El 22 de noviembre del 2000, Valentín Paniagua recibió la banda presidencial de manos de Luz Salgado, vicepresidenta de la mesa directiva saliente. (Foto: Inés Menacho / Archivo El Comercio)
El 22 de noviembre del 2000, Valentín Paniagua recibió la banda presidencial de manos de Luz Salgado, vicepresidenta de la mesa directiva saliente. (Foto: Inés Menacho / Archivo El Comercio)
Fernando Vivas

Columnistas, cronista y redactor

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A se le menta mucho en estos días, buscando antecedentes para comprender lo que nos pasa. El último 16, fue elegido presidente del Congreso, y el 16 de noviembre del 2000, exactamente 20 años atrás, Paniagua pasó por lo mismo. Ambos fueron elegidos por el Congreso tras la caída de un régimen que no dejaba sucesor propio.nf

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Lo de ahora sucedió más rápido, en apenas una semana, que fue lo que tomó . En el 2000 tomó alrededor de 6 meses, entre el 9 de abril y el 22 de noviembre, ver a Fujimori casi ganar en primera vuelta con 49.87% de los votos una rereelección condenada por el mundo; asumir el mando el 28 de julio en medio de las protestas de los Cuatro Suyos; anunciar el 16 de setiembre, tras la difusión del video Kouri-Montesinos, que recortaba su mandato, destituía a Montesinos y convocaba elecciones para el 2001; recibir el 23 de octubre la renuncia de su primer vicepresidente Francisco Tudela; y huir del Perú el 12 noviembre con la coartada de una cumbre de APEC en Brunei.

Detengámonos ahí, porque en ese último tramo se empieza a cocinar la solución a la crisis por vía similar a la actual: se empuja la salida del gobierno y se fuerza el cambio de la mesa directiva del Congreso, para que su cabeza pase a ser presidente del Perú.

Caldos de gallina

Tras las elecciones candentes, en mayo del 2000, la OEA instaló una mesa de diálogo a la que acudían representantes de partidos e instituciones. Llevaban la voz cantante, entre otros, por el APRA, de la Fuente por Perú Posible, Lourdes Flores por el PPC, Henry Pease por UPP, Fernando Olivera por el FIM y Valentín Paniagua por Acción Popular.

Paniagua, el menos votado de la exigua bancada de AP (14,335 votos según consigna Javier Díaz Orihuela en “Paniagua: héroe de la democracia”, 2009), se ganó el respeto de sus colegas y eso fue fundamental para que, a la hora de elegir un presidente, pensaran en él.

Del Castillo y Solari coincidieron en decirme que sin la mesa de diálogo es probable que la solución no se hubiera dado de la misma manera y Paniagua no hubiese sido el elegido. En la mesa quedaban claras las posiciones; fuera de ella, se trazaba la estrategia.

Un hito fue censurar a la mesa encabezada por Martha Hildebrandt. Si bien el fujimorismo era mayoría y había crecido con los tránsfugas comprados por Montesinos (Alberto Kouri fue uno de ellos), en noviembre ya había más de una decena de fujimoristas que había desertado al oficialismo tras las revelaciones de la corrupción del régimen.

Hildebrandt cayó el 13 de noviembre y había que elegir a un sucesor en plazo perentorio. La inscripción de listas vencía el 16 muy temprano y la oposición aún no tenía un candidato elegido. Hubo rápidas conversaciones que no llegaron a un acuerdo.

En la noche del 15, se reunió el grupo opositor en el departamento de Henry Pease en el Malecón 28 de Julio en Miraflores. He conversado con algunos de los presentes (Del Castillo, Solari y el sociólogo que era asesor de la bancada AP-UPP). Los 3 recuerdan que no salió ‘humo blanco’, pero que el nombre de Paniagua fue propuesto por todos, menos por los de Perú Posible, que tenían la primera opción por ser la primera minoría opositora.

Adrianzén recuerda que Pease contó que Paniagua lo llamó para decirle que la presidencia le correspondía a un peruposibilista, pero Pease le replicó que debía ser él. También dijeron, Pease y los otros, que Carlos Ferrero, el más mentado de los de PP, ex congresista fujimorista que se había pasado al toledismo, despertaba resquemores en el FIM y en los disidentes del fujimorismo cuyos votos no estaban asegurados.

