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Poco a poco, volvemos a nuestra normalidad, por Carlos Basombrío

“La desazón y descontento ciudadano con la política –y en general con el Estado y sus instituciones– sigue intacto, si es que no peor”.

Carlos Basombrío Iglesias Analista político y especialista en temas de seguridad

Giovanni Tazza

“El presidente Vizcarra es ajeno a todas estas situaciones, pero ya hay muchos que le reclaman un liderazgo más firme en el tema tomando en cuenta que él no es solo jefe de Gobierno, sino de Estado”. (Ilustración: Giovanni Tazza)

Los hechos de las últimas semanas muestran que la crisis política peruana de fondo sigue intocada. Cuatro factores indican que la desazón y descontento ciudadano con la política –y en general con el Estado y sus instituciones– sigue intacto, si es que no peor.

1. Muy baja aprobación de todos. El presidente Martín Vizcarra es el único que mantiene un saldo positivo, pero pierde aprobación. En GFK muestra un interesante 47%, pero su desaprobación sube de 23% a 34%. Por su parte, el primer ministro César Villanueva, que ya había empezado volando bajo, está ahora en 24% y su Gabinete en 20%. Lo perdido no trasvasa hacia la oposición. El Congreso como institución está en 16%. Keiko tiene 21% precedida de políticos que, con gran sentido de la oportunidad, se dan cuenta de que, por ahora, no haciendo nada les va mejor.

2. Empieza la época de conflictos sociales. No es novedad que luego del verano en la costa y el fin de las lluvias en la sierra y selva, los conflictos sociales tienden a acentuarse. Ya el Suter Cusco, protagonista principal de la huelga de maestros del año pasado, ha anunciado que la reiniciará el 15 de junio, y el 18 lo haría el Sutep (del ultrarradical Pedro Castillo). Hay también protestas que crecen en varias regiones por las consecuencias del aumento del Impuesto Selectivo al Consumo a los combustibles. Villanueva, en cuanta oportunidad ha habido, ha respondido que en este gobierno toda situación será respondida con el diálogo. Por cierto, no es ninguna novedad, ya que con Pedro Pablo Kuczynski, Ollanta Humala y Alan García (por no ir más lejos) el diálogo ha sido el tenor de la respuesta del Estado. Y está bien, pero cuando este no llega a buen puerto, y pese a todos los esfuerzos la violencia se desborda, los gobiernos tienen que gobernar. Ello implica tomar decisiones a veces duras y difíciles. En este caso, el ministro de Economía, David Tuesta, ya ha dicho que necesita los S/8 millones diarios que genera ese incremento.

3. La falta de convicción frente a la corrupción. Como es visible, le ha tocado en esta etapa al Congreso dar los peores ejemplos. Empezando por la negativa a que la contraloría tenga autonomía en la supervisión del Congreso. Súmesele insólitos “blindajes” en la Comisión de Ética a congresistas con faltas muy graves; desagradables y peligrosas cercanías de alguno con el narcotráfico y de otra con el MRTA; otros que, pese a que los jueces los piden por estar sentenciados, ahí siguen. Lo más grave: la negativa de la mayoría a aprobar la supervisión de las cooperativas por la SBS, lo que no ayuda para nada en crear la imagen de un país que quiere luchar en serio contra el lavado de activos. Mucho menos importantes, pero mucho más dañinos por lo difundidos que terminan siendo entre las personas a las que no les interesa en absoluto las discusiones políticas de fondo (o sea, la gran mayoría), están los famosos televisores y frigobares (…¡y las flores!). El presidente Vizcarra es ajeno a todas estas situaciones, pero ya hay muchos que le reclaman un liderazgo más firme en el tema tomando en cuenta que él no es solo jefe de Gobierno, sino de Estado.

4. Más de lo mismo para octubre. Para ratificar que las elecciones peruanas no han cambiado un ápice, basta decir que en las de Lima competirán no menos de 20 candidatos, varios de ellos de grupos políticos que, al menos yo, no recordaba que existieran. Y eso se va a replicar a nivel distrital. Fuera de la capital, además de los partidos políticos, hay 146 movimientos regionales inscritos, y los provinciales y distritales que llegaron a tiempo también pueden participar. Si en Lima solo hay dos niveles, en el resto del país hay también uno regional, por lo cual el follaje es incluso más denso e imposible de aprehender. Mas allá de personas valiosas, que siempre hay, la población tiene sobradas razones para sospechar de las motivaciones para tanto “servicio a la patria”.

Coda: El programa de recompensas fue una buena idea lanzada por el gobierno de Humala. Estuvo pensado para la élite del delito, siendo así que cuando llegamos al Ministerio del Interior en el 2016 eran aproximadamente dos docenas (Los Más Buscados). Nosotros optamos por convertirlo en un programa masivo (Que Ellos se Cuiden).

Al irnos habíamos logrado incrementarlo a 2.471 (1.000 veces el número inicial). El concepto era subir un número importante cada mes y restar aquellos cuya requisitoria había vencido. La meta era llegar a 5.000, a diciembre del 2018; algo factible, dado que cada mes se incorporaban en mayor número. Pues a la fecha hay 2.475. Es decir, un aumento neto de cuatro en cinco meses del 2018, por lo que el promedio mensual ha bajado de 145 a 0,8.

¿Para qué matar un programa que estaba funcionando bien al servicio de la sociedad?

*El autor fue ministro del Interior durante el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski.

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