Un imán llamado Perú
Soy más peruano que la papa y vivo en Chile. Hoy tengo 26 años. Nos mudamos a Chile en diciembre de 1992, como lo hicieron tantos otros. ¿La razón? huíamos del terrorismo que azotaba al país. Aún me acuerdo del bombazo en Tarata. Fue un 16 de julio, me acuerdo muy bien, era el día de mi cumpleaños Bueno, mi experiencia en Chile no ha sido mala, pero a pesar de que prácticamente crecí acá nunca me olvide del Perú.
Lo primero que hago cuando voy a Lima es ir a comer. Cuando un peruano vuelve al Perú come, antes de ver a su familia siquiera. Es que es un hecho, nuestra comida es de lejos la mejor del mundo.
No hay nada más lindo que cuando uno aterriza en el Aeropuerto Jorge Chavez y por el parlante del avión se escucha: “Bienvenidos a Lima, capital del Perú”. En ese momento uno llora de emoción. Es increíble cómo se extraña el Perú. Cuando me toca volver a Santiago y voy saliendo de Lima es inevitable llorar también, porque uno no sabe cuándo volverá a su patria, el lugar que vio a uno nacer, donde nacieron nuestros padres y abuelos.
No hay nada más rico que estar en Lima y sentir ese acento que se fue perdiendo con los años, que te digan: “vamos a tomarnos unas chelitas bien helenas, broder”, o tomar el auténtico pisco sour. Me enorgullese ver cómo todos los peruanos estamos orgullosos de nuestra cultura y lo mostramos todos los días del año, escuchando un valcesito peruano, un huayno o incluso una cumbia norteña.
Nada como comerte un Sublime o tomarte un vaso de Inka Kola. Yo también me llamo Perú y nadie en el mundo me va a hacer negarlo o esconderlo, porque todos los peruanos, estemos fuera o dentro de la tierra de los Incas, valemos un Perú.
Viva el Perú Carajo!
León López Diez Canseco, Chile
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