Hassan Sheikh Mohamud, expresidente somalí y candidato a las elecciones presidenciales de 2022, durante la primera ronda de votación en Mogadishu, Somalia.
Hassan Sheikh Mohamud, expresidente somalí y candidato a las elecciones presidenciales de 2022, durante la primera ronda de votación en Mogadishu, Somalia. / REUTERS/Feisal Omar
Agencia EFE

El expresidente Hassan Sheikh Mohamud se proclamó este domingo vencedor de las esperadas elecciones de tras derrotar al actual jefe de Estado, Mohammed Abdullahi Mohammed Farmaajo, y liderará de nuevo este país del Cuerno de África asolado por grandes problemas como el yihadismo o las sequías.

La Presidencia se decidió en tres largas rondas de votación, celebradas por sufragio indirecto (emitido por los legisladores somalíes), que acabaron con Farmaajo y Mohamud disputándose la victoria final hasta alrededor de la medianoche local.

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La elección se decidió finalmente a favor de este último, al anotarse 214 votos frente a los 110 de su rival.

Previamente, Farmaajo y Mohamud habían dejado atrás en la segunda ronda a otros dos candidatos, Said Abdullahi Deni, presidente de la región semiautónoma de Puntlandia, y al ex primer ministro Hassan Ali Khaire (2017-2020).

A su vez, esos cuatro aspirantes habían pasado horas antes un primer corte que les clasificó entre casi cuatro decenas de candidatos.

Tras el anuncio de los resultados finales, realizado por el presidente del Parlamento somalí, Adan Mohamed Nuur Madobe, Mohamud juró el cargo para evitar vacíos de poder tras unas elecciones que venían postergándose desde 2021.

El nuevo jefe de Estado, en su primer discurso, agradeció a los legisladores su apoyo y aseguró que va a trabajar para la “reconciliación de Somaliay que no habrá “venganza” por las “heridas de los pasados años”.

Farmaajo, por su parte, aceptó de inmediato la derrota y felicitó a su “hermano Hassan Sheikh Mohamud” y le dio la bienvenida al cargo.

Mohamud, de 66 años y líder del partido Unión por la Paz y el Desarrollo, se convierte así en el primer expresidente en ser reelegido para liderar Somalia en la historia de este país del Cuerno de África.

La elección se desarrolló en forma de sesión conjunta de las dos cámaras del Parlamento de Somalia, reunidas en un hangar fuertemente custodiado del aeropuerto internacional de Mogadiscio ante la amenaza de posibles atentados.

El dispositivo de seguridad del aeropuerto estaba a cargo de la Misión de Transición de la Unión Africana en Somalia (ATMIS, en sus siglas en inglés) y, además, en Mogadiscio se había decretado un toque de queda desde la noche del sábado.

Aunque la votación progresó sin sobresaltos, durante la tarde, se registró un ataque con fuego de mortero en las inmediaciones del aeropuerto que, según informaron a Efe fuentes de las fuerzas de seguridad del recinto, no dejó víctimas.

Farmaajo, quien llegó al poder en 2017 y cuyo mandato estaba caducado desde 2021, había incumplido su promesa de organizar los primeros comicios con sufragio universal en el país desde 1969, por lo que este domingo se repitió la fórmula de un sistema de voto indirecto basado en los clanes, del que emana el Parlamento que designa al jefe del Estado.

La votación se había pospuesto varias veces desde el año pasado por disputas políticas, discrepancias entre clanes y acusaciones de irregularidades.

Este estancamiento generó la indignación de los socios internacionales de Somalia, que exigieron en repetidas ocasiones que el país cumpla sus calendarios electorales.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) amenazó, de hecho, con retirar su apoyo al país si no se celebraban los comicios presidenciales antes del 17 de mayo.

Somalia vive una situación de conflicto y caos desde el derrocamiento en 1991 del dictador Mohamed Siad Barre, que dejó al país sin Gobierno efectivo y en manos de señores de la guerra y milicias islamistas, lo que ha llevado a los expertos a considerarlo un Estado fallido.

El aplazamiento de las elecciones supuso una distracción de los graves problemas que atraviesa el país, como la lucha contra el grupo yihadista Al Shabab, que quiere instaurar un Estado islámico de corte wahabí (ultraconservador) en Somalia y rechazaba los comicios.

Además de cometer frecuentes atentados en la capital somalí, Al Shabab -que se adhirió a la red Al Qaeda en 2012- controla áreas rurales del centro y el sur del país.

En adición a los retos políticos y de seguridad, el nuevo presidente de Somalia también tendrá que lidiar con la peor sequía en el país desde hace cuarenta años.

Unos 7,7 millones de somalíes -de una población total de unos 17 millones- padecen inseguridad alimentaria por la sequía, según advirtió este viernes la Autoridad Intergubernamental sobre el Desarrollo (IGAD), bloque de ocho países de África oriental.

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