas de colores rojos y amarillos. Entre ambos se encuentra el enorme conchal de arena y tierra en el que se ubica el pueblito y la fila de casas de madera sobre pivotes que miran al mar. Hacía muchos años que no regresaba a este lugar, donde abundan ricos restaurantes y algunos hoteles a los que acuden aficionados al windsurf, la playa y las motos acuáticas.
Ajena y aislada a todo ello se encuentra una iglesia sobre un promontorio en el que antiguamente había un asentamiento humano. Es la iglesia San Lucas de Colán, construida por los dominicos Indalecio Astorga y Bonifacio Escoquis en 1536, lo que la convierte, según la inscripción que aparece junto a una de sus entradas, en la iglesia más antigua del Pacífico Sur.
Durante la semana de viaje que hice entre esta parte de Piura y las lagunas de los curanderos de Huancabamba, no había visto una iglesia igual. Tiene algo de tierna y sencilla, y está dedicada al apóstol San Lucas el Evangelista, cuya fiesta se celebra el 18 de octubre. Fue construida de piedra caliza y roca fosilizada de origen marino sin enlucir, con cuatro enormes columnas en su fachada principal y un interior lleno de esculturas de roble y cedro de santos, vírgenes y Cristo, un piso de madera y un techo a dos aguas machihembrado. El altar tiene algo de majestuoso, además de pan de oro, también está hecho de madera y posee columnas salomónicas y un escudo nobiliario de los Hansburgo.

San Lucas de Colán es de esas iglesias que conservan, de alguna manera, una densidad espiritual, fruto del tránsito de los siglos, que las hacen más silenciosas, más acogedoras y más admirables a medida que pasa el tiempo. Me pregunto sorprendido por qué los evangelizadores decidieron construir la primera iglesia de América del Sur en este lugar, y deseo tener una máquina del tiempo para regresar a 1536 y ver el Colán de entonces, quizá habitado por pescadores tallanes que, sorprendidos también, mirarían a los españoles recoger enormes piedras para levantar un templo que mira al mar.


:quality(75)/2.blogs.elcomercio.pe/service/img/zonadeembarque/autor.jpg)