La influencia china y japonesa -tanto en ingredientes como en preparaciones- fue crucial para enriquecer lo que es hoy cocina peruana. En la foto, puesto callejero en Las Malvinas, década del 90. (Foto: Archivo Histórico El Comercio)
La influencia china y japonesa -tanto en ingredientes como en preparaciones- fue crucial para enriquecer lo que es hoy cocina peruana. En la foto, puesto callejero en Las Malvinas, década del 90. (Foto: Archivo Histórico El Comercio)
Por Nora Sugobono

Cinco años atrás las calles de Lima añadieron un nuevo bocado a su habitual banquete diario: las arepas. En esquinas, parques y, por supuesto, establecimientos, miles de venezolanos comenzaron a vender como pan caliente las sabrosas tortitas fritas elaboradas con harina de maíz. Algunas se ofrecían según manda la tradición, y otras se fueron adaptando a los gustos del público local. Las arepas se quedaron, como se quedaron alguna vez manzanas acarameladas de feria, algodones de azúcar, canchitas, panes con pollo, salchipapas de madrugada, poderosos sietecolores, chanfainita y cachangas.