Claire Bishop: “Prefiero pensar en la atención como algo social”
Invitada al Hay Festival de Arequipa, una de las críticas de arte más influyentes explica cómo el sistema de producción capitalista en el siglo XIX y ahora las tecnologías digitales transformaron nuestra capacidad de atención.
Claire Bishop es una historiadora y crítica de arte británica, colaboradora de revistas de arte tan influyentes como Artforum y October. Participó en el Hay Festival de Arequipa gracias al British Council.
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Claire Bishop es una historiadora y crítica de arte británica, colaboradora de revistas de arte tan influyentes como Artforum y October. Participó en el Hay Festival de Arequipa gracias al British Council.
/ vicrasuba
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Leer rápido y por encima. Ver solo una parte de la muestra, tomar algunas fotos, registrar un QR, cargar la información en el celular y leerla cuando haya tiempo. Lo que considerábamos poner atención hoy se ha convertido en operaciones de sobrevuelo, muestreo y escroleo. Tan dedicados como estamos en nuestros asuntos, no advertimos que la atención, o la forma en que la entendemos, ha cambiado profundamente a partir del uso de toda la parafernalia de pantallas y dispositivos. En “Atención trastornada”, la influyente historiadora y crítica de arte Claire Bishop, prescindiendo de toda actitud melancólica, analiza los cambios que han sucedido en nuestra capacidad de concentración.
Leer rápido y por encima. Ver solo una parte de la muestra, tomar algunas fotos, registrar un QR, cargar la información en el celular y leerla cuando haya tiempo. Lo que considerábamos poner atención hoy se ha convertido en operaciones de sobrevuelo, muestreo y escroleo. Tan dedicados como estamos en nuestros asuntos, no advertimos que la atención, o la forma en que la entendemos, ha cambiado profundamente a partir del uso de toda la parafernalia de pantallas y dispositivos. En “Atención trastornada”, la influyente historiadora y crítica de arte Claire Bishop, prescindiendo de toda actitud melancólica, analiza los cambios que han sucedido en nuestra capacidad de concentración.
Socialmente, la atención se celebra mientras que la distracción se condena y reprende. ¿A qué se debe este juicio moral?
Nos podemos remontar a mediados del siglo XIX y sus avances tecnológicos para apreciar los cambios que experimentó nuestra capacidad de atención. En mi libro lo advierto en relación con museos y galerías, pero el fenómeno se da fundamentalmente en el ámbito laboral y las fábricas. Hoy en día vemos la continuación de ese juicio moral en el capitalismo liberal y su deseo de un trabajador eficiente, concentrado y productivo, para maximizar el flujo de capital. Hoy trabajamos y vemos películas en nuestras computadoras portátiles, en una completa difuminación entre el placer y el trabajo, el ocio y las compras online. Antes hablábamos de la relación de la clase trabajadora con el cine, o del ama de casa en relación con la televisión, pero en nuestro tiempo, la ansiedad gira en torno a las redes sociales.
Una saturada sala de exposiciones en Somerset House, en Londres, recreada por el artista británico Thomas Rowlandson en 1808. (Foto: Getty Images)
/ Culture Club
¿Cómo se ha transformado nuestra atención en nuestra forma de consumir cultura?
Intento contrarrestar la tendencia apocalíptica de tantos libros escritos sobre el Internet y la tecnología digital. Intentaba mantenerme lo más neutral posible respecto a la tecnología. Sin embargo, terminé mi libro en 2023, y debo decir que en los últimos dos años han ocurrido tantas cosas, especialmente en la forma en que Silicon Valley se ha plegado con tanta facilidad a la agenda de Donald Trump. Eso me hizo cuestionar la neutralidad tecnológica. Ahora es mucho más difícil ser tecnológicamente neutral.
Pero para responder a tu pregunta, creo que la transformación principal tiene que ver con la experiencia híbrida del espectador. Ahora vemos todo a través de nuestros teléfonos. Es completamente normal visitar galerías, tomar fotografías y compartir imágenes. Se trata de una relación distinta con la atención, con el consumo y la circulación de obras de arte. Además, el espacio del arte ha cambiado: ya no se limita a las galerías y los museos: ahora es el ciberespacio. Y al mismo tiempo, tras la pandemia, existe en la gente un enorme deseo de vivir la experiencia física, espacial y social de ver la cultura en teatros, en espectáculos, en galerías.
¿Debemos resignarnos a los cambios en nuestras formas de atención? Te propongo un ejemplo común: ¿Aceptamos en el cine que la persona al lado encienda su celular, envíen mensajes o se ponga a hablar?
