Brasil 2014 fue el Mundial que cambió la historia en la forma cómo los periodistas interactuaban en las redes sociales.
Brasil 2014 fue el Mundial que cambió la historia en la forma cómo los periodistas interactuaban en las redes sociales.
José Antonio Bragayrac

Es cerca del mediodía y la luz exagerada del recinto resalta su esbelta sonrisa. Nada lo doblega mientras se ampara en una pericia única para el asombro en medio de una sala de prensa tupida de acciones mecánicas y apuros casi robóticos. Como Maradona ante los ingleses en la jugada de todos los tiempos, se conduce con inverosímil naturalidad entre un centenar de corresponsales de todas partes del mundo. Meticuloso, parece fiarse únicamente de su olfato periodístico para reconocer la noticia en los temas más triviales de conversación y hasta en la forma de saludo. Y entonces, con esa cadencia propia de quien se siente prodigioso porque acaba de concebir una obra de arte; te mira a los ojos, sonríe y pregunta:

-¿Te has dado cuenta que aquí ya no hay teléfonos fijos?

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Repite el ejercicio con cuanto colega se topa en el prodigioso centro de prensa implementado con seis meses de anticipación en el reverdecido estadio de Maracaná en la ciudad de Rio. Es el lunes 6 de julio de 2014 y en poco más de cuarenta y ocho horas una espeluznante Die Mannschaft patentará la aniquilación sentimental con un arrollador 7-1 sobre el Scratch de Luiz Felipe Scolari.

-Mi nombre es Luis Sánchez, soy enviado especial del diario El Nuevo Herald. Mucho gusto-.

En Estados Unidos acostumbran firmar sus notas con el apellido paterno y solo la inicial del materno. Él firma sus envíos como Luis F. Sánchez, pero con la F de su segundo nombre, que es Felipe. Tiene 64 años, una agilidad colosal para el diálogo y para caminar sin inmutarse bajo el efusivo sol de otoño. Es peruano, pero radica en Miami hace más de dos décadas y en Perú ha sido jefe de la sección de deportes en los diarios Extra y Expreso durante segundo gobierno de Fernando Belaúnde Terry.

La sala de prensa de Brasil 2014 fueron las primeras que no tuvieron teléfonos fijos en toda la historia de los mundiales. (Foto: José Bragayrac / GEC)
La sala de prensa de Brasil 2014 fueron las primeras que no tuvieron teléfonos fijos en toda la historia de los mundiales. (Foto: José Bragayrac / GEC)

“Mira tú, que he hablado con varios periodistas jóvenes y ninguno se ha percatado de que ya no hay teléfonos fijos en la mesa. No les llama la atención porque no tenían previsto utilizarlos, ahora todos son multimedia; una misma persona graba, edita y escribe para el papel o la versión digital de su medio, solo necesitan el celular y la computadora”, exclama horas después mientras saborea un trozo de carne que adereza con un contundente vaso de refresco para apaciguar el desafío digestivo.

Luego del aperitivo en un tradicional restaurante de la avenida Xao Francisco Xavier, ubicado a dos calles del Maracaná, hace el camino de vuelta a pie y a la entrada del estadio se detiene repentinamente. Lo contempla unos segundos con las manos a la cintura y se sobresalta como quien acaba de presenciar un gol olímpico. Consulté con el responsable de las operaciones mediáticas de la FIFA y me contó que de las 10 mil solicitudes de acreditación para Brasil 2014, solo cinco preguntaron si habría teléfono fijo en la sala de prensa. Es por eso que por primera vez en Brasil 2014 no hubo teléfonos fijos en las salas de prensa”, afirma.

-¡Qué locura!-.

Luis Sánchez, enviado del Nuevo Herald de EE.UU. junto al autor de esta nota. (Foto: GEC)
Luis Sánchez, enviado del Nuevo Herald de EE.UU. junto al autor de esta nota. (Foto: GEC)

-Superman, Sotil y el Mineirazo-

Entre el heroísmo mitológico del uruguayo Obdulio Varela en el Maracaná de 1950 y el golpazo feroz de André Schürrle en el Mineirao de 2014 hubo 618 millones de testigos en tiempo real de diferencia. Entre el primer gol de Thomas Müller y el sollozo desbordado de David Luiz tras el pitazo final del mexicano Marco Antonio Rodríguez hubo 700 millones de tweets en todo el planeta y 260 millones de aficionados siguiendo el 7-1 desde un dispositivo móvil según el reporte final consignado en la página oficial de la FIFA. Nadie levantó el auricular de un teléfono fijo.

Vence Alemania, cae Brasil. Postal de una noche vergonzosa para la 'Verdeamarela' en el Mineirao de Belo Horizonte. (Foto: Agencias)
Vence Alemania, cae Brasil. Postal de una noche vergonzosa para la 'Verdeamarela' en el Mineirao de Belo Horizonte. (Foto: Agencias)

Como la máquina de escribir y el télex, los teléfonos fijos se convirtieron en un objeto que ya solo se acaricia desde la nostalgia. Incluso Superman dejó atrás esa secuencia clásica en la que se despoja de su vestimenta normal para enfundarse en su traje de superhéroe en una cabina telefónica. La figura de DC ya no alza el auricular, como sí lo hizo Hugo Sotil –uno de nuestros héroes de carne y hueso- la tarde del 27 de octubre de 1975, cuando horas antes de la final de la Copa América ante Colombia, sorprende desde un teléfono fijo a doña Nora Yerén, su madre, para contarle que ha dejado el Barcelona de España y se encuentra en Caracas, Venezuela, con la selección peruana que dirige Marcos Calderón.

-”¿Aló? ¿Mamita? Cómo estás, mamita. Mira que ya estoy aquí para defender a la patria donde nací”-, dice el “Cholo” emocionado a través del hilo telefónico.

Además de 30 relojes y ropa para dos días que su esposa Guillermina le había acomodado en la maleta, Hugo llevaba consigo una angustia extrema porque –como narraría para el periodista Ángel Hugo Pilares de El Comercio 41 años después-, había telefoneado sin éxito a cinco hoteles de Caracas en su urgencia por saber dónde se alojaba la selección peruana. Felizmente el “Cholo” llegaría a tiempo para darle el triunfo y el título continental a Perú. Al día siguiente, tras besar el trofeo de la Copa América, no hubo tiempo de marcarle a doña Nora desde el teléfono fijo. Debía subirse a un avión de regreso a Barcelona.

-”Mira mamita, te dedico un gol para ti y mi querido Perú”-, fue lo último que la había dicho a doña Nora la noche anterior a través del auricular. Y el ‘Cholo’ cumplió.

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Como cumplió la selección peruana en una de sus jornadas más memorables al vencer en esa misma edición de Copa América, pero en semifinales, al portentoso Brasil por 3-1 en Belo Horizonte. En el mismísimo Mineirao, con dos tantos del ‘Loco’ Casaretto y un golazo de Teófilo Cubillas. Ahí, en el mismo escenario donde, 39 años después, la Alemania de Joachim Low repetiría la proeza en un evento deportivo sin precedentes al que hoy los libros de historia le llaman el Mineirazo.

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