Bruno Zeppilli: dibujos entre el erotismo y la soledad - 2
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Bruno Zeppilli: dibujos entre el erotismo y la soledad - 2
Por Juan Carlos Fangacio

Inaugurar una muestra de dibujos eróticos un 14 de febrero, Día de San Valentín, puede parecer una estrategia muy bien calculada. Pero no es el caso de Bruno Zeppilli. Y tiene sus razones.

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Cuando le dieron la fecha tentativa, quiso cambiarla. “Lo primero que pensé es que no vendría nadie”, admite el artista. Pero luego se dio cuenta de que la fecha coincidía con el aniversario de bodas de sus padres, ambos fallecidos. Por si fuera poco, una amiga lo llamó para contarle una anécdota que lo sorprendió: “He soñado que tus padres se alistaban para ir a la inauguración”, le dijo. Lo tomó como una señal para no reprogramar la fecha.

Segundo: los dibujos de Zeppilli aparentan algo que no son. O por lo menos esconden aquello que sí son. Lejos de querer celebrar un tentativo Día del Amor, son una mirada introspectiva a la soledad, a la falta de afecto. En un texto preparado para la muestra, el escritor Guillermo Niño de Guzmán identifica bien ese rasgo: “Hay una carga erótica implícita en los dibujos y, sin embargo, habrá que reconocer que el artista no pretende explotar el goce de la sexualidad. Más bien, diríamos que prevalece un sentimiento tanático en lugar de una exaltación del erotismo”. 

El tenor cantó junto a su esposa por el Día de — Luces El Comercio (@Luces_ECpe)

TODO ES APARIENCIA
Las figuras esbozadas en los cerca de 50 dibujos de la exposición lucen desesperadas, son versiones humanas caóticas o meras imitaciones de la humanidad: por eso se repiten hombres abrazados a maniquíes o seres escudados tras máscaras. Todas son representaciones de un falso deseo, de una carga sexual que se queda en el camino.

En su casa-taller (un dúplex ubicado en San Isidro), Zeppilli utiliza modelos y muñecos para realizar estos dibujos hechos con lápiz acuarelable y sobre papel, cartón o cartulina. En esta colección en particular, el color está prácticamente ausente: es el blanco y negro el que captura la velocidad y la desprolijidad de sus trazos.

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TRAZOS Y PULSIONES
Pese a que algunos dibujos pueden parecer una etapa intermedia, un boceto o una transición hacia otro trabajo más completo, en realidad se trata de obras en sí mismas. Todas completas, cerradas e independientes, con un sentido propio que no es el paso hacia ninguna instancia más.

“Aunque toda mi vida he hecho dibujo y pintura, siempre he sentido que son dos mundos distintos”, explica el artista, quien dio sus primeros pasos en el mundo del arte como alumno de Cristina Gálvez, cuando tenía solo 17 años. “Es cierto que hay vasos comunicantes, pero la pintura me toma mucho más tiempo. El dibujo, en cambio, es directo, rápido, no acepta una corrección. Si no sale, se rompe. Y de cada 20 que hago, solo uno queda; los otros 19 van a la basura”, confiesa. Y agrega: “Es como un lomo saltado, que si no sale bien, no tiene remedio”.

Con esa metáfora culinaria es que Zeppilli parece haber estado preparando estos dibujos. Los más antiguos son del 2015; los últimos, de hace una semana o diez días, calcula. El artista no recuerda cuándo dejó de visitarlo el modelo y tuvo que parar de dibujar. Después de todo, no es tan malo quedarse solo.

MÁS INFORMACIÓN:

Lugar: Icpna.

Dirección: Av. Angamos Oeste 120, Miraflores.

Fecha: hasta el 12 de marzo.

Ingreso: libre.

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