Constructores de guitarras
Yo no sé tocar la guitarra, pero me hubiese llevado feliz la que Edilberto Correa me mostró con el mayor de los orgullos. Una guitarra construida durante cuatro meses en madera de jacarandá y caoba. Una guitarra deslumbrante que sobresalía entre violines, retintos y otras guitarras que estaban colgando en proceso de construcción.
Estoy en el barrio El Tambo, de Namora. Un minúsculo barrio comparado con el gigantesco colegio que se encuentra en él. Me pregunto si hay alumnos suficientes, en este pequeño pueblo rodeado de ex haciendas ganaderas y ubicado a unos 35 kilómetros del centro de Cajamarca, para llenar sus instalaciones. Alrededor una cuantas casas muestran sus letreros de ‘se venden guitarras’. Un poco más allá, camino a la hermosa laguna de San Nicolás, la comunidad de Shilacat también es otro centro de artesanos guitarreros.
Antes de llegar a donde estos maestros he pasado por la laguna Sulluscocha, uno de los lugares donde los ceramistas cajamarquinos extraen la arcilla, por las pinturas rupestres de Callacpuma y por el bello pueblo de Llacanora. Al llegar a Namora pregunto por los artesanos. La primera información que me dan es que vaya a visitar a ‘El Cabezón’, que resultó ser Hermógenes Romero. Su hijo estaba en un pequeño taller terminando una guitarra construida con pino báltico, mientras su madre desgranaba las semillas de la piña. A 120 soles el kilo me dijo que las vende, después se sembrarán y crecerán, regando de verde oscuro los valles y cerros de esta provincia.
Algunos de estos artesanos también saben tocar. Otros no. La mayoría envía sus guitarras a la ciudad de Cajamarca y a Lima, donde se venden en varios de los locales ubicados en la Plaza 2 de Mayo del centro de la capital. Es rentable me dicen. A diferencia de otros muchos artesanos con quien he estado en este viaje por la bella Cajamarca, el trabajo de elaboración de guitarras parece que es rentable. Me alegro.
Les dejo en sus talleres y comienzo la subida hacia la laguna de San Nicolás, donde sus pobladores me muestran orgullosos los pejerreyes que han cosechado de sus aguas, entre caballitos de totora, porque en este lugar, como en Huanchaco o el Titicaca, también se usan estas antiguas embarcaciones. Pero esto es tema de otra canción.

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