Las “casacas solidarias” con las que Hoseg abriga a los niños peruanos son de color rojo, inspiradas en la cochinilla, que ofrece esa pigmentación a sus ponchos y chullos. (Foto: Paul Vallejos/Archivo)
Las “casacas solidarias” con las que Hoseg abriga a los niños peruanos son de color rojo, inspiradas en la cochinilla, que ofrece esa pigmentación a sus ponchos y chullos. (Foto: Paul Vallejos/Archivo)
Israel Lozano Girón

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¿Puede concebirse con el objetivo de generar un cambio en la sociedad? Esta idea, que acompañó desde muy joven a Juan Carlos Sznak, encontró su propósito durante su paso por una comunidad de la cordillera del Urubamba en el Cusco hace seis años.

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“Le pregunté a una niña si tenía frío. Me dijo que entre las 5 de la tarde y las 7 de la mañana todo el año es invierno”, comenta.

El objetivo estaba definido: mejorar la calidad de vida de los niños. Más tarde, llegaría la forma de hacerlo. “En un libro que me regaló mi esposa descubrí el modelo ‘compra uno, dona uno’. Me pareció ideal”, explica.

Con todo ello, Juan Carlos y sus hermanos fundaron , una empresa que por cada casaca vendida abriga a un niño en situación de vulnerabilidad en los Andes peruanos. Hoseg también hizo que las casacas que se comercializan estén hechas con material reciclado y que su confección esté en manos de los internos del penal 2 de Ancón. “De este modo, toda la cadena fomenta el consumo responsable”, señala.

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Un cambio en la salud

En un país donde el sistema de salud está basado en la atención de la enfermedad, Abraham Abramovitz busca convertirlo en uno de prevención. Doktuz, la compañía que fundó, ofrece a las empresas el servicio de examen médico ocupacional y brinda un acompañamiento continuo para adelantarse a los diagnósticos.

“Queremos cambiar la experiencia del paciente. Esperar meses para conseguir un médico en los hospitales para que en 15 minutos te suelte un diagnóstico y sin mirarte a la cara, eso había que cambiar”, explica.

En sus sedes en San Miguel y San Juan de Lurigancho, Doktuz también busca implementar prácticas sostenibles como huertas con plantas y dispensadores de agua. “Queremos ir más allá que solamente atender pacientes o exámenes médicos”, agrega.

La empresa del sector apuesta por la prevención. (Foto: Jessica Vicente)
La empresa del sector apuesta por la prevención. (Foto: Jessica Vicente)
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La experiencia de Natura

“Más belleza, menos residuos” es una de las causas movilizadoras de Natura, empresa reconocida en el mundo por su labor de impacto. Es así que cuenta con envases ecoeficientes y repuestos para sus productos. Del mismo modo, mediante la venta de la línea no cosmética Creer para Ver, financia programas educativos que a la fecha han beneficiado a más de 49 mil estudiantes en 21 regiones del Perú. “No pensamos en ser la mejor empresa del mundo; queremos ser mejores para el mundo”, comenta Eduardo Eiger, gerente general de la marca.

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Una ley aprobada

Estas tres compañías consiguieron , que las reconoce en el mercado como empresas de impacto. Sin embargo, la reciente aprobación de una ley les daría una oportunidad valiosa a estas y otras firmas. “Las empresas de beneficio de interés colectivo existen desde hace mucho tiempo. Probablemente tienen buenas relaciones con la comunidad, pero normalmente se sienten como extraños en las comunidades. Tenemos que hacer que se sientan parte de un sistema más grande y por eso es importante esta ley, porque es el primer paso”, comenta Jorge Calliaux, presidente del consejo directivo de Sistema B Perú.

La Ley de la Sociedad de Beneficio e Interés Colectivo (BIC), aprobada por el Congreso la última semana, permitirá que sean reconocidas desde su constitución como empresas con fines sociales.

“Una vez promulgada y reglamentada por el Ejecutivo, la ley BIC permitirá a las empresas con propósito tener una identidad propia y proteger jurídicamente el propósito social y ambiental elegido en el largo plazo. Asimismo, dinamizará el diseño de políticas públicas y acciones propias de mercado que incentivarán a emprendedores y empresarios en optar por modelos de negocios sostenibles”, señala Juan Diego Mujica, Coordinador del proyecto de investigación “Creación de una hoja de ruta en materia de políticas públicas para empresas con propósito” financiado por la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

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Las frases

Juan Carlos Sznak - Gerente general de Hoseg. (Foto: Nancy Chappell)
Juan Carlos Sznak - Gerente general de Hoseg. (Foto: Nancy Chappell)

“Sí se puede redefinir la economía. No solo hablar de la utilidad monetaria, sino de aquella que les toca al planeta y las personas. En las empresas tradicionales, los aportes solidarios son concebidos desde la filantropía: tengo utilidad y con ello voy a ayudar. Nosotros nacemos con ese interés. Si Hoseg vende 10 millones de casacas, 10 millones de niños estarán abrigados”


Juan Carlos Sznak - Gerente general de Hoseg

Abraham Abramovitz - gerente general de Doktuz. (Foto: Jessica Vicente)
Abraham Abramovitz - gerente general de Doktuz. (Foto: Jessica Vicente)

“Las empresas de impacto lo son porque esa es su naturaleza y no porque sea una estrategia de márketing. Ese es el tipo de economía a la que tenemos que apuntar como país. Una que sea más sostenible, que beneficia a todos, a las comunidades y que tenga impacto social, ambiental y económico”.


Abraham Abramovitz - gerente general de Doktuz

Eduardo Eiger - Gerente general de Natura.
Eduardo Eiger - Gerente general de Natura.

“Es esencial que todas las empresas conecten su propósito con el propósito del mundo. Cada vez son más pequeñas, medianas y grandes empresas que identifican su rol, su potencial transformador y se están sumando a reestructurar los principales ángulos de su cadena de valor: qué produzco, cómo lo produzco, qué impacto positivo genera, entre otros”.


Eduardo Eiger - Gerente general de Natura

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