Frases de Halloween 2026: mensajes para enviar por WhatsApp e Instagram
Redacción EC
Donald Trump sabe que el 3 de noviembre no será un buen día para él. Sabe que los números no le son favorables –aunque diga todo lo contrario– y que los republicanos perderán el control de la Cámara de Representantes o del Senado, o quizá de ambos. Si las cifras de las encuestadoras se mantienen, las apuestas ya no se centran en la victoria del Partido Demócrata, sino si será un triunfo ajustado o contundente.
Las ‘midterm’, o elecciones de medio término, suelen castigar al partido que esté en la Casa Blanca. Si hay un mandatario demócrata, los republicanos se empoderan en el Congreso, y viceversa.
Pero el contexto de estos comicios es diferente. Aunque las legislativas funcionan como una suerte de referéndum para el presidente de turno, Trump ha puesto especial énfasis en ello. “Piensen que yo estoy en la cédula”, proclama en cada mitin al que va. Para su base fiel, es un aliciente. Pero para aquellos que vienen padeciendo en sus bolsillos este segundo mandato, es todo lo contrario.
Para los votantes está claro que el aumento del precio de los combustibles es una consecuencia de la guerra en Irán en la que Trump se metió –por “consejo” de Benjamin Netanyahu, el primer ministro israelí– y de la que no puede salir, con un estratégico Estrecho de Ormuz bloqueado pese a todas las presiones de Washington. El presidente republicano había prometido que Estados Unidos no se involucraría en conflictos ajenos, y fue lo primero que hizo desde que comenzó su segundo período. Se embarcó en una guerra comercial con todo el mundo con el fin de afectar a China, para terminar negociando con Xi Jinping y dando marcha atrás en la mayoría de sus aranceles.
Lo más reciente –y no tan sorprendente– ha sido levantar las sanciones a las exportaciones rusas, además de permitir la compra de diésel ruso con el objetivo de reducir los precios en Estados Unidos. Todo esto, supuestamente, en aras de los intereses nacionales. Pero esto se enmarca, además, en la nueva diplomacia estadounidense que se sigue alejando más de sus aliados tradicionales europeos, a los que ha dejado prácticamente toda la responsabilidad de la guerra en Ucrania, algo muy conveniente para Vladimir Putin.
Sin embargo, hay un dato interesante. Hace pocas semanas, “The New York Times” reveló que Putin habría planteado un acuerdo para poner fin a la guerra que incluiría un millonario acuerdo petrolero que beneficiaría a empresas del Golfo Pérsico vinculadas a los dos principales enviados de Trump en Rusia, su yerno Jared Kushner y Steve Witkoff. Así que el 3 de noviembre no solo está el Congreso en juego, sino muchos millones para la familia Trump.
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