El chef junto a su esposa, la chef de Kjolle Pía León, y el hijo de ambos, Cristóbal. Entre la escuela virtual, los juegos en el huerto y la cocina del día a día, la familia afianza lazos y momentos juntos. (Foto: Anthony Niño de Guzman \ GEC)
El chef junto a su esposa, la chef de Kjolle Pía León, y el hijo de ambos, Cristóbal. Entre la escuela virtual, los juegos en el huerto y la cocina del día a día, la familia afianza lazos y momentos juntos. (Foto: Anthony Niño de Guzman \ GEC) / Anthony Niño de Guzman
Catherine Contreras

Para alguien que ha tenido más de una década de trabajo continuo, detener todo en seco es terriblemente raro y nada fácil. La pandemia del coronavirus obligó a Virgilio Martínez a poner pausa: el 16 de marzo su restaurante Central y Kjolle (que lidera su esposa Pía León) cerraron al público; MIL, en Cusco, dejó de atender un día después. De no haber sucedido, el chef del restaurante peruano mejor rankeado en el mundo estaría hoy en el Valle Sagrado, junto a las comunidades de Kaccllarakay y Mullak’as Misminay, porque está por iniciarse la cosecha en Moray. Habría celebrado junto con su equipo del bar Mayo la designación (hace una semana) como uno de los 10 mejores bares de Latinoamérica y Caribe (junto con otro peruano: Carnaval) en los Tales of the Cocktail Foundation Spirited Awards. Y estaría con sus chicos en la cocina, creando, innovando.