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Truco o trato, por Patricia del Río

“Las opciones radicales prenden en una sociedad harta de una clase política corrupta”.

Patricia del Río Periodista

Giovanni Tazza

"El elenco no podría ser más terrorífico; sin embargo, el peruano parece estar actuando con más sensatez que la clase política." (Ilustración: Giovanni Tazza)

Un fantasma ronda las redes sociales y las conversaciones de coctelitos: “Antauro será nuestro próximo presidente”, “Vizcarra es un dictador”, “Se está cocinando un golpe”... Esta perorata, por supuesto, no viene sustentada por ninguna prueba. Se trata de paranoia pura, que responde al interés de meternos miedo para convencernos de que si Keiko va a la cárcel el mundo se acaba.

Y más allá de si la señora Fujimori merezca estar detenida o no, hay algo que falla profundamente en este razonamiento: las opciones radicales, que pueden ser de derecha y de izquierda, prenden en una sociedad harta de una clase política corrupta. Los Bolsonaros y los Maduros se ponen de moda cuando los ciudadanos se cansan de una democracia de escaparate donde los políticos rompen el trato de representación que habían hecho con los ciudadanos y se los cambian por infinitos trucos mafiosos para servirse del poder.

Y ese parece ser el sentimiento que hoy embarga a la mayoría de la población, pero esto no ocurre porque Keiko sea una víctima a la que hay que proteger para que nos salve de la debacle, como nos quieren hacer creer los vendedores de fantasmas. Esto ocurre, justamente, porque la señora K, que siempre quiso pasar por Blancanieves, hoy se revela como la malvada madrastra capaz de cualquier cosa para conseguir sus objetivos. Por supuesto forman parte de la comparsa Toledo y su habilidad para disfrazarse de vampiro y chuparle la sangre al Estado. Susana Villarán para dárselas de Caperucita mientras hacía tratos con el lobo. Humala y Nadine y su perfecta caracterización de Bonnie and Clyde. PPK en su versión más convincente del narrador de cuentazos y Alan García, quien nunca abandona su disfraz del intrigante y maloso Jabba the Hutt.

El elenco no podría ser más terrorífico; sin embargo, el peruano parece estar actuando con más sensatez que la clase política. Le ha dado su confianza a Martín Vizcarra que se ha apoderado con eficiencia del discurso de la lucha contra la corrupción y, más allá de las discrepancias que se pueda tener con él, está muy lejos de ser un dictador. Otro beneficiado con el voto popular ha sido el electo alcalde de Lima, Jorge Muñoz, un mesurado y amable caballero que le ganó a la opción matonesca de Daniel Urresti. En algunas regiones de nuestro país los votantes sí se han inclinado por apuestas bastante más radicales, pero no son ni remotamente la mayoría.

Entonces, para ir terminando este cuento de noche de brujas: ¿va a caernos la maldición antaurista por que se juzgue a Keiko o a cualquier otro político? La respuesta es no. Mientras la ciudadanía vea que las sanciones y la justicia funcionan en democracia, estaremos a salvo de los monstruos.

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