Tres escenas en la ruta a los brujos
Escena 1

Todo comienza en silencio. Es denso, fresco y agradable. Estamos rodeados de ruidos todo el día y cuando entro en un lugar así lo agradezco especialmente. Dicen que sin silencio interior no hay sabiduría. A veces pienso que los ruidos son una manera de no entrar y escucharnos a nosotros mismos.
Estoy dentro de una iglesia de piedra caliza. Se encuentra en un gran canchón prehispánico. Solitaria. Mira, desde la parte alta donde está ubicada, hacia un océano y unos atardeceres únicos, y a un pueblito rico en comida y deportes marinos. Su interior, que es de madera de roble y cedro y está adornado de esculturas antiguas, me transmite mucha paz y calma. El silencio es más denso, más rico. Estoy en la Iglesia San Lucas de Colán, a unos 55 kilómetros de Piura, el templo más antiguo de todo el Pacífico Sur. Una joya construida en 1536.
Escena 2
El verde es brillante. El valle está surcado por el río Piura y las playas que forma contrastan con los molles y la flores de las orillas. El clima es cálido, el azul del cielo intenso, los pueblos pequeños, ricos en fruta y gente agradable. Es frecuente ver burros, caballos, ovejas y cabras, y personas sonrientes recostadas en una hamaca. En medio de ese incipiente bosque, que kilómetros después, a la altura de Canchaque, formará una especie de selva serrana, exuberante y cafetera, se levantan, como Quijotes, enormes ceibos. Es llamativo viajar por esta Concesión de Carreteras y encontrarse estos gigantes, desperdigados y con las ramas abiertas como brazos, entre el resto de la vegetación. Árboles con panza donde acumulan agua para la época en que no llueve en este bosque seco ecuatorial, y cuyas flores rojas producen un algodón que la gente local usa para hacer almohadas y colchones.
Escena 3
Me encuentro en una especie de puna que se llama páramo. Estoy rodeado de bosques de rocas, diminutas flores de colores y mucha niebla. Está garuando y casi todo es plano. Los caseríos son pequeños, las mujeres con las que hablo me muestran los tejidos que hacen y me piden que les saque una foto, y los hombres, a caballo, me invitan a acompañarles a alguna de las lagunas que tapizan este territorio. Estoy en las partes altas de Huancabamba, la tierra de los brujos y chamanes por excelencia, destino de los viajeros místicos que acuden a esas lagunas a realizar sus ceremonias para, después, recluirse en las casas de los chamanes a tomar plantas y otros productos que limpiarán su cuerpo y su alma.
Epílogo
Las tres escenas pertenecen al viaje entre la costa piurana y su sierra, donde se encuentra la pequeña y tranquila ciudad de Huancabamba. En esta carretera Graña y Montero ha desarrollado la Concesión que une, de forma cómoda y segura, las localidades de Buenos Aires y Canchaque. La ruta atraviesa una gran diversidad de paisajes y naturalezas, y muchos pueblos llamativos y ricos en arte popular, como Yapatera, Chulucanas, Morropón, el Templo de los Jaguares, Sóndor o Salalá. La web, recientemente lanzada, ofrece toda la información necesaria para poder hacer ese viaje, descubriendo todos esos lugares para, los que deseen, terminar sumergiéndonos en las heladas lagunas que nos ayudarán a reconectarnos con nuestra luz y silencio interiores.
Información: www.concesioncanchaque.pe

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