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Nueva Zelanda y la cultura peruana del “somos pobrecitos”

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El cuento es muy sencillo. Cuando quieras saber en qué nivel andan dos equipos de fútbol que se enfrentan entre sí, cualquiera que sean estos, no le hagas caso a la prensa, que suele exagerar para bien o para mal: Simplemente busca en internet, revisa las casas de apuestas y estas te dirán la verdad cruda. Hoy esas casas de apuestas nos dicen en promedio que Perú de visita ante Nueva Zelanda paga S/. 150 por cada cien soles que apuestes. Es decir, casi nada. Arriesgar tu plata para eso tiene tanto sentido como casarte con una mujer siria solo para conocer ‘La Mezquita de Damasco’. Alto riesgo, poco dividendo. En resumidas cuentas, lo que quiero expresar, con cierto temor al bullying cibernético, pero basándome en alguna medición técnica como la mencionada, es que la selección de Gareca en términos objetivos es superior a los neozelandeses. Y que si perdemos, debería ser, tal vez, por algún ataque de pánico colectivo en nuestra selección al ver el objetivo casi alcanzado. Ojo, lo digo acá, en ninguna otra parte. Porque lo políticamente correcto es afirmar en estos casos con fingida cara de pánico: “Será un duelo durísimo”.

Desmenucemos esto. A ver, si Polonia juega con Liechtenstein, los polacos afirmarán naturalmente sin prejuicios: “Somos superiores”, eso no es lo mismo que decir: “Ya le gané antes de jugar”. Lo primero es una objetiva evaluación ‘a priori’, lo segundo es un acto de soberbia manifiesta. Es exactamente lo mismo que pasa con Perú y Nueva Zelanda en la medición objetiva ‘mano a mano’. Somos mejores que ellos, lo que no quita que nos pueda ocurrir una desgracia: Perder y quedarnos con el molde hecho.

“Es que nada nos sobra”

Los peruanos en general estamos educados hace tiempo para sentir que no podemos, y que si podemos, es ‘pujando’, logrando el sueño con la punta de las uñas. Por eso, somos escépticos ante los Panamericanos en Lima, ante el Dakar en Perú, “vamos a hacer el ridículo”, decimos. ¿Tren subterráneo? “Pero si somos menesterosos, sobre superficie mejor, más barato, es lo que nos corresponde como tercermundistas”. Viene el Papa y dudamos si podremos organizar la ‘mega-misa’, es que no hay sitio. ¿Teleférico? ¿Para qué? Muy caro ¿Y si se cae? Con el terremoto que nos vaticinan, igual, decimos: “No estamos preparados” pero, ¿prepararnos? ni en broma: “Somos un país pobre, no nos sobra nada, recursos para prevención, menos”. Vivimos con lo puesto, es nuestra cultura, la del ‘pobrecito’, todo es difícil, ‘cuesta arriba’. Negativos ‘al mango’. Entonces, apocados en todo como nos gusta ser, en el fútbol ganar debe estar acompañado de los rezos y la humildad, así juguemos con Antigua y Barbuda. ¿Por qué en el deporte tendríamos que ser distintos al fin y al cabo? Por eso, vamos a la Libertadores y después de hacer el ridículo lamentamos: “Ah, es que no podemos competir con otros presupuestos, somos pobres”. Como verán, la coherencia es total en todos los planos.

Acá sentimos hace décadas un miedo terrible a decir que en el papel, algunas veces –pocas- somos favoritos, aunque nos duela y nos descomponga el sistema digestivo. Primero, porque supersticiosamente asumimos, con algo de razón, que a los peruanos eso nos trae mala suerte. Esa creencia de que somos ‘salados’ ya la llevamos en los genes, creo. Y segundo, porque durante 35 años nos metieron en la cabeza el ‘chip’ aquel del: “En fútbol, somos los peores, los peores, pero de verdad, sin joda, los peores del mundo”. Y todo por ser novenos o décimos en la tabla sudamericana. Oigan, si mandamos a dar una vueltita por Oceanía a los venezolanos -nuestros rivales directos y habituales en la pugna por el último escalón futbolístico del continente-, verían que allá, normalmente, deberían ganarle a todos (Vanuatú y Nueva Caledonia, los grandes adversarios de Nueva Zelanda incluidos). Y en Asia, a la mayoría, salvo quizá a Japón y Corea del Sur. Pero acá, subestimarnos públicamente ante cualquier contendor nos da un toque de seriedad a los analistas, nos hace más profundos. ‘Realistas’, que le dicen.

Vamos, la diferencia entre los países con quienes compite Nueva Zelanda para llegar a un repechaje, y con quiénes competimos los peruanos, es como analizar un partido entre el quinto de la Segunda División y el campeón del torneo Adecore. Eso no significa que el triunfo del primero sobre el segundo esté asegurado, simplemente es lo más probable. Porque en fútbol todo es posible, que Liechtenstein le gane a Polonia, también. Pero en el caso que nos compete hoy, recordemos que el nivel de Oceanía es tal (ya ustedes mismos saquen su cuenta) que no clasifica un solo representante al mundial de manera directa. El mejor de todos, juega con el quinto de Sudamérica para recién ver si va, lo que ya da una pauta de su realidad. ¿Que tienen jugadores en Europa?, seguramente. San Marino e Islas Feroe, también exportan jugadores, ¿qué creen? ¿Que en sus horas libres se dedican a la fabricación artesanal de lácteos? Nueva Zelanda ni siquiera tiene fútbol profesional, el único equipo que lo es, ¡juega en Australia!… es decir. Ah, pero tenemos que remarcar que el duelo con los neozelandeses es parejo, claro. ‘Somos peruanos, somos poquito’.

Igual, en cualquier entrevista que me tocase dar, ante cualquier micrófono que me pongan al frente, diré circunspecto y cariacontecido en las próximas semanas que Nueva Zelanda en el papel: “Es un rival durísimo”, por más que al hacerlo haya con justa razón gente que sienta que “le estoy viendo la cara”. Igual suena bien agrandar al rival de turno, da imagen de seriedad ante la opinión pública. “Uy, dijo que somos malos, este sabe, no vende humo”. Los que dicen lo contrario, que el adversario asoma abordable, para un medio futbolístico lleno de atavismos y complejos, “son ligeros, no hay análisis”.

Y es que en la comunicación social, la más grande falacia formativa es aquella que señala que “el comunicador debe decir siempre lo que piensa”. Mejor prevenir, me haré el distraído, porque sino no faltan los que te escriben y te increpan: “Oye, cómo vas a decir que se ve fácil Nueva Zelanda, si somos Perú, no nos sobra nada, ellos tienen futbolistas afuera, son grandazos… tienen juego aéreo, jugaron la Copa Confederaciones (claro, uno de Oceanía tiene obligado que ir siempre para completar la idea del torneo). Hay que pisar tierra, amigo, perfil bajo, humildad”. Y eso en buenos términos, si es que los críticos ocasionales son tus amigos. Porque si no lo son, te acribillan.

Soy respetuoso de los códigos periodísticos, así que por más que las casas de apuestas terminaran en los próximos días solo devolviendo la plata por cada sol apostado, yo diré fingiendo comerme las uñas: “Nueva Zelanda es el peor equipo que nos pudo tocar”.

Tómenlo como mejor les convenga…

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