Es una buena pregunta. Estoy muy indecisa al respecto. Soy muy abierta a las distracciones, pero al mismo tiempo odio que en el cine la gente use el teléfono a mi lado o coma palomitas. Siendo hoy tan caro el cine, si decides ir es porque realmente quieres una experiencia inmersiva. Así que creería que estaría bien decirle a la otra persona que apague su celular. Pero también hay un aspecto político importante: juzgamos muy rápido a las personas si usan el teléfono, sin saber por qué lo usan. Desconocemos su situación familiar, si tienen padres enfermos o están coordinando alguna emergencia con la niñera. A menudo, se juzga muy mal, con mucho esnobismo y prejuicios clasistas, a quienes usan el teléfono en el cine o en el teatro.
A comienzos de siglo XX nació el “cubo blanco” modernista, que introdujo una mayor separación espacial entre las pinturas, para la atención de un espectador atomizado y autocontenido, según Bishop. (Foto: Getty Images)
/ Judith Burrows
¿Y qué opina de tomar fotos en los museos? ¿Ver cientos de celulares ocultándote el cuadro?
Un gran cambio se produjo alrededor de 2010 con la llegada de los smartphones, cuando los museos decidieron que era genial que la gente pudiera hacer fotos y publicarlas. Se dieron cuenta de que eso era publicidad gratuita. No quiero parecer esnob con respecto a tomar fotos en los museos, porque yo también las tomo, y muchas, aunque sea por razones distintas a las de los turistas. A menudo capturo detalles o cosas que quiero recordar, es una forma de tomar notas digitales. Creo que tomar fotos no es necesariamente cuestionable. Hay que tener en cuenta la situación social: si hay mucha gente interesada en ver una pintura, no deberías acaparar la atención con tu cámara. Se trata de ser consciente y considerado.
En tu libro muestras los cambios en el diseño de las galerías de arte. ¿Cuánto hablan estos cambios de la transformación de nuestra atención en cien años?
Hay un gran cambio desde las galerías del siglo XIX, con su profusión de cuadros, hasta el modelo de sala como moderno cubo blanco. El cambio se centra en la individualización de la atención. Es interesante observar los antiguos grabados de exposiciones: hasta la década de 1870, se trataban de situaciones colectivas, conversaciones sociales. Pero las cosas cambiaron desde entonces. Las exposiciones se volvieron más íntimas, con menos obras de arte en las paredes. Lo que intento hacer es replantear nuestra idea de la atención, alejándome del modelo del sujeto individual que observa un objeto. Prefiero pensar en la atención como algo social, afectado por el clima, el ruido, el sonido, la presencia de otras personas, los deseos colectivos e incluso los miedos y ansiedades de tu entorno. Por lo tanto, se trata de un modelo de atención que se asemeja más a un ensamblaje o un entrelazamiento que a la clásica dicotomía sujeto-objeto.
¿Cuál es el espacio entonces para la atención profunda?
Estoy en contra de la atención profunda como método moderno. La verdad es que nunca hemos estado completamente atentos. Nuestros cerebros constantemente van y vienen en diferentes direcciones, pensando en diferentes cosas. Una atención total en algo no existe sin un entrenamiento previo, como es, por ejemplo, la práctica de la meditación. Pero el ciudadano de a pie, incluso un estudioso académico, no es realmente capaz de prestar una atención profunda en una sola cosa. Para prestar atención profunda se necesita tiempo, y tener acceso al tiempo es hoy un privilegio.
En tu libro, cuestionas la idea del teórico Marshall McLuhan, que proponía que los artistas eran un “radar” que nos permitían descubrir fenómenos sociales. ¿Crees que la figura del artista de vanguardia ha dejado de ser válida?
La tecnología ha cambiado tan rápido que todos luchamos por adaptarnos a ello. Por ejemplo, hoy es muy difícil para un artista crear algo con tecnología digital que no haya sido ya imaginado por las empresas que producen los softwares y hardwares. ¡Es muy difícil para un artista estar a la vanguardia! Quizás ha llegado el momento de pensar en un modelo diferente, alejado del concepto militar de vanguardia. Una de las razones por las que me interesa estar en Perú ahora es porque aquí veo mucho arte contemporáneo de artistas que no miran hacia las nuevas tecnologías, sino hacia atrás, a sus culturas ancestrales. No solo debemos mirar hacia adelante, también hay espacio para otras miradas.