“Preocupa que la pérdida de derechos básicos en numerosos países como Venezuela [en la imagen] y Siria esté aumentando la brecha global de libertades en años más recientes”.
“Preocupa que la pérdida de derechos básicos en numerosos países como Venezuela [en la imagen] y Siria esté aumentando la brecha global de libertades en años más recientes”.
Ian Vásquez

Instituto Cato

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El mundo sufre de una distribución desigual de libertad. El nuevo –que recoge 76 indicadores de libertades personales, civiles y económicas en 162 países– documenta esa disparidad.

En el reporte, mi coautor Fred McMahon del Fraser Institute y yo calculamos que solamente el 15% de la humanidad reside en el cuartil de países más libres del mundo, mientras que un 34% de la población mundial vive en el cuartil menos libre. Encontramos, además, que la brecha entre las naciones más y menos libres ha estado aumentando desde el 2008.

La falta de derechos básicos –como la libre expresión, la libertad de asociación o de intercambio económico voluntario– en buena parte del mundo nos debe preocupar no solo porque la libertad tiene valor propio, sino también porque juega un papel clave en el bienestar humano. El índice muestra, por ejemplo, que el ingreso per cápita anual en el cuartil de países más libres es de US$50.340, mientras que es de solo US$7.720 en el cuartil menos libre.

La libertad se relaciona de manera positiva con un sinnúmero de indicadores de bienestar. La democracia, la educación y el acceso al agua potable son ejemplos de esto. Según un estudio del politólogo Erik Gartzke, la libertad económica, mucho más que la democracia, contribuye de manera importante a la paz internacional.

No hay duda de que la libertad a escala global dio un salto notable desde el colapso del comunismo y la planificación central. Es por eso que durante esta era de globalización la brecha de ingresos entre los más pobres y los más ricos del mundo se ha estado reduciendo. Por la misma razón, preocupa que la pérdida de derechos básicos en numerosos países como y esté aumentando la brecha global de libertades en años más recientes. La región menos libre del mundo, por ejemplo, es Medio Oriente y África del Norte. Es también la región que más libertad ha perdido desde el 2008.

De las 12 categorías generales de libertad que medimos, todas, con excepción de cinco, han experimentado un deterioro a nivel global desde el 2008. La libertad de religión, el estado de derecho y las libertades vinculadas a las relaciones íntimas son las categorías con mayores caídas.

Basándose en datos del 2018 (el año más reciente para el que existen datos internacionales comparables), el índice reporta que las jurisdicciones más libres son Nueva Zelanda, Suiza, Hong Kong y Dinamarca (dada las graves violaciones de Pekín desde el 2018, esperamos una caída notable del territorio en reportes futuros). Los países menos libres son Yemen, Venezuela, Sudán y Siria.

Los países más libres de América Latina y el Caribe son Chile (que ocupa el puesto 30 en el índice), Uruguay (38), Panamá (40), Costa Rica (42), las Bahamas (45) y el Perú (48), que después del 2011 empezó a perder su nivel de libertad. Los menos libres son Bolivia (91), Haití (98), Nicaragua (106) y Venezuela (160). No medimos a Cuba debido a la falta de datos confiables.

Estados Unidos ocupa el lugar 17. Ya no es el baluarte de la libertad que muchos consideraban. En años recientes, EE.UU. estaba recuperando su nivel de libertad previamente perdida, pero en el 2018 empezó a caer otra vez y su descenso en libertad económica ha sido mayor que su caída en libertad personal.

La pérdida de libertad en los países más libres debe preocupar al mundo porque su libertad produce beneficios para toda la humanidad, tal y como se está mostrando en el caso de las vacunas contra el coronavirus que han sido desarrolladas en el mundo libre. Para achicar la brecha global de libertad, hace falta incrementar notablemente la libertad económica y personal de casi toda la humanidad.