La reunión terminó sin definir al candidato. Adrianzén recuerda que le dijo a Del Castillo, saliendo de casa de Pease mientras clareaba el día, “¿y ahora qué vamos a hacer?”, pero luego se tranquilizó cuando, unas horas después, llegó al Congreso y vio que se había inscrito la lista con Paniagua a la cabeza. ¿Cómo así?

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Luis Solari tiene la respuesta. En su relato, la reunión no terminó en la indefinición total, sino en una suerte de ‘ustedes vean’, dirigido a él, secretario general de PP. Así lo entendió, y saliendo de casa de Pease, acompañado por su correligionario Eittel ramos, llamó a su colega Marciano Rengifo, y lo citó en un restaurante de caldo de gallina en la Avenida Aramburú. Allí conversaron sobre los pros y contras de que PP presidiera la transición.

Conscientes de que eran los favoritos a ganar en el 2001, los peruposibilistas pensaron, ante los caldos de gallina humeantes, que tomar el poder a través del Congreso podía verse como una suerte de revancha y ello sesgaría su campaña electoral. Y decidieron que ni Ferrero ni el propio Solari, que también era una carta desde que encabezó la lista que perdió ante Martha Hildebrandt, debían ser los propuestos. “Llamamos a Toledo a decirle que era mejor que fuera Paniagua”, me cuenta Solari. Toledo estuvo de acuerdo.

Fueros los de PP quienes inscribieron a Paniagua y sellaron su suerte y la de la transición. No se equivocaron al resolver su dilema. Paniagua les evitó los sesgos que hubieran podido alterar su triunfo en el 2001. Ferrero presidió el Congreso durante la transición y repitió esa función en parte del gobierno de Toledo.

Solari fue primer ministro del gobierno de PP y cuando postuló a presidir el Congreso, perdió ante la lista encabezada por Ántero Flores-Aráoz con apoyo del APRA y de una movida extraña en sus filas. Renunció al toledismo. Pero esa es otra historia.

Te paso al general

El jueves 16 de noviembre Paniagua enfrentó a la lista fujimorista de Perú 2000 encabezada por Ricardo Marcenaro. Su triunfo no estaba asegurado pues dependía de los votos de conciencia de los disidentes de la bancada oficialista; pero fue mayor de lo esperado, 64 contra 51 (Díaz Orihuela, 2009).

Como vimos más arriba, el primer vicepresidente de Fujimori, Francisco Tudela, había renunciado en octubre. Fujimori estaba fuera del país desde el 12 de noviembre, y había anunciado que prolongaba su gira, desde Brunei a Malasia y Japón. El anuncio de que el Congreso ya le tenía listo un sucesor y que su segundo vicepresidente, el empresario Flores (actual presidente de la Sociedad Nacional de Industrias) pendía de un hilo en Palacio de Gobierno, debe haber sido uno de los factores que precipitó su renuncia, hecha pública el domingo 19 de noviembre.

El sábado 18 había sospechas, confirmadas a la oposición por algunos fujimoristas, de que Fujimori renunciaría. Paniagua citó a los líderes opositores a un conciliábulo dominical en su estudio del Parque Cáceres (Avenida Cuba) en Jesús María. Aún no había renunciado Márquez, pero era fácil apostar a que lo haría pronto. En la reunión surgió la inquietud de cómo reaccionarían los militares, luego de haber tenido comandos tan cooptados por Montesinos, ante la inminente transición.

Jorge del Castillo, según recuerda Adrianzén, dijo que conocía al general, en ese momento jefe del comando conjunto de las Fuerzas Armadas y se ofreció a llamarlo. Le pedí a Del Castillo que me confirmara esta historia que parece anticipar, salvadas las distancias, las llamadas de Manuel Merino a varios militares antes de producirse el primer frustrado intento de vacancia a Vizcarra. No solo me la confirmó sino que me contó una historia previa sin la que no se entiende la llamada.

En el fragor de los Cuatro Suyos, hubo una escena en la que Del Castillo le da la mano a un policía caído en la Avenida Abancay y lo ayuda a levantarse. Las primeras imágenes que conocimos eran, sin embargo, fotos presentadas en el Congreso, por el flamante ministro del Interior, Walter Chacón, en las que Del Castillo parecía estar agrediendo al guardia.

