Por El País de España

Inna y Dasha Pavlush salen del infierno. Han pasado dos meses sin ver la luz del sol, refugiadas en los túneles y búnkeres de la planta metalúrgica Azovstal, para escapar de los constantes ataques de las fuerzas rusas contra la devastada ciudad de Mariupol. Madre e hija, pálidas y nerviosas, han logrado llegar este martes a la ciudad de Zaporiyia, a territorio controlado por las fuerzas ucranias. Viajaron a bordo de un convoy con un centenar de personas evacuadas desde la planta, el último reducto de resistencia en la ciudad del mar de Azov casi reducida a escombros y ya tomada por las tropas rusas. “Es una catástrofe, no sé qué va a pasar con la gente que todavía no ha logrado salir”, se lamenta Inna, de 43 años.