Ritmo, color y sabor
Al recordar surgen algunas preguntas: ¿A qué suena y qué ritmo tiene el lugar de nuestros amores? El mío suena a huayno y marinera, a negroide y vals criollo, a polka y cóndor pasa, a cajón y quijada de burro, a quena, charango, zampoña, sicu, violín y guitarra. Suena también -y se mueve- al ritmo de los Danzantes de Tijeras y Shacshas, a Eva Ayllón y Gianmarco, a Pedro Suárez Vértiz y Arturo “Zambo” Cavero (Q.E.P.D), a Juan Diego Flores y Uchpa, a Mar de Copas, la Liga del Sueño, Líbido… Tantos sonidos.

¿Y qué color tiene? ¡Todos los colores! El verde de la selva -de Machu Picchu-; el azul del Pacífico y del cielo; el blanco de Arequipa en su arquitectura y en los nevados de Huaraz; el acre, marrón, verde, negro y gris de sus montes; el beige del desierto de Nazca y las arenas del mar. ¡Los colores del arco iris pintados en la bandera del Imperio Inca! El rojo, amarillo, fuccia, celeste, naranja y todos los colores de sus trajes típicos, de sus plazas, sus calles, sus aves… Tantos colores.
¿Y a qué sabe? Tiene varios sabores. Picante y salado como el cebiche y la papa a la huancaína. Sabe a chicharrón de cerdo y picante de cuy. A cebiche de pato y rocoto relleno, a tiradito y seco de cordero, a anticucho y salchipapas. A caldo de gallina, ají de gallina y arroz a la cubana (con su plátano frito), a palta y tamales, a ocopa y pollo a la brasa. También tenemos sabores agridulces. El Perú también sabe a humitas y chifa (bien taipá). Pero también es refrescante y dulce como la Inca Kola, el pisco sour, la limonada, la chicha morada y por supuesto la cerveza Cuzqueña. El Perú es tan dulce como el suspiro limeño, la mazamorra morada, la quinua y kiwicha, la raspadilla con jarabe de maracuyá y la cremolada de piña… Tantos sabores.
He sentido nostalgia.
Hace unos meses estuve por ahí y antes de eso hace un par de años, y antes de eso… media vida. He oído que algunas personas se declaran y sienten ciudadanos(as) del mundo. Me gusta como suena y lo que significa, pero debo decir que en mi caso hay un lugar que tira de mí, me ata, me atrae, me enamora, me extraña (¡seguro que sí!), más no me limita. He conocido y conozco gente maravillosa, gente de muchos lugares y de ninguno, gente que reniega y gente que se sabe orgullosa, digna y merecedora de pertenecer a un lugar, sentirse “parte de”, que añora, que llora y ríe si recuerda. Quizás esa gente se reencuentre pronto con aquel lugar que UN día lo vio nacer.
Urpi Gibbons
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