Jorge Barraza

“Bienvenido, welcome home, oh-oh-oh-oh-oh… y aquí vamos, here we go, oh-oh-oh-oh-oh…” Arhbo explota en los parlantes de los estadios y de los fan fest, el público salta, baila y canta, se abraza y ríe. El maravilloso tema del es seguramente el mejor gol de Ozuna, el prolífico músico portorriqueño, que ya compite en buen gusto con el inolvidable Un verano italiano (Italia ‘90), la genial Copa de la Vida, de Ricky Martin (Francia ‘98) y el Waka Waka interpretado por Shakira (Sudáfrica 2010). El volumen está a mil, un par de millones ha venido a disfrutar, sus selecciones ya prontas a salir al campo y todos con su camiseta. Es la fiesta que da la Copa del Mundo durante un mes cada cuatro años. Quien la vivió se la lleva guardada en el bolsillo izquierdo de la camisa, el que va pegado al corazón.

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Europa, el continente más futbolero junto a Sudamérica, incluso el de mayor poderío económico, le dio la espalda al Mundial. Aportó 13 selecciones, sin embargo, es el que menos hinchas trajo. Apenas unos puñaditos. Decididamente, boicoteó la Copa. Sólo por eso no merecería un europeo llevarse el trofeo. Si juegas bajo protesta, pues, déjasela a otro.

Juanfe Sanz Pérez, enviado especial a Qatar de El Chiringuito (el famoso programa deportivo español de TV), enumeró, entre otras causas de la eliminación ibérica, la falta de apoyo desde las tribunas. “Eso también influyó”, dijo. Efectivamente, el aliento para los marroquíes fue auténticamente impresionante, casi feroz, sin parar un segundo, mientras alguien, mimetizado en la multitud, agitaba tímidamente una banderita española. “Era 9 a 1 a favor de los marroquíes. Y ni eso, ni uno -siguió Juanfe-. No habría ni mil españoles, apenas un grupito de familiares de los jugadores ubicados detrás del banquillo de España”. En cambio, la gente de Marruecos rugía, semejaba a la hinchada de Boca cuando pone a temblar La Bombonera. “Y eso influye”, redondeó Sanz Pérez. La inmensa mayoría de los 44.667 espectadores fueron marroquíes. Quizás más de 40.000 eran magrebíes, pese a que Marruecos está a la misma distancia de Qatar que España. Incluso el poder adquisitivo hispano está seguramente muy por encima del de sus vecinos africanos. Y España tenía más pinta de candidato que Marruecos (aunque en la cancha no se notó). ¿Por qué tanta diferencia…?

“¿Y qué pretendes…? ¿Quién quieres que vaya a Qatar…? Ese Mundial es el peor organizado de la historia. Eso es lo último de lo último, que no, que no…”, gritaba desaforado desde el estudio, en Madrid, un compañero de Sanz Pérez que no vino al Mundial. Ni a este ni posiblemente a ningún otro, pero tiene la vara para medir la calidad de los torneos.

Los protagonistas

España compitió a la par de Francia y Alemania en desacreditar desde antes del comienzo este bellísimo campeonato. Asustaron a la gente, por eso no vino en número importante. La acobardaron desinformando, con el tema del clima (“es un país horno”), los precios altísimos (muy al contrario), que no había hotelería suficiente, que vendrían a un estado parapolicial que los tendría vigilados, sin derechos humanos y con leyes y costumbres medievales, que las mujeres no podrían mostrar escotes audaces o brazos y piernas al desnudo, y varios etcéteras más. Todo desvirtuado por la realidad. También, que vendrían a un Mundial manchado de sangre, la de los obreros extranjeros que, aseguran, murieron construyendo los estadios a causa del calor. Esta es la más fuerte de las acusaciones, y aún esperamos que la Organización Internacional del Trabajo (OIT), familiares de las posibles víctimas o los gobiernos de los ciudadanos que trabajaron aquí se manifiesten y aporten pruebas. Las denuncias están basadas en notas de prensa europeas.

En Dinamarca, el país más crítico del Mundial -pese a lo cual envió su representativo nacional-, el 58,2 % de la ciudadanía apoya que su asociación de fútbol abandone la FIFA por la polémica en torno a la celebración del certamen en Qatar y a las protestas vinculadas a los derechos humanos y el trato a trabajadores inmigrantes, según una encuesta difundida ayer por la agencia Ritzau. También desean que otras asociaciones europeas se sumen a la iniciativa y constituyan una nueva entidad mundial, paralela a la FIFA. La federación danesa fue una de las que pretendía que los capitanes de las selecciones pudiesen lucir el brazalete “One Love” en los partidos, algo que la FIFA no permitió bajo amenaza de sanción.

No obstante Europa, el Mundial fue un éxito de asistencia pese a ser un país de mínima población (entre 2,6 y 2,8 millones de habitantes). Disputada ya el 87,5% de la Copa, se registraron 2.868.668 espectadores, a una altísima media de 51.226 por cotejo, siendo que cinco de los ocho estadios tienen una capacidad máxima de 44.000 y 45.000 asientos. Sólo dos poseen aforo para 68.000 y 88.000. ¿Quiénes llenaron entonces los estadios…? Obviamente Argentina, como en todos los Mundiales, y casi a la par México y Brasil.

Pero la revelación ha sido el Asia, y muy especialmente el mundo árabe: Arabia Saudita, Túnez y Marruecos entran en el podio en este certamen. La más creativa, por sus cantos, la parcialidad argentina; la más ponderable por su fervor la marroquí; la más colorida y numerosa, la saudita. Está claro que, al llevar el torneo a Corea del Sur y Japón en 2002, a Sudáfrica en 2010 y aquí a Qatar este año, la pasión por el fútbol crece en esas regiones y aumenta su enorme base de popularidad. Y probablemente ocurra lo mismo en Canadá en 2026, donde el número uno es el hockey sobre hielo. Pero que se cuide el hockey… El mundo árabe, tan subvalorado históricamente, ha sentido un fuerte orgullo por verse capaz de montar semejante fiesta, y con la excelencia que lo ha hecho Qatar. Sin contar con que el pequeño emirato ha ganado un altísimo prestigio en la geografía árabe, compuesta por veintidós países.

Lo edificante es que, al concentrarse toda la actividad en la capital, Doha hospedó a los dos millones de visitantes en un radio pequeño, pese a lo cual no hubo roces. Cada cual a lo suyo. “Esto es realmente fantástico”, dice Jorge Arriola Müller, el aficionado peruano que tiene el récord de asistencia a Mundiales, con 14 copas. “Todo es perfecto, pero lo que más se disfruta es la tranquilidad, la amabilidad de la gente, y la comodidad de tener los ocho estadios a veinte minutos o media hora de metro. ¡Y gratis…! En Rusia gastábamos 1.200 dólares en un vuelo para ir a cada partido, y un taxi dentro de Moscú salía 80 dólares, acá toda la transportación es libre. Para el visitante que vino al Mundial es una maravilla”.

“Hoy de fiesta hasta el final, el mundo vino a gozar… Oh, oh, oh, oh… Con Ozuna hasta el Mundial Oh, oh, oh, oh…”

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