Por Eliezer Benedetti

“¿Para volver a mi nivel? Tengo que resolver el tema de mi rodilla, parece que no me quiere dejar jugar”. A partir de esa frase —pronunciada con la voz quebrada y una leve sonrisa dibujada en su rostro para ocultar su enorme frustración—, Paolo Guerrero inició un largo camino de incertidumbre, que todavía no encuentra un final más de 215 días después. Y, aun así, continúa corriendo contra el tiempo.

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