Gente del sur de Cajamarca
Un viaje, a través de su gente, por las cinco provincias del Sur de Cajamarca colindantes con el departamento de La Libertad.Antero. El cowboy de Jocos.

Durante un buen rato le estuve tomando fotos mientras le hacía preguntas sobre Jocos, una hermosa localidad ubicada en las alturas cálidas de Cajabamba. Sin soltar su palana y con su enorme sombrero ocultando su mirada me respondía serio, diciéndome, de vez en cuando, que tuviese cuidado por dónde caminaba, que estaba en la chacra y había plantas cultivadas. A medida que pasaba el tiempo, y siempre bajo su sombrero blanco, empezó a asomar una amplia sonrisa que creo que quería disimular para hacerse el duro como un cowboy del Lejano Oeste, pero que no podía hacerlo. Le conté que su nieta vive en mi casa de Lima y me dio la mano agradecido. Los dos terminamos riendo, él debajo de su sombrero y yo detrás de mi cámara. Me habló de la hacienda Jocos, una enorme extensión donde se criaban miles de cabezas de ganado, caballos de paso y donde se hacía la mejor mantequilla del Perú. Hoy, después de muchos años trágicos, no queda nada. Pero sí queda, queda la belleza del lugar, obligatorio de visitar para cualquier que llegue a Cajabamba, y queda la sonrisa y el orgullo del viejo Antero.
Gumersinda. ‘No somos pobres, pobre es el diablo’.

Sayamud tiene nombre de aventurero árabe. Pero es un caserío que está a unos 10 kilómetros de San Martín de Pallaques. Su plaza es de pasto y es muy grande para el tamaño del lugar. En cada esquina tiene un arco, uno de ellos da a un precipicio, que cuando llegué, estaba nublado y entre la niebla asomaban árboles oscuros. Fui a Sayamud porque estaba buscando tejedoras y artesanos de los famosos sombreros cajamarquinos. Me recomendaron visitar a Gumersinda en su casa. Cuando entré estaba tejiendo una larga manta de colores. Me recibió con sonrisas y coqueteos mientras su madre y su hijo caminaban en torno a ella. Me mostró alforjas, frazadas, pasadizos… muchos de ellos bordados con frases como ‘amor mío’ o ‘te quiero siempre’. Casi todo lo que produce lo envía a Lima. Gumersinda es una extraordinaria tejedora y creo que parte de su éxito es porque siempre sonríe.
Americio. El alcalde más antiguo del Perú.
Me encontré con Americio mientras subía una empinada cuesta que venía de la quebrada y se dirigía a su pueblo, Santa Cruz de Toledo. Subía rápido y animado. Americio tiene 83 años y no los aparenta. Me cuenta que antes había mejor salud, se comía natural y no como ahora que todo tiene conservantes y aditivos. Americio tiene un récord nacional reconocido por el Congreso: es el alcalde que más años ha estado en el cargo ininterrumpidamente, 28 años y sin cobrar un sol. Siempre ponía su cargo a disposición de los toledanos, pero siempre le respondían que no, ‘que siga usted que lo está haciendo muy bien’. Orgulloso me mostró una invitación llegada de España en la que se convocaba a todos los 17 alcaldes del mundo cuya localidad se llamaba Toledo. Organizó sus maletas para ir a Europa pero justo ocurrió el golpe de estado de Velasco y tuvo que quedarse en este minúsculo pueblo ubicado a 15 kilómetros de Contumazá a seguir cumpliendo su labor de alcalde.
Rosa. La escultora de piedra y ceramista manga.
Entre Cajabamba e Ichocán, en la provincia de San Marcos, hay una localidad que se llama Chancay. Había escuchado de una familia de ceramistas y quería visitarlos. Entré en una casa-taller de altísimos techos donde se encontraban cuatro personas en silencio trabajando con barro. Sonaba una linda música japonesa que venía del tejado. Me sentí cómodamente sorprendido. Al toque me recibieron como a un viejo amigo, el padre, su hijo, su yerno y Rosa, la artista del barro y de la piedra que, como Gumersinda, sonría dulcemente. Le pregunté por qué escuchaba esa música y me dijo que estaba haciendo una serie manga en cerámica y la música le ayudaba a entrar en el universo japonés. Cuando me fui, me regaló un pequeño corazón dorado que ahora lo lleva puesto mi hija Nua.

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