Luego, apareció un video que mostraba la realidad y Chacón le pidió públicas disculpas a Del Castillo, admitiéndole que había sido víctima de un informe engañoso hecho por subalternos. Desde ese momento, establecieron una relación cordial que explica porqué lo llamó el domingo 19 de noviembre, le dijo que estaba al lado de Paniagua y le pasó el teléfono.

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Del Castillo no oyó la conversación porque Paniagua se apartó con su celular. Pero les puedo contar la versión del general Chacón. Lo contacté a través de su hija Cecilia, la ex congresista fujimorista, y Chacón me contó la llamada que nunca se hizo pública. Según su versión, Paniagua fue amigable y le habló de conocidos cusqueños en común (Paniagua nació en Cusco, Chacón pasó allí su infancia) y le pidió su ‘opinión’ —esa fue la expresión que usó— sobre lo que estaba sucediendo y la intención de suceder a Fujimori.

Chacón le dijo que las FFAA ‘no harían nada’ (en el sentido de intervenir en el proceso), y que respetarían la Constitución. El general me contó que también tuvo conversaciones con Carlos Boloña, Alejandro Aguinaga y Edgardo Mosqueira, que le pidieron su opinión sobre la permanencia de Ricardo Márquez y él les dijo que no lo veía viable.

Hubo mucha agitación en Palacio. Llame a Márquez y él me contó que muchos ministros lo apoyaban y le decían que siga. Cree recordar que también se lo dijo el Gral. Chacón. Había llegado a pensar en quedarse. “Llamé a mi amigo Roque Benavides para que sea primer ministro, pero vi que conforme pasaban las horas se deterioraba la situación del país”. Decidió renunciar. “Nadie me acompañó”, exclama irónico, al contarme que tuvo que anunciar, solo, su salida.

Tanto Adrianzén, que luego se convirtió en asesor del presidente, como Marco Janampa, su asistente y por muchos años quien cuidó el archivo de Paniagua; recuerdan que Paniagua les contó que Márquez lo había llamado pidiendo una reunión que no se llegó a dar. Le pregunté por ese detalle a Márquez y no recuerda haber llamado a Paniagua pero sí que le envió su renuncia con su edecán Vicente Rossell para que se la entregara personalmente en el Congreso.

Chacón me contó que conversó con su estado mayor (los comandantes de las tres armas) y también con la cabeza de la PNP, para emitir un comunicado llamando a la calma y planteando el respeto de las Fuerzas del Orden a la sucesión. Fue a la juramentación y recuerda que Paniagua lo agarró del brazo, le recordó la llamada y le agradeció su presencia. Días después, Chacón pasó a retiro. En el 2001 enfrentó un farragoso proceso que lo tuvo 36 meses preso sin que se le dicte sentencia. Ese caso prescribió y luego, por otro caso, recibió una condena menor, en libertad.

Márquez no salió magullado, prosiguió su carrera de empresario, vivió 10 años en Munich y volvió a lo suyo. El sucesor imposible de Fujimori, que renunció cuando vio que se derrumbaba la maquinaria en la que fue un invitado desprevenido y había que dar paso a la transición de Paniagua, me dice que “hay que aprender del pasado, lo de hoy ya lo vivimos” y me dice que en la SNI varios han simpatizado y acompañado las protestas de los jóvenes.

*Actualización del 27 de noviembre: Marcial Ayaipoma, ex congresista de Perú Posible y presidente del Congreso de julio del 2005 a julio del 2006, nos envió una carta contándonos que fue él y no su ex correligionario Eittel Ramos quien acompañó a Luis Solari en la histórica reunión, con final de caldo de gallina, en la que se selló la suerte de Valentín Paniagua y su gobierno de transición. Hablamos con Luis Solari y admite que pudo equivocarse al recordar a sus correligionarios.

Marcial Ayaipoma también saboreó un histórico caldo de gallina.
Marcial Ayaipoma también saboreó un histórico caldo de gallina.


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Corrección: Esta crónica fue actualizada con una aclaración de Marcial Ayaipoma.